sábado, 3 de diciembre de 2016

María, la Virgen trabajadora

Las manos de María tenían la belleza que se refleja cuando han trabajado, consolado, se han tendido abiertas a los demás.

Por: El paraíso de Nazaret | Fuente: El paraíso de Nazaret




Siempre que pienso en el trabajo, me viene a la mente lo que San Pablo escribió al enterarse de que había algunos por ahí que se dedicaban a hacer el vago: “el que no trabaje, que no coma”. Bien dicho.

Desde que nuestros primeros padres tuvieron la desgracia de pecar, toda su parentela hemos tenido que cargar con las consecuencias. Una de ellas fue precisamente aquel: “comerás el pan con el sudor de tu frente”. Todos quedamos sometidos a la ley de trabajo y la fatiga.

Pero resulta que no todos los humanos han nacido con el pecado original. Hay dos excepciones: Jesús y María. Y en justicia, ninguno de los dos tenía que haberse ganado el pan con el sudor de su frente. Sin embargo, ambos prefirieron no reclamar para sí ese privilegio. Decidieron someterse al trabajo y al cansancio que conlleva. Y vaya si trabajaron y se agotaron durante su vida...

Así es, María fue muy trabajadora. Lo atestiguan claramente sus manos. Las manos de María.

Manos de una ama de casa. La primera en levantarse y la última al acostarse. Manos de mujer a la que -como suele decirse- “le faltaban manos” para todos los quehaceres propios (y también ajenos); y a la que se le quedaba corto el día con sus 24 horas por todo lo que metía en él.

Manos repletas de tantas cosas grandes y pequeñas, muy pequeñas, de las que depende la felicidad y el bienestar de un hogar, de un barrio, de un pueblo.

María, seguramente, no tenía demasiado tiempo para andar cuidándose y arreglandose las manos. (Cuánto tiempo dedican hoy algunas mujeres a arreglarse las manos...) Cuánto tiempo gastamos nosotros en preocuparnos nada más que de nosotros mismos. Y cuántas cosas dejamos de hacer por eso. Se nos van de las manos tantas posibilidades por no haber sido capaces de mover ni un dedo...

No me apena afirmar que las manos de María no eran tan bonitas como otras. Pero sí eran mucho más bellas. Las manos de María tenían toda esa belleza que se refleja en las manos que han trabajado, que han consolado, que se han tendido abiertas a los demás sin tregua ni medida.

Las manos de María lucían toda esa belleza más espiritual que transpiran las manos de una esposa y de una madre que trabaja con ellas. Esa belleza que poseen las manos femeninas que han hecho, precisamente por trabajar, el sacrificio de parecer menos bonitas.

Sí, sin duda eran las manos de una verdadera Reina, de una auténtica Señora; que ahora se elevaban hasta acariciar al mismo Dios y, poco después, andaban entre los pucheros, la ropa sucia, o dándole a la escoba y al trapeador... Admirable contraste: de traer entre manos lo más elevado y puro (el Hijo mismo de Dios), a estar arreglando las cosas rotas, sucias y sencillas de los hombres.

Manos hechas al trabajo, al agua fría del lavandero del pueblo, a la limpieza de la casa, a lijar y mover maderas ayudando a José... Pero manos que nunca perdieron por eso su finura encantadora.

Manos, por tanto, laboriosas, aplicadas, usadas... Pero sin dejar de ser bellas, tiernas y delicadas. Que sabían también lavar y peinar y acariciar a un Niño que era Dios, su Hijo.

Manos abiertas y disponibles a las necesidades de todos; de los vecinos, de los enfermos, de los marginados de su sencilla aldea de Nazaret. Manos que tocaron muchas puertas para ofrecer ayuda, y muchas llagas para curarlas y vendarlas. Manos discretas, llenas de bondad generosa y callada. Nunca su derecha no supo lo que hacía su izquierda. Por eso esa labor en favor de los otros valía el doble, pues lo hacía oculto.

Manos por las que pasaban otras realidades además de las materiales. Por las manos de María pasaban diariamente quintales de gracias de Dios para otras almas. Manos que daban gloria a Dios en cada trabajo sencillo y humilde. Manos que siguen trabajando sin descanso y a través de las cuales nos llegan copiosas todas las gracias de Dios para cada uno de nosotros.

Y nuestras manos, las manos de sus hijos, ¿cómo están nuestras manos? ¿Las usamos, las empleamos para la gloria de Dios? ¿”Nos manchamos las manos”? Es decir, ¿trabajamos, nos esforzamos, nos metemos a fondo en todo lo que tenemos que hacer cada día? ¿Nos manchamos las manos en el trabajo? ¿Nos las manchamos en los propios estudios? ¿Nos las manchamos en obras de caridad y misericordia para con los necesitados? O quizá se nos puede aplicar eso de que “tiene las manos tan limpias, que no tiene manos”.

Sí, nuestras manos, que son nuestros talentos, nuestras cualidades, los denarios que Dios nos ha entregado para negociar con ellos, para ponerlos a producir para el bien y provecho de los demás. A lo mejor los tenemos sin estrenar, nuevecitos, enterrados bajo tierra, bien envueltos en un pañuelo. Pero, sin dar gloria a Dios, sin ganar méritos, sin producir fruto para nadie. Ahí están, bien sepultados, a ver si florecen por generación espontánea...

Es una lástima que muchas veces no nos parezcamos más a nuestra Madre María, la Virgen de las manos trabajadoras. Nosotros, tantas veces, en vez de ‘ensuciarnos las manos’, nos las lavamos. Nos ‘lavamos las manos’ ante nuestros deberes y responsabilidades personales como hombres y como cristianos. Le sacamos el bulto. Nos desentendemos. Y tristemente, lavándonos las manos, nos ensuciamos la conciencia.

Abramos los ojos a todo lo que podemos hacer en casa y fuera de ella también. No seamos fáciles en pensar que no hay tiempo para más cosas. No nos engañemos, cuando se tienen muchas cosas que meter en él, el día tiene cien bolsillos. Sólo el que se los busca los encuentra.

El trabajo digno y humano no mata, no. Lo que sí mata es la ociosidad y la pereza. El trabajo es salud y vida que se dona a los demás. Bien lo sabe María, siempre trabajadora y dispuesta a hacer más por los demás con una sonrisa envidiable. Bien lo saben tantos hombres y mujeres que minuto a minuto desgastan con alegría su vida y sus manos en un trabajo fecundo mucho más allá de las fronteras del propio egoísmo.

Qué diverso sería nuestro mundo si cada uno de nosotros fuésemos más como María, la Virgen trabajadora. Ojalá que nunca olvidemos que no podemos matar el tiempo, sin herir la eternidad. La nuestra y también la de otros...


   

sábado, 26 de noviembre de 2016

El Adviento

Del 27 de noviembre al 24 de diciembre del 2016. El Adviento, Vísperas de Navidad, Ideas para vivir el Adviento, Corona de Adviento y otros recursos


Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net




Del 27 de noviembre al 24 de diciembre del 2016

El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo más próximo al 27 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.
El término "Adviento" viene del latín adventus, que significa venida, llegada. El color usado en la liturgia de la Iglesia durante este tiempo es el morado. Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico en la Iglesia

sábado, 19 de noviembre de 2016

Fiesta de Cristo Rey 2016






El trono de Cristo es el corazón del hombre

La solemnidad de Cristo Rey del Universo fue instituida por el papa Pío XI en 1925 quien, en un mundo que acababa de pasar por los horrores de la Gran Guerra y empezaba a levantar algunas banderas ideológicas, escribió su primera encíclica “Quas primas”, en la que proclama a Jesucristo como Rey del Universo.

Hoy suenan con vibrante elocuencia en toda la tierra aquellas palabras bronceas grabadas en el obelisco de Heliópolis, hincado en medio de la plaza de san Pedro: “Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat”. Y, en este contexto, Cristo hoy desea sentarse en un trono: en nuestro corazón.

sábado, 5 de noviembre de 2016

UN MENSAJE DE LA HIJA DE ASIA BIBI





Eisham Ashiq nos habla de su madre, católica pakistaní condenada a muerte por supuestas injurias a Mahoma, y de lo que le dijo en su visita de hace dos meses: sus esperanzas ante la última y decisiva vista de su juicio, suspendida finalmente tras recusarse a sí mismo uno de los jueces.

Pincha aquí para conocer la historia de Asia Bibi contada por ella misma.

sábado, 29 de octubre de 2016

10 ideas, divertidas unas, serias otras, para celebrar bien Todos los Santos (y no Halloween)

¿Ideas para Halloween o para Todos los Santos? Decir que Halloween es pagano, siniestro, frívolo o consumista no va a ser suficiente para contrarrestarlo, ya que por un lado la gente contagia las ganas de divertirse y, por el otro, los comerciantes e industrias del entretenimiento lo fomentan porque les da beneficios económicos.

(Lea aquí en ReL Las 4 dimensiones de Halloween)

En vez de simplemente decir "no a Halloween" tiene más sentido presentar alternativas. Desde hace 8 años la diócesis de Alcalá de Henares celebra Holywins ("lo santo gana"), una combinación de actividades lúdicas y de oración, que ha inspirado iniciativas en muchas otras ciudades y países. Pero las ideas alternativas pueden ser de lo más variadas y se pueden practicar en casa, en los colegios y las parroquias... y luego colgar fotos en Internet.

Alejandra María Sosa Elízaga recoge un listado de ideas en un artículo publicado en el semanario Desde la Fe, de la Arquidiócesis de México, reproducido también en SIAME (Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México), que publicamos a continuación.

¡Celebremos a los santos, no a los espantos!
por Alejandra María Sosa Elízaga

Como cada año por estas fechas, comercios y calles se inundan de diablos, fantasmas, monstruos, calacas, y demás parafernalia del ‘Halloween’, mucha gente lo toma como algo normal e incluso divertido, pero pensándolo bien, desde el punto de vista cristiano, ¿qué tiene de divertido disfrazar a los niños o decorar la casa con personajes que representan el mal, la tiniebla, lo opuesto a Aquél que es la Luz del mundo, enemigos del Señor en quien creemos?

Como cristianos, estamos llamados a celebrar el bien y lo bueno, así que vale la pena hacer un verdadero esfuerzo por recuperar el espacio perdido, y rescatar la víspera de la Solemnidad de Todos los Santos para festejarlos a ellos y agradecerles que nos dan tan buen ejemplo y se la pasan intercediendo por nosotros.

Falta más de una semana, hay suficiente tiempo para organizar un festejo en familia, en el grupo o la comunidad parroquial. Aquí tienes diez sugerencias prácticas para que tomes ideas:

1. Disfraces de santos. 
Que todos, niños y adultos, vayan disfrazados de santos, y cada uno platique por qué eligió ese disfraz, qué es lo que le gusta de ese santo o santa.

2. Dulces con estampitas. 
A los niños que toquen a la puerta pidiendo dulces, no darles golosinas decoradas para Halloween, sino golosinas normales a las que se les dibujen caritas sonrientes con aureola, y regalar también estampitas de santos (se pueden mandar hacer fotocopiadas y recortadas, por ejemplo, de nuestro nuevo niño santo san Joselito).

3. Santos por equipos.
Dividir a los asistentes a la fiesta en equipos, darles material (papel crepé, de china, cuerdas, etc.) para que se diviertan elaborando un disfraz de santo para disfrazar a algún miembro del equipo, y que cada equipo explique por qué eligió ese santo, y cuente lo que sepa de su vida. Y a todos darles premio por su ingenio y esfuerzo.





 

4. Santos en dibujos.
Que chicos y grandes se entretengan haciendo e iluminando dibujos de sus santos favoritos (no le hace que no les salgan perfectos), para pegarlos en la pared como exposición.

5. ¡Hazte una foto con aureola!
Recortar aureolas de papel y pegarlas en la pared a diferentes alturas, para que los asistentes se paren delante de la pared y se les tome foto y parezca que tienen aureola. Quedan muy simpáticas las fotos de todos convertidos en ‘santitos’.

6. Cada uno, su historia de un santo
Que cada uno de los asistentes se prepare con anticipación para contar alguna anécdota interesante, conmovedora o divertida de algún santo.

7. Los santos en video
Organizar un mini festival de videos de vidas de santos.

8. Grandes frases de santos, en carteles
Poner en el avisero de la iglesia o en alguna pared de la casa, papeles con frases favoritas de diversos santos, sobre todo del santo patrono de esa iglesia particular.

9. Misa de Todos los Santos el 1 de noviembre
Asistir juntos el día 1° de noviembre a la Misa de la Solemnidad de todos los Santos.

10. Lo que dice el Catecismo
Leer lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica acerca de los santos (en C.I.C. # 956-957, y al final hacer una oración para pedir la intercesión de los santos, en especial de los patronos o favoritos de los asistentes.

La intención es que puedas organizar un festejo sencillo, divertido, en el que estén presentes las dos cosas que más gustan del Halloween a los niños: disfrazarse y recibir dulces, pero dándoles un giro, para que no sea una fiesta pagana y mucho menos anti cristiana.

Anímate y envíanos las fotos de tu evento, para publicarlas en las páginas web y de facebook de Desde la fe.¡Celebremos a los santos, no a los espantos!




 

25 octubre 2016

sábado, 22 de octubre de 2016

Un chico le puso una pistola en la cabeza y dijo a Natalia: te voy a matar; hoy, él reza por ella

Un chico le puso una pistola en la cabeza y dijo a Natalia: te voy a matar; hoy, él reza por ella




Este domingo se celebra el Domund, una fecha importante para poner en valor la importante labor que desarrollan los miles de misioneros que hay repartidos en el mundo. Muchos de ellos se juegan la vida a diario para ayudar a los demás y llevar a Cristo a los ríncones más recónditos y peligrosos de la tierra.

Uno de estos misioneros es la religiosa valenciana sor Natalia Martínez. A sus 70 años esta Hija de la Caridad de san Vicente de Paúl parece mantener la vitalidad de una joven veinteañera en un país como Haití, el más pobre de América, a cuyas gentes sirve desde hace más de 25 años.

Una vida de película

 
En este cuarto de siglo sor Natalia ha vivido de todo. Ha sido apuntada con armas de fuego, ha sobrevivido al fuego cruzado entre bandas criminales o ha conseguido sortear las numerosas epidemias pese a estar rodeada de personas contagiados. Incluso cuando se han producido los terribles terremotos y otras catástrofes naturales ella no se ha movido de ahí. Ha ofrecido su vida entera por los pobres, pues en ellos ve a Cristo.

Como ella misma relata, todos los días se levanta a las cinco de la mañana para recorrer las montañas con clínicas móviles y así poder atender a ancianos, enfermos y abandonados. “Para ello andamos tres horas para llegar al lugar y trasladamos los medicamentos y utensilios médicos en burros”, relata.

Un país que necesita mucha ayuda
 

Y es que cuando llegó en 2011 a la zona de Meyer, en la parte sur de Haití, tras el devastador terremoto de 2010 “llegamos a atender a 7.000 enfermos en 15 días” y recuerda que “no nos contagiamos de cólera de milagro”.

Además de su labor sanitaria, sor Natalia ha reconstruido escuelas que han albergado a más de 400 niños damnificados por aquel terremoto. Toda labor es poca para un país que siempre está al límite en cuanto a las necesidades de su gente.

Los haitianos dan gracias a Dios pese a tanta desgracia

 
Sor Natalia define lo que ocurre en Haití: “aquí es para hacerse los cuerpos de acero y las almas de oro”. En su opinión, los haitianos nunca culpan a Dios de sus desgracias, tristemente  muy comunes, sino que después de cada uno de estos acontecimientos se oyen cantos de alabanza y de acción de gracias a Dios.

Pero esta monja española ha estado muy cerca de la muerte en estos 25 años. Hay que recordar que el pasado mes de septiembre murió asesinada en este país la también religiosa española Isabel Solá, que también servía a los haitianos más pobres y desfavorecidos.
 

Haití es el país más pobre de América

Un increíble testimonio de conversión

 
Sor Natalia comentaba en una conferencia en una parroquia valenciana un ejemplo de las peligrosas vivencias que ha vivido en estos años:

“Un día se me puso delante un muchacho con una pistola y me dijo: ‘hermana, la voy a matar’. Yo contesté: ‘bien, mátame’. Y él me preguntó: ‘¿no tiene miedo?’. Yo contesté: ‘¿por qué he de tenerlo? Si me matas llegaré más pronto a mi destino, el cielo, y si no, continuaré ayudando a los me necesitan’. Poco después, este mismo muchacho enfermó y yo le atendí. Una vez sanado me dijo: ‘hermana le voy a hacer dos regalos: uno, voy a rezar por usted’. Yo le dije: ‘gracias, ese es el mejor regalo que me han hecho jamás'. Y continuó él: 'y segundo, voy a bautizar a mi hijo y a ayudar a mi madre porque Dios me ha cambiado'”.

La oración que salvó a la comunidad

 
En otra ocasión, relataba igualmente sor Natalia, la casa de la comunidad se encontró en medio de un tiroteo entre bandas rivales. Numerosos proyectiles impactaron en la casa destrozando todas las habitaciones de las hermanas. Sin embargo, gracias a Dios, todas ellas se encontraban en ese momento rezando en la capilla situada en la planta baja, que no recibió ningún disparo.

“Si el tiroteo hubiera sido media hora más tarde, toda la comunidad estaría ahora muerta”, cuenta tranquilamente.

"Aquí recibo más de lo que doy"

 
Ella misma asegura que ha vivido muchas más historias como esta pero no se plantea ni volver ni dejar de ayudar a los demás en esta isla que sólo aparece en los medios cuando queda devastada por algún terremoto o huracán.

“Aquí recibo mucho más de lo que doy”, asegura, y de este modo ha aprendido a no quejarse sino a dar gracias a Dios por todo lo que tiene.

Ella es una más de los 13.000 misioneros españoles que hay repartidos en el mundo y que realizan una labor impagable de ayuda al prójimo. De ahí, la importancia de una jornada como la del Domund. Que los católicos no olviden que la Iglesia es verdaderamente universal.



21 octubre 2016