sábado, 24 de febrero de 2018

¿Qué dice la bioética?

Crean embriones con células de humanos y ovejas


Por: David Ramos | Fuente: ACI Prensa




La noticia de que un grupo de científicos desarrolló embriones con células humanas y de ovejas ha dado la vuelta al mundo, pero también ha puesto nuevamente sobre la mesa los cuestionamientos éticos a esta práctica.


Las quimeras, como se denomina a los proyectos de obtener un híbrido entre humano y animal, han sido un anhelo por mucho tiempo de algunos científicos. La expectativa es lograr multiplicar el número de órganos disponibles para trasplantes en humanos.


El nombre de quimera proviene de la mitología griega, y se refiere a un animal con cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón.
Según recoge la prensa internacional, un grupo de científicos de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), encabezado por el Dr. Hiro Nakuachi, desarrolló un embrión con células humanas y de oveja, y que gestaron por tres semanas dentro de otra oveja.
Nakuachi presentó sus hallazgos durante el encuentro anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, realizada en Austin, Texas (Estados Unidos), del 15 al 19 de febrero.

 Para los científicos, el paso siguiente será implantar células madre humanas dentro de un embrión de oveja genéticamente modificado, de tal forma que crezca un 
páncreas humano dentro del animal.

“Podría tomar cinco años o podría tomar 10 años, pero creo que eventualmente seremos capaces de hacer esto”, dijo.


Sin embargo, las implicancias bioéticas podrían ser grandes.


En declaraciones a ACI Prensa, el Dr. Lenin De Janon Quevedo, médico investigador del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), advirtió que las quimeras “hoy en día”, son “éticamente objetables”.

“Por el momento, las quimeras modernas parecieran guardar similitud con las mitológicas y amenazar con devorar todo animal que se encuentren a su paso”, señaló.

¿Cuál es el derecho que tenemos para modificar –tan radicalmente– la estructura genética del animal? 

 ¿Qué seguridad hay de que las quimeras no hagan desaparecer a las especies originales? 
¿Cuáles serán los efectos secundarios al obligar a los órganos y tejidos humanos a coexistir con tejidos animales de otra especie? ¿Estaremos en condiciones de expresar todas las complicaciones que se deben tener en cuenta para que el receptor voluntariamente consienta el trasplante u otro procedimiento terapéutico? Todas estas interrogantes permanecen sin responder”, advirtió.

“Entiendo que la creación de quimeras ha sido un sueño humano desde la antigüedad. Los trasplantes de órganos hicieron que el sueño dejara la mitología y se convirtiera en realidad”, explicó.


El experto en bioética precisó que “lejos de ser producto de la imaginación, los trasplantes son el resultado de decisiones voluntarias de donantes, receptores y un gran equipo de profesionales encargados de procurar, implantar y cuidar de las personas trasplantadas”.

“Todo esto en torno al altruismo: valor exclusivamente humano que hace dar al otro sin esperar del mismo ninguna retribución”.
Pero la sustitución del altruismo por otros valores sociales y el incremento de la indicación médica para los trasplantes de órganos, han generado mayor demanda y menor cantidad de órganos ofrecidos”, dijo.


El Dr. De Janon Quevedo indicó que “la escasez de órganos es un problema de salud que Benedicto XVI lo catalogó como ‘dramáticamente práctico’”.
En ese marco, señaló, “una medida que aumente la disponibilidad de órganos es buena por su intención, pero no se debe despreciar la naturaleza de la acción que se dirija a tal intención”.


El experto se pronunció también sobre las implicancias éticas del uso de animales de laboratorio en estos experimentos.

“Usar animales de laboratorio no está mal siempre que se respete el hecho de que esos 
 animales también forman parte del mundo natural que debemos cuidar, y de que son especies vivas, sensibles e incapaces de expresar su voluntad, ni defenderse por sí solas frente a la depredación del hombre”.

“Por lo tanto, somos nosotros mismos quienes deberemos velar por su defensa”, subrayó.

domingo, 18 de febrero de 2018

Primer domingo de CUARESMA 2018





Día 18 I Domingo de Cuaresma

 Nos ofrece el Santo Evangelio de la Misa en este primer domingo de Cuaresma un momento de la vida del Señor, anterior al comienzo de su vida pública. Aparece Jesús, semejante en esto a todos los hombres menos en el pecado, sufriendo tentaciones. No explica san Marcos de qué modo fue tentado, ya lo hacen san Mateo y san Lucas, nos basta por ello en este día con reflexionar, en la presencia de Dios, sobre la realidad de la tentación: como Jesús fue tentado y, superando esa prueba, rechazó a Satanás que quería apartarle de Dios, así nosotros, rechazando con decisión lo que nos pueda desviar del camino de la santidad, imitamos a Cristo y nos asemejamos más y más al ideal humano y divino que nos vino a traer al mundo. La tentación es permanente en nuestra vida. Casi de continuo notamos la posibilidad, la inclinación incluso, de buscar la complacencia personal aun a costa de dejar de lado lo que Dios espera. También reconocemos, y es precisamente esto lo que da la grandeza a la vida del hombre, una continua ocasión de agradar a Dios, de amarle, hasta en las circunstancias más corrientes de la vida, por intrascendentes que a primera vista pudieran parecer. Es como la otra cara de la misma moneda, pues, como afirma una antigua antífona litúrgica: "Quien sufre tentación es dichoso, pues, al ser probado y vencer, recibirá la corona de la vida". La tentación, la posibilidad de preferir nuestro gusto a lo que Dios desea, es, en todo caso, una realidad siempre presente en nuestra vida. Es claro, sin embargo, que la ilusión del hombre que se sabe cristiano será moverse por impulsos positivos: filialmente atraído por el Amor de Dios Padre que nos invita a su intimidad. Pero, de hecho, ¡con cuánta frecuencia nos hemos alejado de ese Padre que tanto nos quiere! Es posible que casi siempre se trate de pequeños distanciamientos que no nos impiden la visión de Nuestro Señor, y nos pasa casi sin darnos cuenta. Otras veces, en cambio, el apartamiento es total: el pecado grave destruye la relación con Dios que, de ordinario, sólo se puede recuperar en el sacramento de la Penitencia.

sábado, 10 de febrero de 2018

9 consejos del Papa para un matrimonio feliz

Tres parejas le formularon algunas preguntas al Santo Padre. aquí los nueve consejos que el Papa Francisco dio a los novios.

Por: Jorge Enrique Mújica, LC | Fuente: YoInfluyo.com




El 14 de febrero de 2014 el Vaticano se convirtió en la capital de los novios: miles de parejas de diferentes países abarrotaron la plaza de san Pedro para un encuentro con el Papa Francisco quien de ese modo quiso saludar y acompañar a todos aquellos que se preparan para el matrimonio. Tres parejas le formularon algunas preguntas al Santo Padre. He tematizado las respuestas y les ofrezco los nueve consejos que el Papa Francisco dio a los novios. Consejos ágiles, realistas y positivos que valen también para quienes ya están casados (la numeración y el titular antes de cada consejo es nuestro):

1. La casa se construye juntos

“el amor es una relación , entonces es una realidad que crece, y podemos incluso decir, a modo de ejemplo, que se construye como una casa. Y la casa se construye juntos, no solos. Construir significa aquí favorecer y ayudar el crecimiento. Queridos novios, vosotros os estáis preparando para crecer juntos, construir esta casa, vivir juntos para siempre.

No queréis fundarla en la arena de los sentimientos que van y vienen, sino en la roca del amor auténtico, el amor que viene de Dios. La familia nace de este proyecto de amor que quiere crecer como se construye una casa, que sea espacio de afecto, de ayuda, de esperanza, de apoyo. Como el amor de Dios es estable y para siempre, así también el amor que construye la familia queremos que sea estable y para siempre. Por favor, no debemos dejarnos vencer por la ‘cultura de lo provisional’. Esta cultura que hoy nos invade a todos, esta cultura de lo provisional. ¡Esto no funciona!”.

2. Cómo perder el miedo al “para siempre”: una cuestión de calidad

“¿cómo se cura este miedo del ‘para siempre’? Se cura día a día, encomendándose al Señor Jesús en una vida que se convierte en un camino espiritual cotidiano, construido por pasos, pasos pequeños, pasos de crecimiento común, construido con el compromiso de llegar a ser mujeres y hombres maduros en la fe. Porque, queridos novios, el «para siempre» no es sólo una cuestión de duración. Un matrimonio no se realiza sólo si dura, sino que es importante su calidad. Estar juntos y saberse amar para siempre es el desafío de los esposos cristianos. Me viene a la mente el milagro de la multiplicación de los panes: también para vosotros el Señor puede multiplicar vuestro amor y donarlo a vosotros fresco y bueno cada día. ¡Tiene una reserva infinita de ese amor! Él os dona el amor que está en la base de vuestra unión y cada día lo renueva, lo refuerza. Y lo hace aún más grande cuando la familia crece con los hijos”.

3. La oración que deben rezar los novios y de los esposos

“En este camino es importante y necesaria la oración, siempre. Él para ella, ella para él y los dos juntos. Pedid a Jesús que multiplique vuestro amor. En la oración del Padrenuestro decimos: ‘Danos hoy nuestro pan de cada día’. Los esposos pueden aprender a rezar también así: ‘Señor, danos hoy nuestro amor de cada día’, porque el amor cotidiano de los esposos es el pan, el verdadero pan del alma, el que les sostiene para seguir adelante. Y la oración: ¿podemos ensayar para saber si sabemos recitarla? ‘Señor, danos hoy nuestro amor de cada día’. Ésta es la oración de los novios y de los esposos. ¡Enséñanos a amarnos, a querernos! Cuanto más os encomendéis a Él, tanto más vuestro amor será «para siempre», capaz de renovarse, y vencerá toda dificultad”.

4. Aprender a pedir permiso

“¿Puedo, permiso?”. Es la petición gentil de poder entrar en la vida de otro con respeto y atención. Es necesario aprender a preguntar: ¿puedo hacer esto? ¿Te gusta si hacemos así, si tomamos esta iniciativa, si educamos así a los hijos? ¿Quieres que salgamos esta noche?... En definitiva, pedir permiso significa saber entrar con cortesía en la vida de los demás. Pero escuchad bien esto: saber entrar con cortesía en la vida de los demás. Y no es fácil, no es fácil. A veces, en cambio, se usan maneras un poco pesadas, como ciertas botas de montaña. El amor auténtico no se impone con dureza y agresividad. En las Florecillas de san Francisco se encuentra esta expresión: ‘Has de saber, hermano carísimo, que la cortesía es una de las propiedades de Dios... la cortesía es hermana de la caridad, que extingue el odio y fomenta el amor’ (Cap. 37). Sí, la cortesía conserva el amor. Y hoy en nuestras familias, en nuestro mundo, a menudo violento y arrogante, hay necesidad de mucha más cortesía. Y esto puede comenzar en casa”.

5. Aprender a decir gracias

“Gracias”. Parece fácil pronunciar esta palabra, pero sabemos que no es así. ¡Pero es importante! La enseñamos a los niños, pero después la olvidamos. La gratitud es un sentimiento importante: ¿recordáis el Evangelio de Lucas? Una anciana, una vez, me decía en Buenos Aires: ‘la gratitud es una flor que crece en tierra noble’. Es necesaria la nobleza del alma para que crezca esta flor. ¿Recordáis el Evangelio de Lucas? Jesús cura a diez enfermos de lepra y sólo uno regresa a decir gracias a Jesús. Y el Señor dice: y los otros nueve, ¿dónde están? Esto es válido también para nosotros: ¿sabemos agradecer? En vuestra relación, y mañana en la vida matrimonial, es importante tener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios, y a los dones de Dios se dice ¡gracias!, siempre se da gracias. Y con esta actitud interior decirse gracias mutuamente, por cada cosa. No es una palabra gentil que se usa con los desconocidos, para ser educados. Es necesario saber decirse gracias, para seguir adelante bien y juntos en la vida matrimonial.

6. Aprender a pedir perdón

“En la vida cometemos muchos errores, muchas equivocaciones. Los cometemos todos. Pero tal vez aquí hay alguien que jamás cometió un error. Levante la mano si hay alguien allí, una persona que jamás cometió un error. Todos cometemos errores. ¡Todos! Tal vez no hay un día en el que no cometemos algún error. La Biblia dice que el más justo peca siete veces al día. Y así cometemos errores... He aquí entonces la necesidad de usar esta sencilla palabra: «perdón». En general, cada uno de nosotros es propenso a acusar al otro y a justificarse a sí mismo. Esto comenzó con nuestro padre Adán, cuando Dios le preguntó: ‘Adán ¿tú has comido de aquel fruto? ‘. ‘¿Yo? ¡No! Es ella quien me lo dio». Acusar al otro para no decir ‘disculpa’, ‘perdón’. Es una historia antigua. Es un instinto que está en el origen de muchos desastres. Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir perdón. ‘Perdona si hoy levanté la voz’; ‘perdona si pasé sin saludar’; ‘perdona si llegué tarde’, ‘si esta semana estuve muy silencioso’, ‘si hablé demasiado sin nunca escuchar’; ‘perdona si me olvidé’; ‘perdona, estaba enfadado y me la tomé contigo’. Podemos decir muchos ‘perdón’ al día. También así crece una familia cristiana. Todos sabemos que no existe la familia perfecta, y tampoco el marido perfecto, o la esposa perfecta. No hablemos de la suegra perfecta... Existimos nosotros, pecadores. Jesús, que nos conoce bien, nos enseña un secreto: no acabar jamás una jornada sin pedirse perdón, sin que la paz vuelva a nuestra casa, a nuestra familia. Es habitual reñir entre esposos, porque siempre hay algo, hemos reñido. Tal vez os habéis enfadado, tal vez voló un plato, pero por favor recordad esto: no terminar jamás una jornada sin hacer las paces. ¡Jamás, jamás, jamás! Esto es un secreto, un secreto para conservar el amor y para hacer las paces. No es necesario hacer un bello discurso. A veces un gesto así y... se crea la paz. Jamás acabar... porque si tú terminas el día sin hacer las paces, lo que tienes dentro, al día siguiente está frío y duro y es más difícil hacer las paces. Recordad bien: ¡no terminar jamás el día sin hacer las paces! Si aprendemos a pedirnos perdón y a perdonarnos mutuamente, el matrimonio durará, irá adelante. Cuando vienen a las audiencias o a misa aquí a Santa Marta los esposos ancianos que celebran el 50° aniversario, les pregunto: «¿Quién soportó a quién?» ¡Es hermoso esto! Todos se miran, me miran, y me dicen: ‘¡Los dos!’ Y esto es hermoso. Esto es un hermoso testimonio”.

7. Ver el matrimonio como una fiesta

“el matrimonio es una fiesta, una fiesta cristiana, no una fiesta mundana. El motivo más profundo de la alegría de ese día nos lo indica el Evangelio de Juan: ¿recordáis el milagro de las bodas de Caná? A un cierto punto faltó el vino y la fiesta parecía arruinada. Imaginad que termina la fiesta bebiendo té. No, no funciona. Sin vino no hay fiesta. Por sugerencia de María, en ese momento Jesús se revela por primera vez y hace un signo: transforma el agua en vino y, haciendo así, salva la fiesta de bodas. Lo que sucedió en Caná hace dos mil años, sucede en realidad en cada fiesta de bodas: lo que hará pleno y profundamente auténtico vuestro matrimonio será la presencia del Señor que se revela y dona su gracia. Es su presencia la que ofrece el «vino bueno», es Él el secreto de la alegría plena, la que calienta verdaderamente el corazón. Es la presencia de Jesús en esa fiesta. Que sea una hermosa fiesta, pero con Jesús. No con el espíritu del mundo, ¡no! Esto se percibe, cuando el Señor está allí”.

8. Las bodas deben ser sobrias

“que vuestro matrimonio sea sobrio y ponga de relieve lo que es verdaderamente importante. Algunos están más preocupados por los signos exteriores, por el banquete, las fotos, los vestidos y las flores... Son cosas importantes en una fiesta, pero sólo si son capaces de indicar el verdadero motivo de vuestra alegría: la bendición del Señor sobre vuestro amor. Haced lo posible para que, como el vino de Caná, los signos exteriores de vuestra fiesta revelen la presencia del Señor y os recuerden a vosotros y a todos los presentes el origen y el motivo de vuestra alegría”.

9. El matrimonio supone un trabajo de los dos

“El matrimonio es también un trabajo de todos los días, podría decir un trabajo artesanal, un trabajo de orfebrería, porque el marido tiene la tarea de hacer más mujer a su esposa y la esposa tiene la tarea de hacer más hombre a su marido. Crecer también en humanidad, como hombre y como mujer. Y esto se hace entre vosotros. Esto se llama crecer juntos. Esto no viene del aire. El Señor lo bendice, pero viene de vuestras manos, de vuestras actitudes, del modo de vivir, del modo de amaros. ¡Hacernos crecer! Siempre hacer lo posible para que el otro crezca. Trabajar por ello. Y así, no lo sé, pienso en ti que un día irás por las calles de tu pueblo y la gente dirá: ‘Mira aquella hermosa mujer, ¡qué fuerte!...’. ‘Con el marido que tiene, se comprende’. Y también a ti: ‘Mira aquél, cómo es’. ‘Con la esposa que tiene, se comprende’. Es esto, llegar a esto: hacernos crecer juntos, el uno al otro. Y los hijos tendrán esta herencia de haber tenido un papá y una mamá que crecieron juntos, haciéndose —el uno al otro— más hombre y más mujer”.

sábado, 3 de febrero de 2018

4 mujeres Doctoras de la Iglesia

Hay un total de 35 Doctores


Por: Javier Ordovás | Fuente: Catholic.Net




La Iglesia Católica, por decisión del Papa o de un Concilio Ecuménico, otorga en forma oficial a los santos y santas, que en su vida  produjeron obras trascendentes, enriquecedoras de la doctrina y afirmadoras de la fe, el reconocimiento honorífico de Doctor o Doctora de la Iglesia.
Con respecto al reconocimiento de Padre de la Iglesia, el de Doctor de la Iglesia no implica la antigüedad, pero exige necesariamente una ciencia extraordinaria y una aprobación  solemne de la Iglesia.
La más recientemente nombrada Doctora, por el Papa Benedicto XVI, es la más antigua en el calendario.
Estas son las  breves biografías de estas cuatro santas,  por orden de antigüedad de sus vidas. Es una pena tener que reducir a tan poco espacio unas vidas tan interesantes; por supuesto que hay muchas biografías de cada una de ellas que vale la pena leer.
Santa Hildegarda de Bingen (Alemania) (1098-1179) Fue abadesa, líder monacal, mística, profetisa, médica, compositora y escritora alemana. Es conocida como la “sibila del Rin” y como “la profetisa teutónica”. El 7 de octubre de 2012 el papa Benedicto XVI le otorgó el título de Doctora de la Iglesia junto a San Juan de Ávila durante la misa de apertura de la XIII Asamblea general ordinaria del sínodo de los obispos.


Considerada por los especialistas actuales como una de las personalidades más fascinantes y polifacéticas del Occidente europeo, se la definió entre las mujeres más influyentes de la Baja Edad Media, entre las figuras más ilustres del monacato femenino y quizá la que mejor ejemplificó el ideal benedictino, dotada de una cultura fuera de lo común, comprometida también en la reforma de la Iglesia, y una de las escritoras de mayor producción de su tiempo.
Santa Catalina (1347-1380)  nació en Siena (Italia), hija de padres virtuosos y piadosos.  Vivió 33 años, segunda mujer Doctora de la Iglesia, lo cual logró sin saber leer ni escribir (como la mayoría de las personas de la época), con el dictado de muchas cartas y sobre todo con el “Dialogo sobre la Divina providencia”, es patrona de Italia junto con San Francisco de Asís.
Fue favorecida por Dios con gracias extraordinarias desde una corta edad, y un gran amor hacia la oración. A los siete años, consagró su virginidad a Dios a través de un voto privado. A los quince años de edad, asistía generosamente a los pobres, los enfermos y daba consuelo a los afligidos y prisioneros. Prosiguió el camino de la humildad, la obediencia y la negación de su propia voluntad. 
En medio de sus sufrimientos, su constante plegaria era que dichos sufrimientos podían servir para la expiación de sus faltas y la purificación de su corazón. Tomó un papel muy activo y decisivo en el regreso de la residencia del Papa desde Avignon a Roma e influyó en importantes autoridades de la época.
El Papa Pío II canonizó a Catalina en 1461, y el Papa Pablo VI le otorgó el título de Doctora de la Iglesia in 1970, haciéndola una de las primeras mujeres en recibir este honor. Su Fiesta es el 29 de abril.


Santa Teresa de Ávila: 67 años (1515-1582) primera mujer Doctora de la Iglesia, mística española, fundadora de las Carmelitas Descalzas, escribió su Biografía y los libros: “El camino de la perfección”, “Pensamiento sobre el amor de Dios”, y el “Castillo interior”; fue doctorada por el Papa Pablo VI el 27 de septiembre de 1970.
A los dieciocho años, entra en el Carmelo. A los cuarenta y cinco años, para responder a las gracias extraordinarias del Señor, emprende una nueva vida cuya divisa será: «O sufrir o morir». 
Funda el convento de San José de Ávila, primero de los quince Carmelos que establecerá en España. Con San Juan de la Cruz, introdujo la gran reforma carmelitana. Sus escritos son un modelo seguro en los caminos de la plegaria y de la perfección. Murió en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582. Su fiesta se celebra el 15 de Octubre.
Santa Teresa de Lisieux o del Niño Jesús (1873-1897), la más joven doctora de la Iglesia, quien solo vivió 24 años y toda su experiencia mística se recoge en su libro “Historia del alma”.  Nació en la ciudad francesa de Alencon, sus padres ejemplares eran Luis Martin y Acelia María Guerin, ambos venerables.
Murió en 1897, y en 1925 el Papa Pío XI la canonizó, y la proclamaría después patrona universal de las misiones. La llamó “la estrella de mi pontificado”, y definió como “un huracán de gloria” el movimiento universal de afecto y devoción que acompañó a esta joven carmelita.
Proclamada Doctora de la Iglesia por el Papa Juan Pablo II el 19 de Octubre de 1997, día de las misiones.
Las cuatro Doctoras fueron místicas con una gran capacidad de acción; quizá el tipo de personas que necesita la sociedad: muy metidas en Dios y muy dentro del mundo.
Para los más curiosos esta es la lista de los restantes 31 Doctores de la Iglesia:
En primer lugar, los ocho que, a su vez, por su antigüedad, son también  “Padres de la Iglesia”:
S. Ambrosio, S. Jerónimo, S. Agustín, S. Gregorio Magno, S. Atanasio,
S. Basilio, S. Gregorio Nazianceno, S. Juan Crisóstomo.
S. Tomás de Aquino, S. Buenaventura, S. Anselmo de Canterbury, S. Isidoro de Sevilla, S. Pedro Crisólogo, S. León Magno, S. Pedro Damián, S. Bernardo, S. Hilario de Poitiers, S. Alfonso María de Ligorio, S. Francisco de Sales, S. Cirilo de Alejandría, S. Cirilo de Jerusalén, S. Juan Damasceno, S. Beda el Venerable, S. Efrén de Siria, S. Pedro Canisio, S. Juan de  la Cruz, S. Roberto Belarmino, S. Alberto Magno, S. Antonio de Padua, S. Lorenzo de Brindisi.