domingo, 22 de mayo de 2011

Maria Clara del niño Jesús será beatificada mañana


Cofundadora de las Hermanas Hospitalarias del la Inmaculada Concepción


LISBOA, viernes 20 de mayo de 2010 (ZENIT.org)

“Esta es realmente mi gente”, decía la hermana María Clara del niño Jesús (1843 – 1899) cuando se refería a los más pobres.

Mañana sábado será beatificada en una ceremonia presidida por el cardenal patriarca de Lisboa, José da Cruz Policarpo y concelebrará el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos en representación del Papa Benedicto XVI.

Su padre espiritual, el sacerdote Raimundo dos Anjos Beirão al ver el sufrimiento de los jóvenes y desamparados en el centro “Nuestra Señora de la Rosa”, en Lisboa, donde él era el capellán, decidió fundar la congregación de las Hermanas Hospitalarias del la Inmaculada Concepción encontró así una gran sintonía con Libaina, quien posteriormente tomó el nombre de la hermana María Clara.

Así nació esta obra conocida con la sigla de CONFHIC y que tiene como carisma la hospitalidad, la acogida y el hospedaje de los más pobres y necesitados. Su espiritualidad es la vivencia de las Bienaventuranzas en el ejercicio de las obras de misericordia. Recibió aprobación del papa beato Pío XI en 1876.

Al morir la hermana María Clara, la Congregación ya estaba presente en Portugal, India, Angola y Guinea-Bissau con 101 casas y 995 hermanas.

Las más de mil hermanas que se encuentran en 13 países trabajan en misiones, hospitales, colegios, guarderías, orfanatos, residencias de ancianos, educación especial, minusválidos, centros parroquiales, marginación, catequesis y pastoral a todos los niveles

ZENIT entrevistó a la hermana Musela Nunes, miembro de la congregación de las Hospitalarias de la Inmaculada Concepción, sobre la vida y las virtudes de la hermana María Clara.

- ¿Cómo discernió la hermana María Clara su vocación a la vida consagrada?

H. Musela Nunes: Libania, el nombre de pila de la hermana Maria Clara creció en el seno de una familia cristiana, donde los valores evangélicos se enseñaban y atesoraban. Aprendió de sus padres el amor a Dios, al prójimo, cómo amar y vivir la caridad hacia los más necesitados. A muy tierna edad perdió a su madre y antes de perder a su padre, ella y su hermana menor, fueron enviadas a una institución real dirigida a los niños huérfanos de la nobleza.

En esta ocasión ella profundizó su relación con Cristo, con la ayuda de las hijas de la caridad de San Vicente de Paul. El ejemplo de estas hermanas la llevó a cuestionarse sobre su propia vocación. Su hermana menor abrazó la vida contemplativa y al poco tiempo ella también decidió seguir a Jesús y servir a los más necesitados al igual que sus padres y maestros lo hicieron. El padre Raimundo dos Anjos Beirão, su director espiritual, era muy sensible a los pobres y necesitados y su ayuda fue crucial para que ella siguiera este sueño.

- ¿Cómo optó por la vida contemplativa – activa?

H. Musela Nunes: Ella provenía de una familia noble. Después de las hermanas de la Caridad fueron expulsadas de Portugal, ella se fue a vivir con los marqueses de Valada, buenos amigos de su familia. Pero su corazón joven no estaba aferrado a una vida de lujo ni a mucho entretenimiento. Su corazón parecía decir lo que dijo san Agustín: "Mi corazón anduvo inquieto hasta que descansó en ti". Ella tomó una decisión de unirse a una pobre y pequeña congregación donde comenzó su vida religiosa.

- ¿Cuál fue su mayor virtud?

H. Musela Nunes: con quienes la hacían sufrir, ella siempre los perdonaba. Era capaz de hacer todas estas cosas por la gran fe en Dios y en su divina misericordia. Su confianza en la divina providencia la hicieron seguir adelante con firmeza.

- ¿Cómo era su carácter?

H. Musela Nunes: Era activo, primario que ella lo supo manejar con su fe y caridad. Estaba completamente enraizada en Cristo y por eso fue capaz de superar sus debilidades. Ella vio que todo venía de las manos de Dios.

- ¿Cuál es el testimonio de Maria Clara hoy?

H. Musela Nunes: Ella llevó una vida de entrega, de estar centrada en el otro, muy comprometida en hacer el bien a todo el que lo necesitaría, bien sea de manera explícita o implícita.

Vivió en un tiempo de crisis y desafíos igual que los nuestros. Sus iniciativas encontraron la respuesta justa a las situaciones que la hacían sufrir.

Era un gran deseo ir al rescate de quien sufría o experimentara cualquier tipo de necesidad.

Su ejemplo nos motiva a vivir más intensamente la misericordia y el cuidado con quienes sufren a través del ejercicio de la hospitalidad.

Por Carmen Elena Villa

sábado, 21 de mayo de 2011

"Siempre quise venir a África"


¿Cómo descubriste tu vocación?

Qué pregunta corta y a la vez tan larga de contestar… Diría que todo empezó cuando Anita, una amiga, me invitó a un campamento de promoción social. Tenía 14 años. Fuimos y fue ahí cuando Dios me tocó el corazón. La pobreza que vi ahí me movilizó mucho. Después empecé a ir por el Centro Montes Grandes, en San Isidro (Argentina), cerca de la casa de mis padres y así empecé a conocer más el Opus Dei.

Al tiempo hice otra promoción social y me hice más amiga de la chica que daba los medios de formación cristiana a los que yo asistía. Hablé mucho con ella y recuerdo haberle dicho –entre lágrimas– que sentía que Dios me pedía más. Pero también le dije que quería ser cualquier cosa menos numeraria. Mientras tanto, seguí conociendo más el Opus Dei y me confesaba con un sacerdote de la Obra.

Mi vida continuaba pero yo no estaba tranquila, y esa falta de tranquilidad se notaba también exteriormente. Al mismo tiempo, le pedía al Señor que si quería algo de mí, me mostrara una señal. Llegó la fiesta de la Transfiguración y ese día, cuando volví del colegio, me puse a rezar como hacía habitualmente. Busqué en la Biblia para leer sobre la Transfiguración y vi que la cita era Mt, 19,16. En vez de lo que estaba buscando me encontré con el joven rico. Voluntad de Dios que me confundiera la cita. Después de leer ese pasaje cerré la Biblia y dije: “No quiero ser numeraria”, y me puse a llorar porque era claramente lo que Dios me estaba pidiendo; dejarlo todo y seguirlo. Fue así como vi mi vocación; el 19 de septiembre del 2003, cuando el Padre, Mons. Javier Echevarría estaba en Argentina, escribí la carta pidiendo la admisión como numeraria.

No puedo dejar de contar que la Virgen de Luján tuvo y tiene mucho que ver con esto. Es por eso que le tengo gran devoción y desde Camerún le encomiendo muchas cosas.

¿Qué significa para ti ser del Opus Dei?

Para mí la Obra es mi familia. Es una familia muy grande a la cual tengo que cuidar y cuida mucho de mí. Es mi camino de santidad, la ruta para llegar al cielo. Siento que San Josemaría me cuida; y mucho. Agregaría que desde que estoy en Camerún, más aún. Es en las cosas pequeñas de cada día que me ayuda, pero es increíble, me cuida como un padre.

¿Desde cuándo y por qué estás en Camerún?

Llegué a Camerún el 3 de septiembre de 2010, hace ya, ocho meses. Desde entonces, cada día aprendo algo nuevo de las personas que viven en este país. El porqué o más bien la razón por la cual estoy acá, es Dios. Descubrí mi vocación hace poco más de siete años y desde entonces siempre quise venir a África. Siempre se lo comentaba en las cartas que le escribía al Prelado de la Obra y a las directoras. Y, después de un tiempo, me preguntaron si me gustaría ir a Camerún. Y aquí estoy, tratando de vivir cada día como si fuera el único y trabajando con los cameruneses.

¿Cuál fue tu primera impresión del lugar?

La primera impresión fue lo verde que era el lugar, muy tropical; y recuerdo que hacía mucho calor. También me gustó ver, apenas bajé del avión, a todas las personas de color. Pero otro recuerdo que tengo, muy significativo y a partir del cual empecé a entablar un lazo con África, es el viaje en avión. Estaba sentada entre dos personas, un señor congolés que leía el libro “Comer, Rezar, Amar”, y otro más joven, muy robusto, que viajaba a Camerún a visitar a su familia. Eran como dos angelotes de la guarda, uno en cada costado.

¿Dirías que estás adaptada? ¿Te cuesta?

La adaptación creo que la sigo haciendo; es un proceso dinámico e intensivo. Ahora que ha pasado un poco de tiempo, diría que lo que más costó fue el idioma; en definitiva, es lo que te permite entablar relaciones. También cuesta dejar a las personas que quieres y que te quieren. Llego a la conclusión de que lo importante son las personas, el amor que les das y que ellas te dan; no lo que comes o el lugar en el que vives. Y algo que ayuda mucho es el hecho de que no estoy sola, vivo con otras personas y eso contribuye a que la adaptación sea más fácil. También el apoyo y cariño que recibo desde Argentina.

¿Qué rescatas de los cameruneses en general?

Rescato el espíritu que tienen, diría la “energía” y alegría con la que viven cada día; la generosidad, aún cuando se tiene muy poco; y la hospitalidad: cómo te reciben, te agasajan y se preocupan por ti. También la perseverancia, no bajan los brazos por nada.

¿Y de la gente de tu edad?

La gente de mi edad es muy estudiosa. Me sorprendió ver a muchas chicas cursando su segunda carrera. Tienen proyectos muy ambiciosos –aunque serias dificultades para llevarlos a cabo–, son inquietas y muy divertidas.

¿Cuál es tu trabajo profesional?

Estoy trabajando en dos proyectos que me ayudan mucho a conocer Camerún. En uno damos formación en gestión a mujeres rurales para que comiencen o mejoren la actividad que realizan. El otro proyecto tiene que ver con escuelas rurales y consiste en dar formación a padres, profesores y alumnos.

¿En qué consiste la labor del Opus Dei en Camerún y en África en general?

Cada país de África es muy diferente; la Obra está en Nigeria, Costa de Marfil, Congo, Uganda, Kenia y Sudáfrica. En lo que refiere a Camerún, estamos en dos capitales Yaundé y Douala. En la primera hay tres centros para chicas: Sorawell –una escuela hotelera–, Rigel –un centro de estudios al que vienen muchas chicas a estudiar y organizamos actividades–, y Valdor –un centro para la formación de las mamás–.

En Douala hay un centro que se llama Portbell y es muy completo. También estamos en Buea, donde vive Verónica, una supernumeraria, y en estos días estamos comenzando la casa de convivencias en Mehandan, a las afueras de Yaoundé. También hacemos viajes a Bamenda para actividades concretas. Hay mucho por hacer, así que invito a todos los que lean esta entrevista a echar una mano porque es “Time for Africa”.

¿Conseguiste hacer amigas? ¿Quiénes son?

Hice muchas amigas y muy variadas. ¿De dónde? Personas de la Obra, gente que viene a Rigel, personas que estudiaron francés conmigo, personas que conocí en la pileta donde suelo ir a nadar los domingos, y locales de los pueblos que voy conociendo.

¿Cómo vive tu familia el hecho de que estés tan lejos?

Habría que preguntarle a cada uno; las respuestas pueden ser tantas y tan variadas como cantidad de personas hay en mi familia. Pero, a raíz de esta entrevista, aproveché para preguntarles a algunos qué pensaban. Y la respuesta de mi madre fue: “Lo vivo con mucha paz y cuando te extraño, pienso que es un proyecto que quieres vivir a fondo y que la Virgen te cuida mejor que nadie”. Mis hermanos sé que me extrañan muchísimo pero están contentos de que esté haciendo lo que me gusta.

¿Cómo te imaginás el futuro?

Me apasiona el presente. Porque para que haya un mañana tiene que haber un hoy, y si no eliges bien hoy, difícil será hacerlo mañana. Vivo cada día preparando un mañana y tratando de sacar experiencia del pasado.

sábado, 14 de mayo de 2011

Con María, levantando el corazón…

Cuando escuches en la misa: "Levantemos el corazón" tómate fuerte de la mano de María y pídele que te asista.
Con María, levantando el corazón…
Madre mía, hace unos días he leído una meditación de San Agustín que dice: "No escuchemos en vano la invitación:" ¡Levantemos el Corazón!" Y con todo el corazón ascendamos a Él"… y allí me quedé, Madrecita, preguntadote: ¿Que es ascender a él?

Y me respondiste:

- Si ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba"(Col 3,1)

Te confieso, Madre, que creí comprender tu respuesta, pero ya no estoy segura. Por eso espero que, en esta Misa, le pidas a tu Esposo, el Espíritu Santo, que me ilumine el alma.

Mientras transcurre la Misa siento la paz de saber que mi oración ha sido escuchada.

Y llega el momento, antes de la Consagración y como preparación a ella, en que el sacerdote pronuncia las palabras:

- "Levantemos el corazón"

En ese momento mil preguntas me inundan el alma y, sin atinar a más, me postro a tus pies y te las presento, de una en una:

-¿Cómo puedo levantar mi corazón, Madre, si me pesa tanto por causa de mis miserias y pecados? ¿Cómo puedo levantarlo si veo que tiene raíces demasiado profundas en las cosas de la tierra?

El tiempo se ha detenido en la Parroquia de Luján. No puedo responder al sacerdote si tú, Madre, no me explicas.

- Hija mía- y mi alma se calma y escucha- como lees en San Pablo (Col 3,1), levantar el corazón es deleitarse en los bienes de arriba, no en los de la tierra.

- Pero, Madre, no todo en mi corazón es anhelo de cielo… Hay demasiadas mezquindades con que me apego a la tierra.

- Comprendo, hija. Lo sientes tan pesado que no puede elevarse por sí mismo.

- ¿No tengo esperanza, entonces?

Y tu mirada sonríe y puedo sentir el océano de misericordia de tu Corazón, dulce Reina y Madre de Misericordia…

- Nada de eso, hija, si tu corazón no sube solo pues, súbelo tu, alto, muy alto…

-¿Qué tan alto, Madrecita? ¡No llego, no puedo!…

Y tu respuesta alegre me asombra el alma:

- Busca un sicómoro, ¡Vamos, trepa!, alto, como Zaqueo, y quédate en espera para que Jesús Eucaristía te diga: "Hoy me hospedaré en tu casa"

-¿Un sicómoro, Madre? Estamos dentro de la Parroquia ¡No hay sicómoros aquí!.. Ay, Madre, sé más explícita que tu torpe hija no te comprende.

Y me tiendes las manos para hacerme "pie", como me hacía mi padre para ayudarme a trepar a un árbol.

- Ven hija ¡Trepa a mi Corazón!

-¡Madre! ¡Claro! ¡Tu Corazón! Sí, solo tú puedes elevar mi corazón lo suficientemente alto...

Y levanto mi corazón hasta el Tuyo, pongo mi corazón en el Tuyo.

Ahora sí puedo responder al sacerdote:

- "Lo tenemos levantado hacia el Señor".

Madre, tú llevas mi corazón hasta donde Cristo ya ha llegado. Y allí me quedo, de tu mano…

Se acerca el momento de la Consagración. Con mi corazón en el Tuyo veo que estamos alto, muy alto, pues sólo desde tan alto puede adorarse plenamente a Jesús Eucaristía…

Sólo desde tan alto el alma puede rendirse ante un milagro cotidiano y conocido, pero jamás comprendido plenamente en su más profunda esencia…

Alto, Madre… mi corazón está alto… Sin embargo, sigo parada en el piso de la parroquia.

- La altura es interior, hija. Es un subir del alma para expresar su más profunda gratitud por tan grande amor…

Me preparo para recibir a Jesús bajo la apariencia de pan. Estoy en tu Corazón, Madre ¿Qué mejor lugar para recibirle?

Allí entregaré a Jesús a su Madre "que lo recibirá amorosamente, le colorará honrosamente, le adorará profundamente, le amará perfectamente, le abrazará estrechamente y le rendirá, en espíritu y en verdad, muchos obsequios que en nuestras espesas tinieblas nos son desconocidos"(San Luis María Grignion de Montfort)

"Levantemos el corazón". Apenas si empiezo a comprender la magnitud de la propuesta.

"Lo tenemos levantado hacia el Señor" Apenas si empiezo a comprender la magnitud de tal respuesta.

Madre… poco a poco voy comprendiendo cuán profundas son las palabras, los actos, los gestos de la Misa. Pide a Jesús me perdone por todas las veces que respondí mecánicamente, sin pensar.

Amigo, amiga que lees estas líneas, cuando escuches la propuesta "Levantemos el corazón" tómate fuerte de la mano de María y pídele que te asista. Tu corazón puede alcanzar alturas no imaginadas, aunque tus pies sigan pegados al piso de la Parroquia.



NOTA de la autora:

Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación por el amor que siento por Ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna.


  • Preguntas o comentarios al autor
  • María Susana Ratero.

    sábado, 7 de mayo de 2011

    Católica india que salvó a un niño judío será distinguida en Israel


    En los atentados terroristas de noviembre de 2008


    JERUSALÉN, miércoles 4 de mayo de 2011 (ZENIT.org).-

    Sandra Samuel, quien salvara la vida del niño Moshé Holtzberg, de solo dos años de edad, durante los ataques terroristas en Mumbai, India, en noviembre de 2008, será distinguida en Israel.

    El homenaje tendrá lugar en un acto conmemorativo del Holocausto que organizan el 6 de mayo la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, Casa Argentina en Israel Tierra Santa y los Amigos de la Universidad de Tel Aviv de Habla Hispana.

    Sandra, católica nacida en la India, trabajaba desde 2003 para el rabino Gavriel Holtzberg y su esposa Rivka, en la Casa Jabad de Mumbai y era la niñera del pequeño Moshe desde su nacimiento.

    El 26 de noviembre de 2008 Sandra demostró un coraje excepcional al rescatar al niño mientras un grupo de terroristas asesinaba a sus padres.

    Danny Rainer, vicepresidente de la Fundación Wallenberg, será el encargado de entregar la distinción especial.

    Previamente, el mundialmente consagrado periodista Henrique Cymerman presentará el documental "Juanito", una entrevista filmada que narra la notable historia del doctor Zalman Shiffer y de su "hermano", Juanito, investigada por la Fundación Wallenberg en 2010.

    En 1942, en Bélgica, Zalman recibió refugio en la casa de Louise and Joseph Materne, una pareja cristiana que ya escondía a un niño español llamado Juanito, escapado de la guerra civil española.

    La entrevista cuenta la historia de esos dos hermanos por accidente y el modo en que la experiencia cambió la vida de ambos para siempre.

    Por estas acciones y gracias a una profunda investigación llevada a cabo por la Fundación Raoul Wallenberg, el matrimonio Materne recibió el título de Justos entre las Naciones.

    El evento tendrá lugar el viernes 6 de mayo de 2011 a las 10:30 a.m. en el Auditorio Bar Shira, Universidad de Tel Aviv, George Wise Street.

    domingo, 1 de mayo de 2011

    Vivir el espiritu de Misericordia


    Jesucristo desde el Evangelio, con su vida, sus hechos y su doctrina, nos hace una llamada a confiar en la Misericordia divina, y a ser nosotros misericordiosos. Toda la obra de la Redención es fruto de la Misericordia de Dios para con los hombres. Ya nos había advertido el Señor: Misericordia quiero, y no sacrificios. Y en otro momento: Sed misericordiosos como mi Padre es misericordioso… Y Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia… Podemos recordar las maravillosas parábolas de la misericordia (hijo pródigo, oveja perdida, moneda extraviada…) Y observar la cantidad de veces que el Señor ejerce la misericordia con pobres, enfermos, marginados, endemoniados, pecadores, muertos… Desde la Cruz dijo movido por su misericordia: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen… Todo el programa del Reino de los Cielos está resumido en el amor misericordioso que Dios nos tiene, y que nosotros debemos tener a los demás.

    Pero estas cosas se olvidan fácilmente, y volvemos frecuentemente a convertir la religión en actos piadosos desconectados de la vida, y muchas veces vacíos de amor. Y de vez en cuando el Señor tiene que darnos un toque, hacernos una llamada para que rectifiquemos el camino y volvamos a lo fundamental. Una de esas veces ocurrió el 22 de febrero de 1931 cuando se apareció a una joven y sencilla monja polaca llamada Faustina. Se le apareció con la imagen que vemos en el cuadro que El le mandó que pintaran. Y le habló largamente de la Misericordia de Dios para con los hombres. Estas fueron algunas de sus palabras: “Pinta una IMAGEN SEGÚN EL MODELO QUE VES, Y FIRMA: Jesús, confío en TI… Quiero que esta imagen sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia… El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas…Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos…Esta imagen ha de recordar las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil… Por medio de esta imagen colmaré a las almas con muchas gracias. Por eso quiero, que cada alma tenga acceso a ella… Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores…Las almas mueren a pesar de mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi Misericordia. Si no adoran Mi misericordia morirán para siempre… Quien se acerque ese día a la Fuente de Vida recibirá el perdón total de las culpas y de las penas…Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre aquellas almas que se acercan al manantial de Mi misericordia…que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata…”.

    Entre otras muchas cosas, le enseñó a Santa Faustina a rezar la Coronilla, y la Novena, y Adorar la Eucaristía, y frecuentar la Confesión, etc. Pero todo ello debe desembocar en una vida dirigida por la Misericordia de Dios. Lo que el mundo hoy necesita es acogerse a la Misericordia de Dios y a ser misericordiosos los unos con los otros. Juan Pablo II estableció en toda la Iglesia la celebración de esta Fiesta en este domingo, y nos dejó escrita una larga carta sobre Dios, rico en Misericordia. El Papa Benedicto XVI ha dedicado su primera Encíclica al amor Dios y de los hombres.


    Vivir el mensaje de misericordia


    Los fariseos a quienes Cristo amonestó bastante, eran muy devotos y fieles a las oraciones, reglas y rituales de su religión; pero, con el transcurso de los años, estas prácticas exteriores se hicieron tan importantes en sí mismas que se perdió su verdadero significado. Los fariseos practicaban todos los sacrificios prescritos, rezaban todas las oraciones apropiadas, ayunaban con frecuencia y hablaban mucho de Dios, pero nada de eso les había tocado los corazones. Como resultado, no tenían una relación verdadera con Dios, no vivían en la manera en que Dios quería que vivieran y no estaban preparados para la venida de Jesús.

    Cuando miramos la imagen del Salvador Misericordioso o cuando hacemos una pausa para orar a las tres de la tarde o cuando rezamos la coronilla a la Divina Misericordia, debemos preguntarnos: ¿Estas cosas están acercándonos a la verdadera vida sacramental de la Iglesia y están permitiendo que Jesús transforme nuestros corazones? ¿O es que se han convertido en hábitos religiosos? En nuestras vidas cotidianas, ¿estamos creciendo cada vez más como personas de misericordia? ¿O solamente estamos recitando alabanzas insinceras, hablando "de dientes hacia afuera", respecto a la misericordia de Dios?

    Las prácticas de devoción reveladas por medio de Sor Faustina nos fueron dadas como "recipientes de misericordia" a través de los cuales el amor de Dios puede derramarse sobre el mundo. Sin embargo, no son suficientes. No es suficiente colgar la imagen de la Divina Misericordia en nuestras casas, rezar la coronilla a la Divina Misericordia diariamente a las tres de la tarde y recibir la Santa Comunión el primer domingo después de Pascua. Debemos también mostrar misericordia al prójimo. Poner en práctica la misericordia no es una opción de la devoción de la Misericordia Divina; ¡es un requisito!

    ¡Qué fuerte le habla nuestro Señor a Santa Faustina sobre esto!

    Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. (Diario, 742).

    Como en el mandato del Evangelio «Sean misericordiosos, como el Padre es misericordioso» (Lucas 6, 36), esta orden de ser misericordiosos siempre y en todas partes nos parece imposible de realizar. Pero el Señor nos asegura que sí es posible. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, explica el Señor, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas (Diario, 1074).

    ¿Cómo "irradiamos" la misericordia de Dios a los demás? Por medio de nuestras acciones, nuestras palabras y nuestras oraciones. En estas tres formas, dijo el Señor a Sor Faustina, está contenida la plenitud de la misericordia (Diario,742). Todos hemos sido llamados a esta práctica triple de la misericordia, pero no todos somos llamados de la misma forma. Necesitamos pedirle al Señor, que entiende nuestras personalidades y situaciones individuales, que nos ayude a reconocer las diferentes maneras en que cada uno de nosotros puede mostrar Su misericordia en nuestras vidas diarias.

    Una cosa que todos nosotros podemos hacer es fijamos nuevamente en lo que la Iglesia llama "Las Obras Corporales y Espirituales de Misericordia", un listado de 14 formas de responder a las necesidades físicas, mentales, emocionales y espirituales de los demás.

    Al pedir la misericordia del Señor, confiar en Su misericordia y sinceramente tratar de vivir Su misericordia en nuestras vidas, podemos estar seguros de que nunca oiremos al Señor decir de nosotros, «sus corazones están lejos de Mí» (Mateo 15, 8), sino que oiremos esa promesa maravillosa, «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misencordia» (Mateo 5, 7).


    UN NUEVO ENFOQUE A LA MISERICORDIA DIVINA


    Del Diario de una joven monja polaca, una devoción especial a la misericordia de Dios está difundiéndose por todo el mundo.

    El mensaje no es nada nuevo, sólo es un recordatorio de lo que la iglesia siempre ha enseñado: que Dios es misericordioso y que El perdona y que nosotros también debemos ser misericordiosos y perdonar.

    Pero en la devoción a la Divina Misericordia este mensaje asume un nuevo, poderoso enfoque, ya que nos llama a una comprensión más rotunda de que el amor de Dios no tiene límites y que está disponible a todos, especialmente al pecador más grande: Cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a mi misericordia (Diaro, 723).

    Entre los elementos de este nuevo enfoque figuran una imagen sagrada del Salvador misericordioso, varias oraciones nuevas y una abundancia de promesas. Pero los elementos principales son la confianza y las obras de misericordia.


    Juan García Inza

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    domingo, 24 de abril de 2011

    Reflexiones Domingo de Resurrección


    Muchos creen que todo acaba con la muerte, que no hay nada más. La muerte sería, según ellos, la última palabra. Pero la muerte es la primera pregunta. No podemos vivir como-si-no-tuviéramos-que-morir, porque tenemos que morir, lo sabemos. Por eso, para vivir en libertad, es necesario liberarnos del fantasma y del miedo a la muerte. De lo contrario viviremos muertos de miedo a la muerte.

    Nos cuesta mucho creer en la vida después de la vida. Algo nos barruntamos, algo nos tememos, algo anhelamos, porque ciertamente nos resistimos a morir. ¿Es sólo un deseo? ¿Una proyección de nuestro deseo? Pero, entonces, ¿de dónde y por qué surge en nosotros ese deseo? Porque lo cierto es que tenemos otros muchos deseos -ser más alto, más flaco, más guapo...- pero no creemos en ellos.

    Los que niegan otra vida aducen siempre la falta de pruebas, de señales objetivas. No hay, dicen, ningún caso de un muerto que haya resucitado y haya sido visto. Pero en eso se equivocan, porque hay un caso. La fe cristiana, precisamente, descansa en el testimonio de muchos que han tenido la experiencia de ver a un muerto resucitado. Los cristianos creemos a los testigos que lo vieron.

    Naturalmente, una cosa es que un muerto resucite y otra que el resucitado tenga que acomodarse a las exigencias de nuestra limitada experiencia empírica. Los testigos de la resurrección de Jesús han dejado bien claro que Jesús, que era el mismo antes y después, ya no era lo mismo a partir de la resurrección. Es decir que la vida después de la muerte sigue siendo vida, aunque ya no esté mortificada por los condicionamientos de espacio y tiempo, que nos tienen atrapados momentáneamente.

    ¿Qué cómo es la vida después de la vida, la otra vida? Lo sabremos a su tiempo. De momento sólo podemos creer lo que aún está por ver. Hay un cielo que creemos. Y hay muchos cielos que fantaseamos. Pero esos cielos no son el cielo.


    EUCARISTÍA 1991, 18

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    sábado, 16 de abril de 2011

    Los silencios y las palabras que iluminan la vida de María


    Presentado en Roma un nuevo libro del cardenal Lajolo


    ROMA, jueves 14 de abril de 2011 (ZENIT.org). -


    Un libro de más de 200 páginas para contar las pocas palabras de María, o mejor como indica el título “Los silencios y las palabras”. Lo indicó ayer el cardenal Giovanni Lajolo, presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, en la presentación en Roma de su libro: “María. Silencios y palabras”.

    “Si las de Jesús fueron siete palabras, las de María son cuatro, pero en un contexto más vasto en el que entra también su silencio”. Un libro que es por lo tanto un aporte “sobre la relación interpersonal en la vida de María”.

    Intervinieron además del autor, monseñor Giuseppe Sicacca, auditor del Tribunal de la Rota Romana; el presidente emérito de la Agencia Nacional Italiana del Turismo (ENIT por sus siglas en italiano) Gabriel Moretti y la profesora de literatura francesa en la Universidad italiana LUMSA, Benedetta Papásogli.

    La presentación del volumen fue coordinada por la presidente de la Asociación Internacional de los Críticos Literarios: Neria de Giovanni, che recordó como “cada capitulo es abierto por unas cursivas con las palabras del Evangelio que el autor comenta”.

    El cardenal, con mucha sencillez, comenta cómo tuvo la idea de escribir este libro, precisando que no se trata de una vida de María, ni de exégesis, ni de un tratado de mariología y tampoco de un libro de ascética. “Mariología sí –precisa el purpurado- pero no en el sentido de una teología elaborada sobre el misterio de esta mujer”.

    “He intentado simplemente –indica- presentar estas palabras y silencios que manifiestan la relación de María con la persona con las cuales ella habla o comunica”.

    Porque “a final de cuentas la relación interpersonal es la cosa más importante. Es verdad que está el ser, pero la felicidad no es lo que sabemos que somos, pero lo que nosotros somos, y esto aparece en las relaciones con las otras personas. Si estamos atentos nuestros silencios están llenos de relaciones personales, con los acontecimiento, con lo que tenemos que hacer, o evitar o lo que nos espera. Entonces ¿cuáles son estas relaciones? Y así me aventuré en este análisis”.

    El cardenal indicó que sobre las palabras de María quiso contar con mucha simplicidad “lo que me decían a mi” recordando que “de las palabras de María y especialmente en el Magníficat aparece como ella es un alma toda embebida del Antiguo Testamento” y “todas sus las frases ordenadas por la meditación de la Escritura”.

    “Porque considero –continuó- que cuando leemos un texto de literatura se puede profundizar. Pero en la Biblia la palabra se dirige a mi y yo tengo que buscar de entender, porque tengo que dar mi respuesta”.

    El purpurado recordó que los cuatro momentos citados son la Anunciación, en donde “María inicia callando” para “responder como sierva del Señor, o sea como reina”. En el momento del Magnificat, la citación más larga en la que sus palabras son más que todas las otras juntas. El encontrar a Jesús en el Templo y su “¿Hijo, por qué nos has hecho ésto?”. Y en Caná cuando dijo “No tienen más vino”.

    En cambio, añade: “los silencios son cuando se considera que estaba presente”, no por ejemplo en la última cena, en que Ella no estaba.

    Y el libro indica tres tipos de silencio: el primero, impenetrable. Cuando María está encinta y la situación que se crea con san José. Si María decía que era obra del Espíritu Santo, san José habría pedido alguna prueba. Y lo dejó en la mayor angustia, porque “solamente Dios podía encontrar la solución a la dificultad en que había sido puesta”.

    Después los silencios transparentes, obvios. María era una mujer normal, similar a nosotros excepto en el pecado. Por ejemplo con san José en el matrimonio virginal, que sin embargo siempre matrimonio era. Y tercero los silencios penetrantes, como cuando intentaba entender: después de las palabras de Simeón. Después de encontrarlo en el templo. O ¿qué misterio tenía con Jesús entre sus manos?

    Y sobre “la interpretación coreográfica del Magnificat” como indicó Moretti, precisó: “Me vino así y así la escribí”. Y sobre la numeración (primero, segundo, tercero etc.) que el expresidente del ENIT consideraba que rompía la armonía del discurso dividiéndola en puntos los temas, su eminencia explica: “Fue un modo para tratar de entender mejor”.

    “Nada de lo que escribo es un dogma. Lo he escrito porque me vino de manera espontánea mismo si después tuve que ordenarlo. Con simplicidad que no quiere ser doctrina, sino conocer a una persona en sus relaciones”. Y concluye: Palabras, más bien silencios, porque el misterio de María está envuelto en gran silencio. Porque es el Señor en medio de la noche que quiso descender entre su pueblo. Y sus palabras, porque María es la Madre del Verbo”.

    Monseñor Sciacca indicó que la curiosidad y la admiración, junto al sentido de la sincera piedad fueron los sentimientos que lo acompañaron durante la lectura del libro.

    “Estaba curioso y sorprendido – dijo – de que el cardenal Lajolo, un reconocido jurista, un canonista de la escuela de Munich y un consumado diplomático, y a cargo del más laico de los organismo que se relaciona con el Santo Padre en cuanto soberano temporal, hubiera escrito un libro de mariología”.

    Volumen en el que “nos invita sobriamente pero de manera atrayente a compartir la mirada llena de estupor, de afecto y con las raíces de la Fe, que ha logrado poner sobre el alma de la Virgen, esforzándose en entender con intelecto amoroso los sentimientos de María, escuchando sus palabras y sus silencios”

    Por su parte Benedetta Papásogli se concentró en los silencios “porque no es un caso que en el título está primero ‘silencios’ que ‘palabras’ “. Y recordó la tapa del volumen realizado por la Librería Editora Vaticana, que tiene “un icono de María meditativa que reflexiona intensamente todas estas cosas en su corazón” y que “la palabra meditar nace del griego y del hebreo, y etimológicamente significa tener en el corazón”.

    Y concluyó que se trata de “admirar y contar, como aquellos personajes que están en los cuadros del pintor Fra Angélico” en los cuales hay una atmósfera positiva, una luminosidad, una medicina “de la que todos necesitamos un poco”.