sábado, 15 de julio de 2017

Una actriz de Big Bang Theory anuncia su embarazo con una reflexión provida de un aborto que sufrió





La actriz Melissa Rauch, más conocida por su papel como Bernadette en la exitosa serie The Big Bang Theory, está embarazada. La artista de origen judío de 36 años y casada con el escritor Winston Beigel ha hecho pública esta buena noticia. Sin embargo, ella lo ha hecho de manera diferente puesto que ha acompañado este anuncio con una carta abierta en la que abre su corazón y habla del aborto involuntario que sufrió hace un tiempo y que la marcó para siempre.

Su testimonio se ha convertido en un alegato provida en el que habla de cómo veía a su hijo en la ecografía, donde evidentemente veía a su bebé y no a un conjunto de células, habla también de las secuelas que el aborto aunque sea involuntario puede dejar en la mujer y que tantas veces se esconde. Pero también celebra el milagro de la vida y de la alegría por la llegada de su hijo. Su experiencia la ha dejado por escrito en la revista Glamour y se ha expandido por todo el mundo llevando una visión de la vida que no en muchas ocasiones aparece en dichos medios.

Un anuncio de embarazo con un profundo mensaje de fondo

 
"La única declaración sobre mi embarazo que no me hace sentir como un fraude completo sería: Melissa está esperando su primer hijo. Ella está muy feliz, pero si es sincera, por el hecho de que tuvo un aborto la última vez que estuvo embarazada, está bastante aterrorizada de que eso pueda suceder de nuevo", inicia su carta.


Melissa anuncia su nuevo embarazo

Uno de los "dolores más profundos"


Melissa Rauch confiesa que “el aborto involuntario fue uno de los dolores más profundos que he sentido en mi vida. La imagen de nuestro bebé en el monitor de ultrasonido –sin movimiento, sin un latido de corazón-, después de haber visto ese mismo corazón pequeño, sano y parpadeante justo dos semanas antes, nos cegó completamente y me persigue hasta el día de hoy”.

La actriz no tiene problemas en hablar del sufrimiento de perder a su hijo durante el embarazo y de la depresión que vivió porque aunque “tuve momentos felices, y la vida siguió, la angustia siempre estaba al acecho”.

Además, en su carta se desprende una crítica a la cultura y sociedad actual en la que apenas hay ayuda y atención a la mujeres que han sufridos dramas como el aborto, mientras se fomenta una cultura abortista.

Un drama que se oculta y en el que no se ofrece ayuda

 
“Lo que me di cuenta es que si no se habla abiertamente de este tipo de pérdidas como debería hacerse, no hay una forma concreta de procesar estas emociones”, asegura la actriz que interpreta a Bernardette.  Y añade que “no necesariamente se va a hacer un funeral o tomarse un descanso en el trabajo para llorar, pero eso no cambia el hecho de que algo precioso ha sido inesperadamente arrancado de tu vida”.

Tras invitar a mirar hacia delante e intentar curar las heridas, Melissa se muestra muy contenta por su embarazo aunque algo temerosa de que se repita de nuevo la situación. Eso sí, asegura convencida.

"Agradecida por cada momento de mi embarazo"

 
“Lo que realmente sé con seguridad es que esta experiencia me ha cambiado para siempre. Sé que me ha hecho ser agradecida por cada momento de mi embarazo actual, y espero que me haga una mejor madre cuando finalmente pueda sostener en brazos al niño que está en mi interior”, asegura en la carta.


 Por último, quiso dejar un mensaje alentador para las mujeres que pasaron -o pasan- por esta vivencia: "A todas las mujeres que tengan problemas de fertilidad y que han tenido un aborto espontáneo o están atravesando este dolor ahora, permitidme dejaos este mensaje: no estáis solas".

También había escenas provida en la serie

 
Melissa ya ha pasado como actriz un embarazo pues en la serie en la que es una de las protagonistas, su personaje Bernadette dio a luz a su hijo Halley al que tuvo con su marido Howard. Pero lo llamativo es que durante varios episodios el embarazo fue la trama principal dejando ante millones de espectadores auténticas escenas provida.

Utilizando la ciencia y el humor hablaban de su hijo no nacido como un ser humano, con órganos formados y con capacidades cognitivas. Y lo hacían con total naturalidad.

En el Hollywood más abortista se escucharon frases dichas precisamente por esta actriz como: “¿Te das cuenta que mi bebé tiene los órganos completamente formados y puede reconocer las voces?”; “No puedo creer que estés comparando tu experimento con mi bebé que es un ser humano”; o “el mío ya ha desarrollado el sistema inmunológico”.


15 julio 2017

sábado, 8 de julio de 2017

Cientos de bicitaxis en la India llevan escrito el lema «Dios te ama»: esta monja es la causa

Cientos de bicitaxis en la India llevan escrito el lema «Dios te ama»: esta monja es la causa


La hermana Celine Arikkat, de la congregación de
 las clarisas franciscanas (www.fccongregation.org),
 ha cuidado del sector de los bicitaxis durantelos últimos
 12 años en Noida, una ciudad satélite de Nueva Delhi.

Todo comenzó en 2005, cuando esta monja vio como un conductor de
 estos vehículos era apaleado delante de una multitud que no hacía
 nada por él. Su delito: cobrar el viaje.

Desde entonces, Arikkat ha dedicado su tiempo a ayudar a estas personas 
desfavorecidas y marginadas de la sociedad, que en muchas ocasiones
 se ven en 
la necesidad de delinquir. Ahora, 12 años después, los conductores
 de bicitaxi pueden vivir una vida digna gracias a su labor.



Trabajo duro y mal pagado
 
La hermana Arikkat se encontró con una situación insostenible. Un conductor 
de bicitaxi ganaba al día entre 150 o 350 rupias ($2.32 o $5.42) dependiendo 
de la temporada. Teniendo en cuenta que el alquiler del vehículo cuesta
 casi dos tercios de las ganancias diarias, los conductores deben
 trabajar desdelas 6 de la mañana hasta las 10 de la noche sin descanso 
para poder sacar algo de beneficio.

"Al final de la jornada nos duelen los músculos, y las rodillas nos arden",
 cuenta Juleh Lal Rajasthani, uno de los conductores, según infroma
 Esto unido a la precaria situación económica de sus familias 
provoca que muchos se den a la bebida.

Por ello, Arikkat decidió comprar a estos conductores nuevos bicitaxis 
por los que pagarían una deuda justa con la que podrían ahorrar para 
el futuro. Las únicas condiciones: pagar mensualmente y llevar un 
mensaje en el bicitaxi: "God loves you" (Dios  te ama).



Un trato muy necesario, ya que conductores veteranos como Abdul Jabbar
, musulmán, han conducido su bicitaxi desde hace 20 años pagando en ese 
tiempo un alquiler de varias veces el valor del vehículo.

Patrocinadores de bicitaxis
 
Arikkat comenzó por pedirle a un editor de libros que patrocinara un bicitaxi
 La hermana convocó también una reunión con los conductores de la zona para da
r a conocer esta iniciativa. "Al principio solo vinieron 18, porque tenían miedo de
 que fuera un truco para hacer proselitismo", cuenta la hermana. Los conductores 
son hindúes en su mayoría, aunque también hay algunos musulmanes.

En la siguiente reunión hubo 11 patrocinadores y una gran cantidad de conductores
que no solo han cambiado a mejor sus ingresos, sino también sus vidas.

Y es que la hermana ayuda económicamente y también socialmente. Los conductores
 llegan destrozados por vicios y deudas; en especial por la lacra del alcohol.
 Gracias a la hermana consiguen dejar estos vicios y ayudar a sus familias.


La hermana Akkirat en una de las reuniones que celebra periódicamente con los
 conductores de bicitaxis

La llaman "la leona"
 
La hermana se ha hecho famosa en todo Noida por su férrea defensa al sector de los 
bicitaxis.
 "En cuanto ven el mensaje 'God loves you' en la parte trasera, nadie nos molesta,
 ni siquiera la policía", dicen los conductores.

Además, la hermana hace visitas sorpresa a los conductores entre reunión y reunión para comprobar como se desarrollan en el entorno familiar. Por eso los conductores la llaman "Sherni", que significa leona, ya que les defiende y a la vez les ayuda activamente.

La hermana Arikkat ha proporcionado 432 bicitaxis en total durante los 12 años que 
lleva trabajando con los conductores. Sin embargo, su actividad no termina ahí. La 
hermana es voluntaria del  Ministerio de prisiones de la India, un movimiento de
 la Iglesia que ayuda a los presos.

"Yo era conocida por mi valentía y rebeldía. Cuando decidí unirme al convento, mi padre 
dijo que sus paredes no podrían contenerme, así que me dejó 5 acres de sus tierras 
en herencia 'para cuando volviera a casa y me casase', y aquí sigo", bromea.
 
 
7 julio 2017
 

sábado, 1 de julio de 2017

Tienen cinco hijos adoptados, tres discapacitados: «Damos gracias a Dios por nuestra infertilidad»

Estar abiertos a la vida aunque los médicos les declararan infértiles. Esto es lo que hicieron Antonio Mínguez y Yolanda Nevares al enterarse de esta noticia, que les cayó como un jarro de agua fría, al poco tiempo de casarse.

Trece años han pasado de aquel momento y ahora este matrimonio tiene cinco hijos, todos ellos adoptados, de los cuales los tres pequeños son discapacitados pues así lo decidieron los padres al iniciar el proceso. Esta es a la fertilidad a la que Dios les llamaba.

Este joven matrimonio habló de su experiencia de paternidad y de la acción de Dios en este proceso que no ha estado exento de grandes sufrimientos en el programa Últimas preguntas de TVE.

"El Señor nos iluminó esa cruz"

 
Se casaron con la idea de formar una familia pero los hijos no venían por lo que se hicieron pruebas médicas que confirmaron que no podrían ser padres de manera natural. “Cuando nos dieron el diagnóstico de infertilidad fue un momento difícil porque nos creemos que tenemos derecho a ser padres pero el autor de la vida es Dios, no nosotros”, aseguraba Antonio.

Esta noticia les llegó un Viernes Santo, que nunca olvidarán, pero lejos de escapar del sufrimiento decidieron atravesarlo. “Celebrando este misterio de nuestra fe junto a nuestra comunidad, el Señor nos iluminó esta Cruz que nos ponía sabiendo que de todo esto el Señor sacaría algo bueno”, añadía.


Yolanda habló de cómo Dios les fue dando la capacidad de cuidar y educar a sus cinco hijos, tres con necesidades especiales

Como Antonio y Yolanda hay miles de familias que no pueden tener hijos y que acuden a la adopción. Es lo que hicieron ellos.  Así fue como llegó su primogénito, Josué.  Poco después de llegar se inscribieron de nuevo a otro proceso de adopción y a los tres años ya tenían con ellos a su hija Luz.

La decisión que les marcó sus vidas

 
Pero Dios quería probarles también aquí. Recordaba Antonio que “el Señor nos cuestionó porque en los documentos de adopción había una casilla que si la marcabas te ofrecías a la adopción de un niño con una enfermedad o discapacidad. No la marcamos pero esa decisión sí que nos marcó a nosotros”.

Este matrimonio contaba que poco a poco “el Seños nos iba pidiendo que nos ofreciéramos para ser padres de un hijo con dificultades o enfermo. No fue fácil pero Dios, que es un caballero, nos lo susurraba”.

Fue en una convivencia donde vieron que Dios les llamaba “a dar el salto, de fiarnos de Él, y de que el hijo que nos diera sería el que necesitáramos. Y así llegó nuestro tercer hijo, Juan Pablo”, el primero con discapacidad.

"Dios nos ha ido capacitando"

 
“Dios ha hecho una obra en nosotros porque no teníamos una especial afinidad con la discapacidad ni con aquel ámbito. Dios nos fue llevando pues al principio en nosotros también había miedos, inseguridades pero hemos visto cómo Dios nos ha ido capacitando”, relataba este matrimonio en la televisión pública española.

Siguiendo con su experiencia, Antonio explicaba que “cuando ya teníamos a Juan Pablo, Dios nos invitó a abrirnos a la vida, y llegó Rafael (Dios sana), que nació con hipoxia y un daño cerebral. Y de nuevo fue un gran regalo para nosotros”.


Antonio y Yolanda relataron momentos concretos en los que Dios les habló y les indicó el camino

La pequeña, con síndrome de Down, "ha revolucionado la familia"

 
Tras Rafael llegó la que de momento es la pequeña de la casa, Teresa, que tiene síndrome de Down. “Ha traído la alegría a la casa, ha revolucionado a la familia. Nos enseña muchísimo cada día a vivir la vida y vivirla bien”, afirmaba Yolanda.

Aunque tampoco fue fácil su llegada a la familia. Contaba Antonio que “tenemos una experiencia muy bonita con la adopción de Teresa. Teníamos cuatro hijos y Rafael tenía sólo un añito y dormía fatal, se despertaba muchas veces y estábamos hechos polvo. Pero Dios nos ponía en el corazón el tener otro hijo pero vimos que no era el momento”.

La preciosa coincidencia con Teresa

 
Sin embargo, en una convivencia escucharon una palabra de San Pablo, “ahora es el momento favorable”. Los dos, cada uno por su lado, se sintieron tocado por esta palabra. “Cuando lo hablamos vimos que el Señor nos llamaba a esto e iniciamos un nuevo expediente de adopción”. Luego supieron que esa misma semana que decidieron lanzarse a la adopción fue la que nació Teresa.

A día de hoy este matrimonio afirma seguir abierto a la vida, algo que, según dicen, “nos fortalece como matrimonio y como familia”. Y por ello, pueden decir con certeza que “damos gracias a Dios por nuestra infertilidad porque nos ha dado unos hijos maravillosos”.

Puede ver la entrevista realizada a este matrimonio en Últimas preguntas de RTVE pinchando AQUÍ
 

sábado, 24 de junio de 2017

La religiosa agredida en Granada por un desconocido: «He pasado una noche horrorosa»

La religiosa agredida en Granada por un desconocido: «He pasado una noche horrorosa»


La religiosa agredida prefiere permanecer en el anonimato (foto: Leopoldo Mora)


Hace dos días, sor Rosario, religiosa de la Congregación de las Esclavas de la Inmaculada Niña, fue brutalmente agredida en Granada por un individuo al que no conocía y con el que se cruzó por la calle. Sin mediar palabra, éste le propinó un puñetazo en la nariz y le dijo: “Esto por monja”.

Como consecuencia de la agresión, sor Rosario tiene los pómulos hinchados, la nariz rota y el miedo aún en el cuerpo. Paradójicamente, ella no viste hábito, lo que le hace suponer que el agresor la conocía.

Como informa hoy ABC, la familia de la religiosa, que reside en el extranjero, no sabe nada de este incidente. Ella no quiere preocuparles; por ello, prefiere permanecer en el anonimato y salir lo justo ante la cámara fotográfica.

Mucho dolor

 
Como hace cada mañana desde que fue destinada a Granada en septiembre pasado, Rosario llevaba a un grupo de niños de la Escuela Hogar Divina Infantita del Cerrillo de Maracena –en las inmediaciones de la capital– a un colegio próximo. “Lo hacemos todos los días: los dejamos y los recogemos”.

Cumplida su misión, pasadas las 9 de la mañana, la religiosa se dirigía de vuelta a su casa, porque tenía cosas que hacer: “Yo iba por la acera y lo vi venir”.

Se cruzó con ella un hombre alto, joven, de tez oscura y complexión fuerte. Iba vestido con bermudas y camiseta negra de manga corta. Rondaría los 25 años. Llamó la atención de Rosario las marcas que el agresor presentaba en brazos y piernas, que parecían arañazos o cicatrices.

Ella se hizo a un lado –la acera se estrechaba en ese punto– y fue entonces cuando él aprovechó para acercarse y propinarle el puñetazo.

Rotura de nariz

 
“¡Por monja!”, le gritó el individuo al tiempo que sacudía la cara de Rosario, que quedó completamente desconcertada. No hubo más golpes ni palabras. “Ni me dio tiempo a reaccionar”, recuerda. Notó en su rostro un borbotón de sangre y “mucho dolor”. El agresor huyó corriendo de la zona, en la que suele haber gente.

Esa mañana, las avenidas del Cerrillo de Maracena estaban desiertas por la ola de calor, y sólo una señora que pasó cinco o diez minutos después se detuvo a auxiliar a la hermana Rosario.

Tras limpiar su rostro con pañuelos, Rosario se dirigió al hospital, donde las pruebas revelaron que tenía rota la nariz. Los médicos descartaron la intervención quirúrgica, pero le colocaron una férula y le dieron medicación para mitigar el dolor y bajar la inflamación de sus pómulos.


Sor Rosario acompaña a niños como los de la imagen, a la Escuela Hogar Divina Infantita del Cerrillo de Maracena. 

La religiosa regresó después a su domicilio. “La noche que he pasado ha sido horrorosa, me cuesta respirar”, reconoce Rosario, quien, además de dolor, aún tiene miedo. Miedo a salir sola a la calle, a volver a cruzarse con ese hombre al que no conocía de nada. Se siente perfectamente capaz de reconocerlo si volviera a verle.

En busca del agresor

 
Atrapar al agresor no será tarea fácil. No había cámaras operativas en la zona y la única pista a seguir es la descripción física relatada por la víctima.

“Estoy con mucha preocupación; esto es la primera vez que me pasa”. Pero Rosario también sabe que no puede vivir con miedo. Ahora aprovecha para descansar y reponerse en otro de los centros de Divina Infantita en Granada, en el otro extremo de la urbe, donde sus hermanas se están encargando de darle cariño y compañía.

La desafortunada historia de sor Rosario deja en el aire dos grandes cuestiones para las que ella no encuentra respuesta: quién y por qué. Esta monja no alcanza a comprender las motivaciones del agresor. “Puede ser que no esté de acuerdo con la religión, pero se puede no estar de acuerdo y respetar”, afirma Rosario. Sin embargo, tampoco descarta que se trate de un ataque propio de una persona desequilibrada mentalmente.

Lo que es seguro es que no conocía al hombre que la golpeó. “Nunca le había visto… Yo no sé si es de allí del barrio…”. Sin embargo, Rosario cree que sí, por el hecho de que ella no viste hábito y sólo alguien que conociera previamente su actividad podía saber que era monja.
Los hechos han sido denunciados ante la Policía, a quien corresponde la labor de localizar al agresor.















 

24 junio 2017

 

sábado, 17 de junio de 2017

¿Te arrepientes por algo? Es tu oportunidad de crecer

 
 
© Cirofono / Flickr / CC
Joven arrepentida

La culpabilidad en general puede ser curativa en ocasiones, fructífera y fecunda

Muchas veces pongo en mí toda la confianza. Es como si dudara del poder de Dios en mi vida. Y tal vez por eso, cuando fracaso y no llego, me siento culpable. Pienso que no estoy a la altura esperada al no lograr lo que soñaba. 

El sentimiento de culpa es sano. Hoy parece que se ha perdido. Nadie se siente responsable de lo que hace. La culpa siempre es de los otros. El padre José Kentenich habla de la importancia de tener un sano sentimiento de culpa: “Estoy personalmente convencido de que el mundo de hoy está nervioso, enfermo hasta la médula. ¿Por qué? Porque carecemos de un sano sentimiento de culpa. La educación en el sentimiento de culpa es una de las cuestiones esenciales, incluso diría, casi la única forma actual de sanación

La falta del sentimiento de culpa me enferma. Tal vez es uno de esos golpes de péndulo. Se ha acentuado tanto en otras épocas la culpa, que ahora no existe, porque creemos que es más sano. Pero no es así. Es verdad que los escrúpulos enfermizos quiebran el alma. Pero ahora predomina lo contrario. 

Cuesta encontrar pecados. Me encuentro con personas que no se sienten pecadoras. No hacen nada malo. No hieren a nadie. No cometen grandes pecados. Por eso a veces prefieren entrar en disquisiciones para saber cuándo un pecado es mortal o venial. Quieren saber si algo es grave o no lo es. 

Buscan un baremo objetivo para decidir si pueden o no recibir el Cuerpo de Cristo. Creen que es mejor así. Algo más claro. Una regla general que me diga si puedo o no puedo hacerlo. Alguien desde fuera que juzgue mi alma. Tal vez porque he perdido la sensación de ser realmente culpable de mis actos. Y no logro mirar bien mi corazón. 

Tal vez sea verdad que algo en mi alma está enfermo. Y esa herida no me permite decidirme de forma consciente y libre en mis actos pecaminosos. Son otros los que me hacen pecar. Son las circunstancias difíciles que me toca vivir. O es la misma Iglesia que me pide un ideal tan imposible que yo no estoy a la altura. Entonces mejor no me confieso y sigo comulgando. No tengo culpa. No me siento culpable. 

Me parece interesante la reflexión del Padre Kentenich. Tengo claro que los escrúpulos enfermizos acaban enfermando mi corazón. Pero me llama la atención que el otro extremo también me enferme. 

Cuando no encuentro culpa en nada de lo que hago. Cuando no asumo mi responsabilidad. Cuando no tomo en serio mis actos. Cuando no reparo el daño causado. 


No tomo las riendas de mi vida y dejo que mi pecado me esclavice. Lo que hago mal normalmente enturbia mi alma. Mi ira, mi envidia, mi egoísmo. Hay pecados que me dejan muy herido. Pero a veces los justifico. El pecado o la situación de pecado en mi vida pueden llegar a debilitar ese lazo que me ata a Dios. A veces sin darme cuenta me alejo. 


Vivo en el barro, apegado tanto a la tierra, que se cortan mis alas. Dejo de aspirar a lo más alto. Dejo de soñar. E identifico la santidad con una vida sin pecado. Personas santas y puras demasiado lejanas.
Creo que reconocer mi propia culpa me sana. Mi responsabilidad en mis actos. Normalmente hay pecados que son manifestaciones externas de una ruptura interior, de una herida más honda que llevo dentro. 


A veces busco la confesión para limpiar esa mancha exterior. Pero no ahondo. No entro dentro de mi alma para ver el origen del pecado. Que se encuentra en mi herida de amor. En esa ausencia de paz en mi alma. Y de esa herida brotan mi rabia, o mi egoísmo, o mi lujuria, o mi envidia, o mis celos. Intentando compensar esa falta de amor, de reconocimiento.


Y no toco esa misericordia de Dios. Porque tapo la culpa. Y no me dejo perdonar. No me reconozco necesitado del perdón de Dios. Y les echo a otros la culpa. Estoy así porque otros no me han tratado bien. No me han querido. No me han respetado. No me han cuidado. Y sangro por mi herida.


Y me siento inocente de lo que hago. Del dolor que nubla mi mirada. Y mis actos no me parecen graves. Porque también otros los hacen. Veo entonces la Iglesia como un conjunto de normas que marcan los límites de mi vida. Y yo vivo en medio de los límites. Tratando de no excederme en nada.


Pero me cuesta experimentar la culpa como un sentimiento sanador. Quiero asumir las consecuencias de mis actos. Tomar en serio la fuente de mi pecado, mi propia herida.


Lo que al final me sana es tocar con mis manos la misericordia de Dios que me absuelve, me levanta. Entonces la comunión deja de ser un premio por mi buen comportamiento. Es una medicina para mi alma enferma, que no se sana sólo limpiando un poco la suciedad de algunos pecados. Es algo más hondo.


Ese sentimiento de fragilidad, de culpabilidad, bien entendido, sana mi corazón enfermo. Ese abrazo de Dios a mi alma caída. Ese vuelo en el que me sostiene la mano grande de un Padre. Es entonces una culpabilidad bien entendida.




Es el arrepentimiento el que siembra en el corazón el deseo de crecer: “Es verdad que la culpabilidad en general puede ser curativa en ocasiones, fructífera y fecunda. Pero entonces se trata de arrepentimiento más que de culpabilidad. El arrepentimiento es el que hace conocernos mejor, objetivamente. Porque es la verdad la que nos salva y nos hace progresar. El arrepentimiento no nos hunde. El arrepentimiento nos hace reconocer que debemos mucho a los demás, porque nos ayudan a sobreponernos, no dándoles importancia cuando realmente somos la causa de nuestros errores y sobrellevándolos con amor”.
Esa experiencia del que se sabe salvado porque su pecado ha dañado el corazón por dentro y necesita volver a empezar. Esa gracia de la misericordia me cura por dentro cuando me dejo. Cuando toco mi fragilidad. No cuando no me siento culpable de nada. No cuando me siento con derecho a recibir a Jesús. Digno de su amor infinito.  

Merecedor de un abrazo por haber superado tantas tentaciones y haber permanecido incólume en la prueba.

Temas de este artículo:
moral

sábado, 3 de junio de 2017

No vivas sólo para tus hijos

10 “tips” que pueden ayudarnos a educar de manera correcta a los hijos y enseñarles el verdadero sentido de la vida

Por: Laura Costas Labarthe | Fuente: www.somosrc.mx




  
¿Qué podemos entender con estas palabras? ¿Es que los padres no tenemos la obligación y el deber de “hacer todo” por nuestros hijos?
Depende de lo que se entienda por “vivir sólo por los hijos”. Pensemos en la historia de Jaime, un chico inteligente y simpático con un potencial para convertirse una persona valiosa para él mismo, su familia y la sociedad.
Pablo, desde que nació fue el amor de su padre, no hubo juguete, reloj, viaje, capricho, que no le fuera cumplido de inmediato por su papá. Terminó una carrera pero no ha tenido un solo empleo en su vida. Actualmente, Jaime es un hombre casado al que su padre le resuelve todo. Sin empleo, mantiene a su familia subsidiado con la tarjeta y fondos que papá tiene siempre a su disposición.
Por supuesto que este padre ama profundamente a su hijo, pero con un amor asfixiante que no le ha permitido realizarse, crecer, independizarse. Y, lo más triste: Jaime no es feliz. ¿Qué aprendizaje nos deja esta historia?
A continuación propongo 10 “tips” que pueden ayudarnos a educar de manera correcta a los hijos y enseñarles el verdadero sentido de la vida:


1.- No des a tus hijos todo lo que te pidan

Esto comienza desde que son pequeños. No te prives de algo que quieras o necesites, no corras a la tienda, aunque tu situación económica te lo permita, con tal de darle el último juguete que salió al mercado. Todos hemos visto clósets saturados de juguetes rotos y descuidados, que sirvieron para entretener unas horas a los niños.

2.- Enséñalos a tolerar la frustración

En la vida real, no nos es posible conseguir todo lo que deseamos en el momento que lo queremos, a costa de lo que sea. Los niños que crecen pensando que así será su vida, tiene serios problemas cuando crecen y se enfrentan a la realidad. La frustración es inevitable, no los prives de aprender a tolerarla y manejarla.

3.- Normas y consecuencias

Desde muy temprana edad, establece límites, no esperes a que tengan tres años de edad para comenzar. Las normas señalan un camino, camino que deberá ser lo suficientemente ancho para que el niño tenga opciones y lo suficientemente bien definido para que crezca sabiendo que si brinca los límites, tendrá que aceptar la consecuencia de su conducta.

4.- Responsabilidad

Responsabilidad ante sus acciones, ante sus responsabilidades familiares, que deben comenzar en los primeros años, proporcionadas en cada etapa de su desarrollo. Responsabilidad en el colegio, cumplir con trabajos y tareas solicitadas y, si no lo hiciera, permite que sufra las consecuencias y no vayas a reclamarle al maestro. Dales la oportunidad de vivir y respirar, equivocarse y aprender de sus errores. Así podrá crecer y desarrollarse en la vida. Dale raíces para que tenga seguridad, autoestima y sentido de pertenencia. Dale alas para que pueda volar cuando llegue el momento.

5.- Respeto

Es deber de los padres dar ejemplo e inculcar en sus hijos el respeto a todas las personas, comenzando en familia. Respeto a la autoridad de sus padres, a sus abuelos, maestros, directivos de escuelas, etc. Respeto entre todos y cada uno de los miembros de la familia, respeto a las personas que nos ayudan en el hogar, a la cajera del supermercado, al “viene-viene” que acomoda el coche…
Es muy triste ver pequeñitos “tiranos” a los que sus papás obedecen; adolescentes que faltan al respeto a sus padres y al que se atreva a ponerles un límite.
Es triste ver niños, adolescentes y jóvenes prepotentes, que “siempre tienen la razón”, que faltan al respeto a sus padres y maestros y, lo más grave, con la aprobación de los mismos papás.
Recuerda, tú eres la autoridad, el responsable de la formación de tus hijos, no su “cuate”. En la vida hay normas, leyes, jefes, autoridades, límites, orden…Prepara a tus hijos para vivir en el mundo real.

6.- Comunicación

Establecer en la familia una comunicación respetuosa, franca y asertiva. Saber y respetar lo que cada uno piensa, quiere y lo que le disgusta. Aprender a escuchar.
Estar de acuerdo en “no estar de acuerdo”. Tratar de no ofenderse unos a otros y, cuando suceda, tener la nobleza de pedir una disculpa.
No olvidar las cuatro palabras claves: ¿Puedo?, Por favor, Gracias, Perdón.

7.- Valores

Los valores sembrados en familia permanecen en el corazón de las personas. Al llegar a la juventud, cada uno va encontrando su camino, camino que, de alguna manera, será apoyado por los valores vividos en casa. Valores humanos y morales. Los hijos deben tener clara la diferencia entre el bien y el mal, en esta época en que todo se ha vuelto relativo y los parámetros de vida van esfumándose cuando no los tenemos claros. Amor es el valor fundamental y éste lleva al perdón.
Y, no olvides que los abuelos son fuente de seguridad y permanencia, son las raíces de la familia, la experiencia y la sabiduría. Son sembradores de valores y tradiciones.

8.- Vida de pareja

El mejor regalo que los padres pueden dar a sus hjos es vivir una vida de pareja plena. No siempre es posible por distintas circunstancias, pero cuando lo es, cultiva el amor de pareja, recuerda, tarde o temprano los hijos se van, se casan, se cambian de ciudad y te quedas solo con tu cónyuge. Haz que valga la pena.

9.- Espiritualidad

El hombre es materia y espíritu. Es importante atender las dos áreas, siendo la espiritual la que da sentido de trascendencia. Cualesquiera que sean tus creencias, son un tesoro para la realización y la felicidad de las personas.

10.- Alegría y paz

En un hogar dónde se respira la alegría, la vida es plena, divertida, generosa, compartida. La alegría es fruto de un corazón abierto, fruto del servicio a los demás, de la paz del alma.

sábado, 27 de mayo de 2017

Cómo desarmar el berrinche de tu hijo con una pregunta


Un consejo valioso para la educación de los pequeños

Yo no he leído todos los libros de psicología infantil, ni he hecho ningún curso de cómo evitar / interrumpir / acabar con el berrinche de un hijo. Pero a causa de una experiencia personal relacionada con mi hija de 5 años, quisiera compartir contigo una “fórmula” que aprendí recientemente para que logres cambiar el rumbo de las cosas con tus hijos que insisten en hacer un drama por cualquier cosa.
Antes que nada, necesito contarte una historia. Mi hija entró a la guardería, y estaba un poco ansiosa, siempre repetía que no iba a hablar sobre las primeras semanas de escuela, quedándose un poco nerviosa. Y ese comportamiento terminó saliéndose de control en casa: ella aumentó los momentos de hacer drama por cualquier cosa, incluso las más simples.


Por indicación de la escuela, buscamos una psicóloga infantil para algunas sesiones, para que Alice pudiera hablar sobre lo que estaba sintiendo y así las cosas pudieran calmarse.
De entre los varios consejos que la psicóloga Sally Neuberger dio, uno me pareció fantástica, a pesar de ser simple, y es exactamente por eso que me gustaría contarlo aquí.
La psicóloga me explicó que necesitamos hacer que el niño se sienta respetado, en el sentido de dar valor a lo que él está sintiendo. Y así, a la hora de una crisis, sea por el motivo que sea, un niño a partir de los 5 años necesita ser atendido, es decir,  pensar y encontrar la respuesta sobre lo que le está sucediendo.

Esta valoración que hacemos sobre lo que le está pasando y, al mismo tiempo, el hecho de incluirlo en la solución de la cuestión desmonta la creación del caso.
De forma más objetiva: cuando empieza un berrinche – sea porque el brazo de la muñeca se salió de su lugar, sea porque es la hora de dormir, sea porque la tarea de la casa no salió del modo como quería, sea porque no quiere hacer una tarea– sea el motivo que sea, podemos hacerle la siguiente pregunta al niño, mirándolo a los ojos y con bastante calma: “¿Este es un problema grande, un problema mediano o un problema pequeño?”.


Esos momentos de pensar al respecto de lo que sucede a su alrededor, sinceramente, por lo menos aquí en casa, se volvieron mágicos. Y todas las veces que hago la pregunta ella responde, y se encuentra la manera de resolver el problema a partir de su percepción de dónde buscar la solución.
Uno pequeño es siempre rápido y tranquilo de resolver. Uno que el niño considere mediano, muy probablemente será resuelto pero no en el mismo instante y él entenderá que hay cosas que necesitan algún esfuerzo para que sucedan. Si un problema fuera grave –y obviamente que grave en la cabeza de un niño no puede ser algo que se desprecie aunque a la gente le parezca tonto– tal vez requiera más conversación y atención para que entienda que hay cosas que no salen exactamente como uno quiere.


Podría dar varios ejemplos de cuándo uso esta preguntita últimamente. Uno de ellos fue a la hora de escoger la ropa para ir a la escuela. Aquí no llevan uniforme. y muchas veces mi hija hace una escena para escoger la ropa, especialmente ahora en que es necesario llevar ropa de frío.
Para resumir: ella quería unos pantalones, sus preferidos se estaban lavando, empezó a llorar y yo firme: Alice, ¿este es un problema grande, mediano o pequeño? Ella, sin mucha gracia, mirándome, dijo bajito: “Pequeño”. Y yo una vez más le expliqué que ya sabíamos que los problemas pequeños son fáciles de resolver.


Le pedí su sugerencia sobre cómo resolveríamos este problema pequeño (aprendí que es importante darle tiempo para que ella piense y responda) y ella: “Escogiendo otro pantalón”. Y yo añadí: “¿Y tienes más de un pantalón para escoger?”. Ella sonrió y fue a buscar otro pantalón.
La felicité por haber resuelto el problema porque, claro, dar valor a la solución es una parte imprescindible para cerrar la historia.


Pienso que no existen los milagros en la educación de los hijos. El otro día estaba pensando que realmente es una verdadera historia esta misión de poner gente en el mundo: atravesar todas las fases, andar caminos que a veces nos hacen caer en emboscadas, tener la humildad de volver atrás y retomar otra senda. Este texto es sinceramente una gran voluntad de compartir una luz que apareció en mi camino de mamá y espero de corazón que te sirva a ti también.



Por Fabiana Santos, periodista, casada, madre de Felipe, de 11 años, y de Alice, de 5. Ellos viven en Washington DC. Las respuestas al “problema pequeño” están subiendo como espuma y ahora Alice hasta ríe avergonzada con el inicio de un berrinche sin sentido. Ya hubo veces en que ella fue sincera en decir: “Pienso que eso ni siquiera es un problema, mamá”.
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Por TSMM

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