sábado, 18 de agosto de 2018

Niños a la carta

El nacimiento de un nuevo ser ya no suscitará sorpresas ni preguntas: «¿Cómo es?».

Por: Juan Jesús Priego | Fuente: yoinfluyo.com




-¿A quién se parece? ¿Podemos verlo? -preguntan las tías, los abuelos, los hermanos. Y, al formular esta pregunta, ejecutan un rito tan importante como el anterior: el del respeto al destino. Y vuelven a preguntar, profundamente intrigados:
-¿Cómo es?
Les parece imposible imaginárselo, puesto que nunca antes, desde que el mundo es mundo, ha habido un niño como él, y nunca más lo habrá: este pequeño ser es la novedad pura, la originalidad hecha carne.
-¿Podemos entrar a verlo?
Todavía no lo conocen, pero ya lo aceptan.


A partir de fechas próximas, sin embargo, con la manipulación de los genes, que será (y lo es ya, de hecho) prácticamente posible, las cosas cambiarán de un modo radical: ahora los padres podrán elegir como en una especie de menú todas y cada una de las características de sus hijos: ojos azules en lugar de cafés, verdes en lugar de negros, 1,78 de estatura en vez de 1,67, nariz aguileña en vez de nariz recta. En los nuevos supermercados genéticos todas las combinaciones serán posibles y todos los caprichos realizables. 


Asistiremos a la era de los bebés por catálogo, de niños a la carta y, con ella, al fin del estupor.



El nacimiento de un nuevo ser ya no suscitará sorpresas ni preguntas. («¿Cómo es?»). Los niños serán simplemente como los padres hayan decidido que sean. En este nuevo Mundo feliz, la única sorpresa posible consistirá en que por algún infortunado accidente en el proceso, los caprichos no se realicen con la exactitud deseada, dando lugar a profundas insatisfacciones por parte de los padres:
-Pero, ¿por qué tiene los ojos negros si yo los quería azules? ¡Maldita sea!



Los hijos por catálogo serán quizá más fuertes y más bellos; en una palabra, tal vez más perfectos, genéticamente hablando, que los jóvenes de las generaciones anteriores, pero también más inseguros y más deprimidos que todos los que los precedieron: vivirán siempre en el temor de no ser queridos más que por el color de sus ojos o el tamaño de su mentón.
-


Papá: si hubiese medido diez centímetros menos de lo que mido, ¿me habrías querido lo mismo?


He aquí una pregunta que con todo derecho podrán hacerse cuando crezcan los hijos de las próximas generaciones, generaciones a las que les será negada por primera vez y de manera sistemática la experiencia del amor incondicional.


Yendo más allá, acaso también vivan en el rencor, en ese rencor nacido de las relaciones desiguales, pues si bien es cierto que los padres podrán elegir a sus hijos, también es verdad que éstos no podrán elegir a sus padres. ¿Se ha pensado suficientemente en ello? 

Mientras que los primeros gozarán de una libertad sin límites, acósmica, por llamarla de algún modo, a los segundos no les quedará más remedio que la aceptación callada, es decir, nada más que la resignación.



Los padres serán vistos entonces como una imposición del destino. Del destino, sí, precisamente cuando el destino parecía estar ya abolido de una vez por todas. Y serán odiados o abandonados con la misma violencia con que rechazamos aquello que nos es impuesto sin motivo alguno.


Si nos aceptamos es porque no tuvimos la oportunidad de elegirnos. Pero cuando podamos elegirnos, ¿por qué habremos de aceptarnos si no nos gustamos?


En la era de los niños a la carta será muy difícil, si no es que hasta imposible, practicar eso que Romano Guardini llamó en uno de sus libros la aceptación de sí mismo. El hombre de otras décadas podía ver en cada una de sus peculiaridades físicas o psíquicas la manifestación de un querer que lo trascendía: de un querer divino, para decirlo ya («Dios me hizo así, y Él sabrá por qué»). Pero los hombres del futuro se sentirán nacidos de un mero capricho humano. Y, siendo así, ¿cómo podrán aceptarse a sí mismos en calidad y profundidad? Les faltará esa especie de escala de Jacob que les permita remontarse al cielo para explicar el misterio de su ser.



Ahora bien, ¿aceptarán éstos sin desesperarse ser hijos sólo de la tierra? ¿No faltará a sus vidas esa raíz metafísica que es lo único a lo que puede agarrarse un hombre presa del vértigo, un individuo a punto de caer en el vacío? He aquí un buen número de preguntas que hay que responder antes de lanzarnos a una aventura (genética) de la que aún ignoramos, prácticamente, casi todas las consecuencias.

sábado, 11 de agosto de 2018

Madres santas

Una pequeña selección de mujeres, que como madres, sembraron semillas de santidad en sus hijos


Por: Xavier Villalta A. | Fuente: Catholic.net




Sin duda, una de las más grandes vocaciones ("sublime vocación" la llamaría San Juan XXIII), es la de ser madre. Y es que son muchas cosas las que la hacen ser única y particular: llevar al hijo en el vientre, el parto y sus dolores, la cercanía con los hijos, las continuas manifestaciones de afecto, etcétera. Y la vocación maternal puede ser todavía más sublime, cuando la madre engendra y educa un hijo que después se convierte en un modelo de vida para la Humanidad.


En esta ocasión presentamos una pequeña lista de grupo de mujeres, que que con su ejemplo y vocación, sembraron la fe en Cristo en el corazón de sus hijos.  (Con la clara exepción, en este punto, de la Santísima Virgen María).
 

Santa Ana, madre de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, cuyo nombre se conserva gracias a la tradición de los cristianos.
 


La Virgen María, los Padres del Concilio de Efeso la aclamaron como Theotokos (Madre de Dios), porque en ella la Palabra se hizo carne, y acampó entre los hombres el Hijo de Dios, príncipe de la paz, cuyo nombre está por encima de todo otro nombre.
El 13 de mayo de 1917, en Portugal. En la localidad de Aljustrel, la contemplación de la que, en el orden de la gracia, es nuestra Madre clementísima, suscita en muchos fieles, no obstante las adversidades, la oración por los pecadores y la profunda conversión de los corazones.
 

Santa Nona de Nacianzo, esposa de san Gregorio el Viejo y madre de los santos Gregorio el Teólogo, Cesáreo y Gorgona († 374).


 

Santa Mónica, muy joven todavía, fue dada en matrimonio a Patricio, del que tuvo hijos, entre los cuales se cuenta a Agustín, por cuya conversión derramó abundantes lágrimas y oró mucho a Dios. Al tiempo de partir para África, ardiendo en deseos de la vida celestial, murió en la ciudad de Ostia del Tíber († 387).
 

Santa Matilde, esposa fidelísima del rey Enrique I, la cual, conspicua por la humildad y la paciencia, se dedicó a aliviar a los pobres y a fundar hospitales y monasterios. († 968)
 

Santa Isabel de Hungría, siendo casi niña se casó con Luis, landgrave de Turingia, a quien dio tres hijos, y al quedar viuda, después de sufrir muchas calamidades y siempre inclinada a la meditación de las cosas celestiales, se retiró a Marburgo, en la actual Alemania, en un hospital que ella misma había fundado, donde, abrazándose a la pobreza, se dedicó al cuidado de los enfermos y de los pobres hasta el último suspiro de su vida, que fue a los veinticinco años de edad († 1231).
Santa Ángela de Foligno 

Santa Ángela de Foligno, después de la muerte de su esposo y de sus hijos, siguió las huellas de san Francisco, entregándose totalmente a Dios, y escribió un libro, en donde cuenta las experiencias de su vida mística († 1309).
 

Beata Margarita Pole, madre de familia y mártir, que, siendo condesa de Salisbury y madre del cardenal Reginaldo, fue decapitada en la cárcel de la Torre de Londres en tiempo del rey Enrique VIII por haber desaprobado su divorcio, encontrando así reposo en la paz de Cristo († 1541)


 

Beata María de la Encarnación Avrillot, ejemplar madre de familia y mujer sumamente devota, que introdujo el Carmelo en Francia, fundó cinco monasterios y, muerto su esposo, abrazó la vida religiosa. († 1618)
 

Santa Luisa de Marillac, viuda, que con el ejemplo formó el Instituto de Hermanas de la Caridad para ayuda de los necesitados, completando así la obra delineada por san Vicente de Paúl († 1660).

María de la Encarnación Guyart, siendo madre de familia, después de la muerte de su esposo confió a su hijo, aún pequeño, a los cuidados de su hermana e, ingresando en las Ursulinas, estableció la primera casa de este Instituto en Canadá, distinguiéndose por su actividad († 1672).
 

Beata Ana María Taigi, madre de familia, que, víctima de la violencia de su marido, cuidó de él y de sus siete hijos, educándolos convenientemente, y se distinguió, además, por su atención a las necesidades espirituales y materiales de los pobres y de los enfermos († 1837).

Santa Joaquina de Vedruna, madre de familia, educó piadosamente a sus nueve hijos y, una vez viuda, fundó el Instituto de las Carmelitas de la Caridad, soportando con tranquilidad de ánimo toda clase de sufrimientos hasta su muerte, que ocurrió por contagio del cólera († 1854).
 

Santa Celia Guérin, esposa de Luis Martin y madre de santa Teresa del Niño Jesús, que con su marido son ejemplo de matrimonio cristiano († 1877).
 

Santa Gianna Beretta Molla, madre de familia, que, esperando un hijo, no dudó en anteponer con amor la vida de la criatura a la suya propia. († 1962)
Beata María Beltrame Quattrocchi 

Beata María Corsini (Beltrame Quattrocchi), que, siendo madre de familia, ilustró de modo conspicuo a la familia de Cristo y a la sociedad, viviendo ejemplarmente su vida matrimonial y mostrando su comunión de fe y amor hacia el prójimo († 1965)

Enseñarás a volar...pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar...pero no soñarán tus sueños.
Enseñarás a vivir...pero no vivirán tu vida.
Enseñarás a cantar...pero no cantarán tu canción.
Enseñarás a pensar...pero no pensarán como tú.
Pero sabrás que cada vez que ellos vuelen, sueñen,vivan, canten y piensen...
¡Estará en ellos la semilla del camino enseñado y aprendido!

Madre Teresa de Calcuta

sábado, 4 de agosto de 2018

La Transhumanización: el mejor enemigo

¿Qué tiene la eugenesia que ver con la transhumanización?

Por: Martín Michel Rojas Rojas | Fuente: Catholic.net




Una vez en una conferencia de genética, el ponente me sorprendió con una pregunta al parecer simple pero de una profunda respuesta que me equivoqué al responder - ¿Cuál es el promedio de vida actual de un varón? - yo solo pensé rápido, “la ciencia afirma que es menos que el de una mujer, así que creo que por ahí de los 70 años”. El ponente sonrió y dijo al público, ese dato es correcto pero del siglo pasado, hoy con la ayuda de la medicina y la tecnología al servicio del hombre, el promedio de vida es hasta los 90 años.


Suecia lleva años implementando la eugenesia a su población y prolongando los años de vida de sus adultos mayores, esto en palabras simples es que ha seleccionado a los ciudadanos más sanos del país, y los ha incetivado para que tengan muchos hijos, al mismo tiempo ha seleccionado a los ciudadanos con menos probabilidad de tener hijos sanos, y los ha esterilizado, inclusive a madres que están a punto de dar a luz y que se detectó que el bebé vendrá con alguna mal formación o deficiencia, se promueve todo para que aborten, esto con la finalidad de que la raza sueca esté limpia de genes que puedan ocasionar futuras enfermedades que no prolonguen la vida de sus ciudadanos y así evitar generaciones “indeseables”.


Tan polémico ha sido esto que debido a una investigación que salió a la luz, se sabe que por lo menos la mitad de los estimados 12 000 afectados por una esterilización involuntaria, han acudido ante el gobierno a demandar alguna indemnización, personas hoy en día entre 50 y 60 años, a lo que el gobierno sin ninguna objeción ha accedido a recompensar.


Pero, ¿qué tiene la eugenesia que ver con la transhumanización? Pues mucho, ya que ambas van de la mano y la idea surge del perfeccionamiento del hombre en todos los sentidos, sin errores. Podemos entender al transhumanismo como un movimiento intelectual y cultural que sostiene la posibilidad y obligatoriedad moral de mejorar las capacidades físicas, intelectuales y psíquicas de la especie humana, mediante la aplicación de la inteligencia artificial y de la eugenesia. Su finalidad es eliminar todos los aspectos indeseables de la condición humana como la enfermedad, el sufrimiento, el envejecimiento e incluso la muerte. Persigue llegar así a una especie transhumana superior.


Si lo analizamos de manera general, algo muy similar hace la biotecnología con la creación de prótesis, nanotecnología para auxiliar operaciones, y hasta con la nueva noticia de órganos artificiales como lo es el riñón  biónico, dejando atrás a la hemodiálisis. Claro que todo esto para apoyar al ser humano que lo necesita, más no para el que simplemente estando bien, quiere sobrepasar su capacidad humana, y “poder estar mejor”.


No es lejano el caso, uno muy conocido es el de la atleta británica Danielle Bradshaw, quien teniendo la pierna derecha amputada por una discapacidad desarrollada de nacimiento, tiene una prótesis que le permite hacer su vida normal y no limitarla a la silla de ruedas, tanto que inclusive Danielle eligió ser atleta y correr en competencias, destacando de manera prominente. Sin embargo, en el 2014 hizo una declaración al periódico local en donde vive, afirmando “necesito que me amputen la pierna ‘buena’ para mejorar mis tiempos”, todo esto debido a que al parecer las prótesis la hacen más rápida, sobrepasando las marcas normales.


La transhumanización o transhumanismo pretende ir más allá de las fronteras de lo que significa un ser humano, desde microchips cerebrales de ciencia ficción que extiendan la memoria hasta  cyborgs que sustituyan todo el organismo con el fin de alcanzar la inmortalidad. Todo se justifica y no existe ninguna barrera ética que le impida su cometido para formar al “superhombre” o la “supuesta mejor versión de si mismo”. 

Muchos aficionados a esta idea la han defendido y hasta encarnado, como por ejemplo, el caso del filósofo, Feridoun M. Esfandiary, quien escribió varios libros acerca del tema, muriendo preservado criónicamente bajo el nombre futurista FM-2030, ya que pensaba que en ese año la tecnología habría alcanzado tal avance que le permitiría una longevidad indefinida al ser reanimado, cuestión por la que su cuerpo permanece congelado.


Al parecer, el ser humano está condenado ha extralimitarse, error que siempre el sabio orden de la naturaleza llega ha responder, solo esperemos que esa respuesta no sea tan severa que el hombre ya no pueda hacer nada para poder detener al enemigo, pues aparenta ser mejor que nosotros.

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Tomado de: https://elpais.com/diario/1998/08/19/internacional/903477613_850215.html
Tomado de: https://www.runners.es/noticias/actualidad/articulo/danielle-bradshaw-quiere-que-le-amputen-la-pierna-para-ser-mas-rapida-y-correr-en-los-juegos-paralimpicos
Tomado de: http://www.enciclopediadebioetica.com/index.php/todas-las-voces/301-la-transhumanizacion-o-el-transhumanismo-perspectiva-etica-y-bioetica

sábado, 28 de julio de 2018

5 peligros para los adolescentes en las redes sociales

Algunos de estoss peligros no son tan evidentes

Por: BJ Foster | Fuente: Religión en Libertad




BJ Foster, padre de dos hijos y director de contenidos de la web para padres AllProDad.com, ha elaborado un listado de 5 peligros que amenazan a los adolescentes en las redes sociales y que muchos padres no han tenido en cuenta. 
"En lo que se refiere a tecnología y adolescentes, normalmente las cosas peligrosas que vienen a la mente son el 'sexting' [hacer circular fotos de desnudos propios o con contenido erótico], los depredadores online y el ciberabuso [acosar a alguien con amenazas e insultos por Internet o el móvil]". Todos son tremendamente dañinos, más comunes de lo que piensa la gente y hay que hablar de ellos". 
"Sin embargo, hay otros peligros sutiles, cotidianos, en las redes sociales que son desconocidos, ignorados o minimizados. Necesitamos educar a los adolescentes y establecer límites adecuados para que estén a salvo. He aquí las cosas peligrosas que hacen los chicos en las redes cada día".  

1. Fotos de fiestas
Ir de fiesta ya tiene bastante riesgo en sí. Pero otra cosa es publicar tus actividades (especialmente las ilegales) para que las vean tus amigos, familiares, enemigos y futuros contratantes. Los adolescentes no piensan... excepto en recibir hoy algo de atención. Hay tres preguntas que deberían plantearse antes de publicar algo: 


  • ¿Te sentirías cómodo si tu futuro jefe o director de tu escuela lo viera?
  • ¿Te parece bien que tu abuela vea esto?
  • ¿Puede usarlo contra ti alguien que esté en tu contra?
2. Compararse
Es difícil no comparar nuestras vidas con las de otros cuando todo se publica online. Para los adolescentes, las redes sociales rápidamente se convierten en un espectáculo, un lugar para que parezca que tu vida es más emocionante que la de otros. Consisten en construir una imagen. El problema es que alimentan el "embellecer", es decir, una forma sutil pero poderosa de mentir
Cuando mentimos se debilita nuestro verdadero sentido de identidad y pertenencia. Esas son las dos cosas más importantes que los adolescentes están desarrollando. Al enfocarse en crear fantasía, en vez de asumir su verdadero ser, se debilita su madurez.

3. Vestimenta sobresexualizada
Los adolescentes, especialmente las chicas, enseguida descubren que su sexualidad recién descubierta puede usarse para lograr atención e incluso para manipular. Las redes sociales dan una mayor audiencia a ambas cosas. Da la sensación de tener poder... pero sin la madurez para autoregularse. Se aplican las mismas consecuencias que en los puntos anteriores. 

4. Intentar llegar a ser un video viral
Muchos adolescentes quieren ser la nueva sensación del Internet. Por desgracia, para eso has de hacer algo extremista.  Demasiado a menudo eso significa hacer cosas físicamente peligrosas o humillantes. No solo pueden sufrir heridas o incluso la muerte haciendo eso, sino que no están preparados para las consecuencias si esos vídeos se suben a la red. 
5. Humillar a otros públicamente
"Por desgracia, no se trata solo de un problema adolescente, sino que es un problema para todos", explica Foster. "Recuerdo cunado leía el libro 1984 y siempre pensaba que el Gran Hermano sería el gobierno. En realidad lo somos nosotros con nuestras cámaras en el móvil y hambre de atención. Cada vez que alguien hace algo avergonzante o falto de integridad, hay quien los graba y lo publica sin pensárselo más. Yo creo que hay que rendir cuentas de forma apropiada, pero en cuanto esos vídeos se suben bajamos como pirañas a la sangre en el agua". 
"Un simple error, un lapsus en un juicio moral, rápidamente pueden convertirse en una vida arruinada. Hay sangre en nuestras manos cuando subimos un vídeo, lo compartimos o nos sumamos a un coro de comentarios llenos de odio que contribuyen a destruir personas. Los adolescentes siguen nuestro ejemplo, y no dejarán de hacer esto hasta que paremos nosotros". 
Este artículo fue publicado originalmente en allprodad.com
Adaptado y traducido por nuestros aliados y amigos:
ReligionEnLibertad.com

sábado, 21 de julio de 2018

Pleitos con el todopoderoso

A menudo estoy a favor de Dios, a veces contra él, pero nunca sin Él.

Por: Juan Jesús Priego | Fuente: yoinfluyo.com



Practica de orar

Describiendo las costumbres de un pueblecito judío de la Europa oriental, Joseph Roth (1894-1939), el famoso novelista centroeuropeo, dice lo siguiente a propósito de la oración de sus sufridos moradores:


«No hacen a Dios una visita solemne, pero tres veces al día se recogen en torno a su rica o pobre santa mesa. Cuando dicen sus oraciones se rebelan, imprecan contra el cielo, se quejan de su severidad y celebran un proceso contra Dios mismo para después admitir que han pecado, que todos sus castigos son justos y que quieren ser mejores. ¡Es un pueblo antiguo que conoce a Dios desde hace mucho! Ha probado su gran bondad y su implacable justicia; a menudo ha pecado y duramente expiado, y sabe que podrá ser castigado, pero jamás abandonado».


A más de alguno podrá parecerle que la oración de aquellos judíos no era muy edificante que digamos. ¡Imprecar contra el cielo! ¡Como si tuvieran derecho! ¿De cuándo acá los patos tiran a las escopetas? Sin embargo, a riesgo de equivocarme, me parece que también esto es oración. Si el creyente no se queja con Dios de la dureza de la vida, de las dificultades de su existencia, ¿con quién va a ir quejarse: con la pared, o tal vez con el poste de enfrente? Si el creyente no puede ser sincero ni siquiera ante Dios, ¿podrían decirme ustedes con quién podrá mostrarse como es?


Hay quienes piensan que a la oración hay que ir como se va a una fiesta de gala, es decir, vestidos de etiqueta y maquillados para parecer más bellos de lo que en realidad somos; pero la oración es precisamente el único lugar donde no son necesarios los maquillajes ni las etiquetas. ¡Como si Dios no conociera nuestros pensamientos, sentimientos, rencores y rebeldías!


Decía Santa Teresa de Jesús (1515-1582): «No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (Vida, 8, 2). Sí, sin duda, pero mucho me temo que un hombre malherido por eso que llamamos el destino difícilmente podría hacer suya tan hermosa definición; la plegaria no siempre es un diálogo sabroso, sino a veces un proceso (como el que entabló Job, ganándolo) y un pleito.


Escribió Martin Buber (1878-1965), el filósofo judío, en uno de sus libros: «Todos los pueblos practican la oración, pero sólo Israel ha convertido la plegaria en un pleito con el Todopoderoso, una sucesión de preguntas y respuestas en las que el hombre interroga y Dios contesta». La oración como una lucha, como el combate de Jacob con el Altísimo: «No te soltaré hasta que no me bendigas, hasta que no me des la paz, o hasta que me dejes en paz».


Otro gran judío, Elie Wiesel, solía decir: «A menudo estoy a favor de Dios, a veces contra él, pero nunca sin Él».


Sí, hay que quejarse, hay que clamar al cielo cuando la severidad de Dios nos parezca desmedida; hay que celebrar incluso un proceso contra Dios mismo, para luego admitir que hemos pecado, que no hemos sido buenos, que queremos ser mejores.
Que Dios prefiere una oración de este tipo (lo que llamaríamos una oración rebelde) a una desesperación resignada es algo sabido desde los tiempos del santo Job.


Según cuenta Luca Ghiselli en su Diario (¡qué suerte habérmelo encontrado en una bancarella de libros usados, en Roma!), había una vez en un pueblo de Italia una anciana que a causa de la muerte repentina de una de sus hijas, andaba llorando por el vecindario, lamentándose y mirando hacia lo alto:

«¡Oh, Señor! –gemía la buena mujer-. ¡Me has dado el último golpe! ¡Ándate con cuidado, ándate con cuidado, que ya estoy cansada de ser tu burla!».


¿Oración blasfema? Nada de eso: así hablaba Job, y fue justificado. También él decía: «Siento asco de mi vida, voy a dar curso libre a mis quejas, voy a hablar henchido de amargura. Diré a Dios: no me condenes, explícame por qué me atacas. ¿Te parece bien oprimirme, despreciar la obra de tus manos?... Tus manos me formaron y me hicieron, ¿y ahora, en un arrebato, me destruyes?... Con la furia de un león me das caza, renuevas tus ataques contra mí. ¿Por qué me sacaste del vientre? ¡Qué breves los días de mi vida! Aléjate de mí, déjame gozar un poco antes de que marche y no vuelva al país de las tinieblas y las sombras, al país oscuro y en desorden, donde la misma claridad parece sombra» (Job 10, 1-22).


Sheila Cassidy, una teóloga que se ha pasado la vida entre las camas y los gemidos de los enfermos terminales en un hospital inglés, escribió hace no mucho: «Es importante que veamos claramente un asunto, que es el concerniente a la ira ante Dios. Debido a que estamos atemorizados frente a la majestad y poder de Dios, existe una tendencia natural a pensar que es blasfemo sentirse airado con él... Sin embargo, Dios prefiere la furia de Job a la meliflua sumisión de los Reconfortadores (cuatro hombres piadosos que le dicen a Job que Dios le está castigando y que debe cuidar su lenguaje). Y aún más, Dios, de hecho, escucha sus quejas, aunque su respuesta no sea exactamente la que Job esperaba».


Hablar, quejarse, confesar la propia amargura es ya una forma de consuelo. ¡Pobre del que en su dolor ha preferido quedarse callado incluso ante su Dios! Temo los dolores demasiado silenciosos, los temo mucho, pues es en medio de estos silenciosos donde se gesta la desesperación y se fraguan los suicidios.

sábado, 14 de julio de 2018

4 secretos para lograr que tu esposa sea feliz

Estoy firmemente convencido de que la felicidad de tu matrimonio crecerá si incorporas estos comportamientos en tu vida diaria con tu pareja

Por: Dave Willis | Fuente: Dave Willis´s Blog // Píldoras de Fe




De acuerdo amigos, voy a compartir con ustedes un secreto…Ustedes pueden tener un matrimonio feliz. Pueden ser esposos más felices, y probablemente pueden llenar de felicidad a su esposa en el proceso. Suena muy bien, ¿verdad? Y aquí viene la mejor parte…traer más felicidad a tu vida y a tu matrimonio es más fácil de lo que pensabas.
He compartido con parejas de diferentes partes del mundo y existe una tendencia consistente. Los esposos más felices han adoptado intencionalmente ciertos hábitos.
No puedo garantizar que estos hábitos van a funcionar para todos los matrimonios y tampoco estoy sugiriendo que sea imposible ser feliz si no hacemos todas estas cosas, pero estoy firmemente convencido de que la felicidad de tu matrimonio crecerá si incorporas estos comportamientos sin un orden particular,

1.- Prioriza las preferencias de su esposa antes que las propias.

Espero no haberte perdido con esto. Puedes estar en desacuerdo conmigo en tu mente o reclamando mientras lees esto, pero escúchame, no significa que tus preferencia no importen; es solo que al servir a tu esposa y poner primero sus preferencias antes que las tuyas infundirás una nueva vida en tu matrimonio, le darás a tu esposa la seguridad de saber que la adoras y que la aprecias y eso te traerá más felicidad a ti en el proceso.
Deja que ella escoja los colores de las paredes. Deja que ella seleccione el restaurante al que irán a comer.

Obviamente, deben considerar juntos las decisiones grandes que importan como principio básico, pero las pequeñas cosas, deja que ella escoja lo que quiera.
Cuando exigimos que las cosas a nuestra manera, no somos felices ni aun cuando las obtenemos, pero cuando decidimos servir primero a nuestra esposa, las haremos más felices a ellas y a nosotros mismos.

2.- Haz un cumplido a tu esposa cada vez que puedas.

Los esposos infelices están todo el tiempo criticando a sus esposas, lo que los hace infelices a ambos. Los esposos felices siempre parecen estar diciendo cosas como:
  • Eres tan hermosa.
  • ¡Me encanta lo que te hiciste en el cabello!
  • De verdad que soy un tipo afortunado.
  • Amo lo que hiciste en la casa.
  • Gracias por todo lo que haces para nuestra familia.
  • Me inspiras.
  • Eres una trabajadora incansable.
  • Eres una gran madre y eres una esposa maravillosa.
¡Debes ser un gran motivador, no un crítico! Resultaran ambos mucho más felices.

3.- Se fiel a tu esposa en la dimensión física y en la dimensión virtual.

En nuestro mundo encontramos imágenes cargadas de contenido sexual en todas partes, los esposos más felices están intencionalmente apartando sus ojos de cualquier otra mujer que no sea su esposa. La pornografía arrastra a muchos hombres, pero entre más profundamente se metan en la pornografía, más enojados se vuelven.

La pornografía nunca nos da satisfacción. Muchas veces crea disfuncionalidad e incluso depresión. Mantén tus ojos y tus pensamientos fijos en tu esposa.
Sé monógamo tanto con tu cuerpo como con tu mente. Tú y tu esposa probablemente serán mucho más felices como resultado de esto.

4.- Prioriza el tiempo con su esposa antes que sus pasatiempos y otros menesteres.

Los hombres podemos ser tentados a perseguir cosas como reconocimientos de carrera, mejorar nuestro rendimiento deportivo, pasatiempos, dinero e incontables cosas que no nos aman de la misma forma.
Nuestro tiempo es el valor más preciado que tenemos, y cuando lo invertimos en nuestro matrimonio, ¡siempre es un valor bien invertido!
Tu esposa estará más feliz de saber que tiene un lugar de prioridad en tu agenda y en tu corazón, ¡y tú también estarás mucho más feliz!
Este artículo fue publicado originalmente en: Dave Willis´s Blog
Adaptado y traducido  por Manuel Rivas para nuestros aliados y amigos:
PildorasDeFe.net

sábado, 7 de julio de 2018

Alexia González-Barros y González, Venerable





Sus virtudes heróicas fueron aprobadas por el Papa Francisco el 5 de julio de 2018

Por: n/a | Fuente: Alexiagb.org




Nace en Madrid, en una familia cristiana. Era la menor de siete hermanos.

Desde los cuatro hasta los trece años, cuando se declara su enfermedad, estudia en el Colegio “Jesús Maestro” de Madrid, de la Compañía de Santa Teresa de Jesús.

Hasta entonces, su vida es como la de cualquier otra chica de su edad: el colegio, sus amigas, sus aficiones (cine, deporte, lectura, música), su vida familiar.

Quienes la conocieron ponen de relieve su buen carácter, su alegría, la importancia que daba a la amistad y su profunda fe. También hablan del cariño que sentía por sus padres y hermanos y de cuánto agradecía la formación que había recibido de ellos.

Destaca en Alexia la devoción a su ángel de la guarda, al que trató siempre con una gran confianza, hasta el punto de ponerle nombre, porque no quería "llamarle Custodio como todo el mundo". Decide llamarle Hugo, porque, según afirmaba, "es un nombre perfecto para un custodio".

A partir de entonces, se sabe que lo invoca con frecuencia, y durante su enfermedad comenta a los que la rodean lo mucho que Hugo la acompaña y ayuda.

El 8 de mayo de 1979, coincidiendo con las Bodas de Plata de sus padres, hace la Primera Comunión en Roma, en la cripta de la Iglesia de Santa María de la Paz.

Al día siguiente, en la Plaza de San Pedro, al terminar la audiencia, Alexia se acerca a Juan Pablo II para entregarle una carta que le había escrito, y recibe del Santo Padre la señal de la cruz y un beso en la frente. Le quería mucho y rezaba frecuentemente por él.

Desde muy pequeña -y por propia iniciativa- cada vez que hacía una genuflexión ante el sagrario, decía: "Jesús, que yo haga siempre lo que Tú quieras".

Este deseo sincero le permite afrontar con espíritu cristiano la dura enfermedad que irrumpe en su vida, brusca e inesperadamente, en febrero de 1985, poco antes de cumplir 14 años: un tumor canceroso en las cervicales la deja en poco tiempo completamente paralítica.

 
Durante diez meses, sufre cuatro operaciones, una de ellas de diecisiete horas, soporta molestos aparatos ortopédicos, agotadoras sesiones de rehabilitación, tratamientos de radioterapia y quimioterapia, un importante dolor físico y la permanente inmovilidad.

A pesar de todo esto, Alexia no pierde la paz y la alegría, y así ofrece su alma al Señor, "muy feliz, de verdad, de verdad, muy feliz", en la Clínica Universitaria de Navarra el 5 de diciembre de 1985.