sábado, 7 de noviembre de 2020

Dinero en la lógica cristiana

 

Los 6 principios cristianos para manejar el dinero como a Dios le gusta y dando fruto abundante


Por: Redacción | Fuente: Religión en Libertad



Hay principios morales referidos al dinero que no son necesariamente cristianos, sino que cualquier pagano o ateo honrado los practica: pagar un precio justo, no robar, no estafar, cumplir con los deberes fiscales, tener prudencia en los gastos, no despilfarrar…

Frente a eso, hay un enfoque específicamente cristiano, que considera que el dinero –y todos los otros recursos, talentos y riquezas- están al servicio de Dios y la expansión del Reino de Dios (un "reino" que la Biblia define como “justicia, paz y el gozo del Espíritu”).

En el Encuentro de Nueva Evangelización ENE 2015 de Astorga, el responsable de economía de la comunidad Fe y Vida, Jairo Alonso, dirigió un taller explorando estos principios cristianos aplicados al dinero. Fe y Vida (feyvida.com) es una comunidad católica de laicos y familias cuyos miembros pagan un diezmo (habitualmente –pero no siempre- un 10% de su sueldo) para las actividades solidarias, misioneras y evangelizadoras de la comunidad, lo que permite manejar una cierta cantidad de dinero “para el Reino” y hablar del tema con conocimiento de causa.

Esto es para cristianos convertidos

 Jairo Alonso empezó su exposición dejando claro que estas ideas son para cristianos “convertidos”, maduros, que son aquellos que han dicho a Dios “toma mi vida, y mis cosas y haz lo que quieras con ellas, dirígelas”. No son para neófitos.

Un primer elemento a tener en cuenta es que la lógica de un mundo caído y de unos seres humanos temerosos no es la lógica de Dios y de los hijos de Dios transformados por Él. Jairo Alonso apuntó que el hombre, sintiéndose más frágil que muchos animales, intenta sentirse seguro rodeándose de cosas y dinero como protección. Además, entre las distintas culturas humanas, la del Occidente moderno es especialmente dada a alentar el consumismo.

Para dejar claro que la sabiduría del Evangelio chocará con la lógica mundana, Jairo dio una lista de ejemplos.

- El mundo grita: “busca seguridad”. Jesús dice: “fíate”.
- El mundo dice: “ten, acapara”. Jesús dice: “da”.
- El mundo dice: “acumula poder”. Jesús, dice: “sé servidor, los últimos serán los primeros”.
- El mundo dice: “consume placer”, Jesús dice: “estad alegres, tened gozo en vuestro corazón”.
- El mundo dice: “lo que importa es el ahora”. Jesús dice: “guarda riquezas en la vida eterna”.

 Una criterio básico para vivir como cristiano está en la Biblia en Romanos 12: “No viváis según los criterios del tiempo presente, sino según la voluntad de Dios, según lo bueno, lo grato, lo perfecto”.

La vida económica del cristiano es distinta
Un cristiano, por lo tanto, no puede vivir igual que vive un pagano, ni siquiera como un pagano virtuoso u honrado. La vida económica del cristiano ha de ser distinta a la del mundano.

Además, lo que un cristiano hace con el dinero es mirado con atención por los no cristianos, tiene un elemento de evangelización y testimonio importante.

Otro criterio básico cristiano tiene que ver con una generosidad confiada en Dios, que queda resumida en 2 Corintios 9, 6-10: “El que siembra poco, cosecha poco, el que siembra mucho, cosecha mucho”. O en la parábola de los talentos: el Amo se enfada cuando ve que un siervo no puso a rendir su talento, sino que lo ocultó. El Amo pide sembrar, esforzarse en dar fruto, no ocultar y acaparar.

6 grandes principios
Jairo Alonso repasó los 6 grandes principios “para la gestión económica en el Reino de Dios”, es decir, para manejar el dinero en clave cristiana, a partir de esa lectura de 2 Corintios.

1. La generosidad llama a la generosidad: va ligado a que quien siembra con generosidad cosecha con generosidad; en la generosidad hay un círculo virtuoso que se retroalimenta.

2. Actitud de corazón convencido: el cristiano ha de dar según el corazón, no de mala gana o a la fuerza. “Jesús no nos deja una tabla de salarios, nos pide dar convencidos”, insistió Jairo.

3. Dar con alegría: “Piensa que no eres dueño de tu dinero, sino solo gestor de ese dinero que es de Dios, igual que todo lo demás también es de Dios; ese pensamiento te puede ayudar a gestionar dando con alegría”.

4. Tener clara la prioridad: la prioridad es Dios. “Dios, de hecho, es lo único. Todo lo demás son dones de Dios.”

5. El favor de Dios fluye siendo generoso. “Dios os dará todo lo necesario para vuestra siembra y la hara crecer”, es una enseñanza bíblica. “Si entras en una lógica de honradez y generosidad la generosidad de Dios empieza a fluir y te ayuda”, planteó Jairo.

6. Dios multiplicará. “Producirá una gran cosecha”. Lo que empezaba como una inversión llega cada vez a más gente y produce cada vez más frutos y más bien.

Esos son los principios bíblicos para manejar el dinero con lógica cristiana, y no mundana o consumista. Pero además hay al menos 4 cosas prácticas que cualquier cristiano puede empezar a practicar en seguida:

4 prácticas cristianas de eficacia espiritual inmediata:

a) Relaciónate con pobres. “Si no tratas con pobres vives en un mundo burbuja y fantasioso, eres ciego al sufrimiento real. Cuando te relacionas con pobres, aumenta tu generosidad”.

b) Practica el desprendimiento. Consiste en aprender a no apegarse a las cosas, a vivir con menos cosas…

c) Fomentar la austeridad.  Cuidado: vivir y fomentar la austeridad no significa caer en la racanería, y menos aún en las cosas que sirven para extender el Reino de Dios.

d) Paga el diezmo. Para Jairo Alonso y en la experiencia de muchos años de la Comunidad Fe y Vida, es una gran ayuda a la vida cristiana. “El diezmo voluntario provoca un crecimiento espiritual, vital, como cristiano”. Pone el ejemplo del famoso pastor evangélico Rick Warren, quien explicaba que empezó dando un 10%. Ahora, vendiendo millones de libros, da un 99% de sus ingresos. Sigue viviendo en la misma casa, tiene el mismo tipo de coche, etc… “El diezmo no es un porcentaje: es lo que cada uno con corazón generoso discierne que ha de dar”.

La posesividad y el apego al dinero es una forma de esclavitud y una falsa seguridad que impide dar fruto para Dios

 

20 años viendo los frutos de dar diezmo

A modo de testimonio, habló en este taller Anabel Quintanal, la esposa de Josué Fonseca, el fundador de Fe y Vida, que durante 20 años fue la responsable financiera de la comunidad.

“En mayo de 1986, a los 15 años, me arrodillé ante Dios y le dije que le entregaba mi vida. Fui aprendiendo a ser cristiana en todas las áreas de mi vida, también en la económica”, explicó. “Como a casi todo el mundo en nuestra sociedad, también a mí me educaron para pensar que el dinero sería lo que me daría fuerza y seguridad en mi vida”.

Al crecer en la fe, entendió que “tras la conversión del corazón ha de llegar la conversión del bolsillo”. Le parece muy expresivo de lo que es el cristianismo en nuestra sociedad el hecho de que “hay cristianos que dan muchísimas horas a la Iglesia y a Dios, le dedican mucho tiempo, mucho voluntariado… y, sin embargo, para ellos el dinero es un tabú; ni lo dan ni explican lo que cobran para evitar ser juzgados”.

Anabel habla acerca de la experiencia de una comunidad católica de laicos, con estatutos, normas internas y compromisos, que se acompañan unos a otros. “En Fe y Vida siempre hemos dado mucha importancia al tema de la conversión del bolsillo, a poner la confianza en Dios, también en el dinero. Tomamos las decisiones sobre dinero acompañados y aconsejados con otros hermanos, con un director espiritual, en discernimiento. Desde el inicio de Fe y Vida predicamos sobre el desprendimiento, el librarnos del apego a las posesiones. Me parece indispensable dar el diezmo para la Iglesia y el Reino de Dios”.

Anabel, como profesional, laica y madre de familia, señala que precisamente los sacerdotes son los que tienen más difícil el predicar a sus feligreses sobre el dinero, al menos en España. “Si piden dinero, quedan fatal”, admite.

Pero ella cree que esa predicación es necesaria porque “hemos de enseñar que no crecerás espiritualmente si no compartes económicamente, porque es necesario romper ese espíritu malo de control”.

La libertad y la seguridad vienen de Dios, y no del dinero

Poniendo su ejemplo personal declaró: “Mi sueldo es de 1.800 euros y yo diezmo 180. Si quisiera organizar algo para servir a Dios con 180 euros, no conseguiría casi nada. Pero juntándonos varios hermanos, con el diezmo sumado de 40 o 50 hermanos juntos, ahí sí hay capacidad para poner en marcha proyectos. En Fe y Vida nunca hemos dejado de hacer ningún proyecto por falta de dinero. Hemos desistido de algunos proyectos porque faltaban las personas adecuadas, pero nunca por falta de dinero, gracias a los diezmos. En Hechos 2,42 vemos que los cristianos ‘se reunían, rezaban juntos, escuchaban las enseñanzas y compartían los bienes’.”

Anabel da más detalles de cómo se vive esto en Fe y Vida: “Cuando alguien se compromete en Fe y Vida da la décima parte de lo que ingresa. Eso va a un fondo común. Con eso pagamos algunos locales y el resto va para proyectos de evangelización, de misiones, del Tercer Mundo… Una vez pagamos el sueldo de 8 profesionales sanitarios que trabajaban con niños pobres en Argentina, varios años. También pagamos unos comedores en Colombia. Y unos pisos de acogida. Si combinas el tener gente adecuada y el dinero necesario sale el proyecto".

Y concluye diciendo: "La combinación de comunidad y diezmo da muchos frutos. Y en esa cultura de desprendimiento, de riesgo, es más fácil ver la Gloria de Dios y su Providencia”.

sábado, 17 de octubre de 2020

El sentido cristiano del dolor

 Artículo que habla acerca del sentido del dolor y del sufrimiento humano como uno de los desafíos más complejos de la fe cristiana.



Por: Sergio Peña y Lillo | Fuente: http://www.humanitas.cl/



El sentido cristiano del dolor
Sergio Peña y Lillo

Comprender el sentido del dolor y del sufrimiento humano es uno de los desafíos más complejos de la fe cristiana. En efecto, cabe preguntarse: Si Dios es amor y omnipotencia, ¿por qué permite el dolor en el mundo?, ¿por qué no elimina el sufrimiento, haciendo que todas sus criaturas sean felices?  

Con razón ha dicho André Frossard que el origen del dolor y del mal “son la piedra en la que tropiezan todas las sabidurías y todas las religiones”[1]. Así el cristiano -como cualquier otro hombre-, al experimentar el dolor desgarrador, se pregunta, al menos en el primer momento:


“Por qué, Señor, por qué” y, en su amargura, experimenta la radical soledad y se formula la espantosa interrogante de Cristo en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Desde otra perspectiva, también muchas personas religiosas se cuestionan: si Dios es justo, ¿por qué tantos hombres virtuosos viven en la pobreza o la desgracia y tantos pecadores, en cambio, en la dicha y en la prosperidad? 

 Desde luego, estas preguntas -que son racionalmente válidas- implican un concepto de Dios demasiado antropomórfico. Así, parecería que todos podríamos hacerlo mejor que Dios. No existirían las guerras ni los crímenes, o el hambre, la pobreza y la enfermedad. 

Lo que ocurre, en realidad, es que la mente reflexiva no puede penetrar los misterios de la creación y de la vida, que sólo se entregan a la percepción numinosa de la mística y a la certeza intuitiva de la fe. 

La teología cristiana nos enseña que Dios no desea el sufrimiento del hombre y que sólo lo permite porque es necesario para su crecimiento ético y espiritual y poder regresar así al goce paradisíaco original. Al respecto.

Juan Pablo II nos recuerda en su encíclica Evangelium Vitae , que el hombre “está llamado a la plenitud de la vida, que va más allá de su existencia terrenal, ya que consiste en la participación de la vida misma de Dios”. La experiencia del hombre en el mundo, entonces, no es su “realidad última” sino sólo la “condición penúltima” de su destino sobrenatural.

Siempre en el marco de la religión judeo-cristiana, el simbolismo del génesis nos muestra que fue sólo la rebeldía del hombre la causa tanto del dolor como de la muerte. 

En efecto, es el Pecado Original el que introdujo la vulnerabilidad en la existencia humana y -desde entonces- tanto el dolor como el sufrimiento se han hecho connaturales a la conciencia del hombre y se han mantenido a través de la historia, constituyendo algo así como la cara siniestra de la herencia adámica.

Pero ¿cuál fue el pecado original? Es en definitiva un misterio que desborda la comprensión intelectual, porque su enigma es interno y constituye la esencia misma del misterio. 

El relato bíblico nos dice que el hombre -tal vez más por curiosidad que por soberbia-, al comer el fruto del árbol prohibido, usurpó el conocimiento del bien y del mal que sólo le pertenecía a Dios. Fue este acto de rebeldía el que lo separó, al menos parcialmente, de su esencia divina, sometiéndolo ahora -después de su felicidad paradisíaca- al dolor, al sufrimiento y a la muerte, propios del orden natural del universo. Más allá del relato bíblico, el curso de la historia nos demuestra trágicamente cómo el hombre era y es incapaz, por sí solo, de discernir el bien y el mal. De ahí el absurdo de reprochar a Dios por nuestros errores y nuestros crímenes, que El sólo permite por respetar nuestra libertad y -tal vez- para el cumplimiento pleno de su designio providencial. El único responsable, entonces, de la mayoría de los dolores y sufrimientos, es el hombre mismo, que creyó, y aún con frecuencia cree, poder dirigir –autónomamente su vida y su propio destino.

No obstante, Dios -en su infinita misericordia- le dio a la desobediencia de Adán un valor y un sentido positivos, otorgándole al mal y al sufrimiento un carácter purificador que culminará -en la historia- con la pasión redentora de Jesús que, sin conocer el pecado, con su martirio inocente asumió para siempre todos los dolores y sufrimientos de la humanidad. En efecto, el martirio de Jesús no fue producto de un azar, sino que estaba previsto en el designio divino para la salvación del hombre y es por eso que ya fue anunciado por los profetas del Antiguo Testamento como una promesa divina de redención universal.

Por otra parte, el que Dios haya permitido, y permita, la actividad diabólica -intrínsecamente unida al dolor y al sufrimiento del hombre-, es otro misterio; pero -como nos enseña el Catecismo de la Iglesia católica- sabemos que más allá del dolor y del pecado, en todos los casos, interviene Dios para transformarlos en un bien de los que ama[2]. Así el Padre, por su amor al hombre, si bien no suprimió el dolor, le dio un sentido moral, tanto para el crecimiento y la madurez espiritual de cada individuo, como para la actualización -en la especie humana- del supremo sentimiento de la compasión. De este modo, Dios transformó nuestra propia imperfección del amor que, paradojalmente, no habría podido existir en un mundo armonioso y perfecto.

Definitivamente, la vida humana está destinada a un fin que trasciende al pecado, y Dios permite el mal para sacar de él un bien mayor. Como dice San Pablo: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20). Es por lo mismo que el Pecado Original no es un mal definitivo, sino susceptible de restauración, precisamente a través -como hemos dicho- de la misión redentora de Cristo y su calvario. En cierto modo, puede equipararse el pecado original a la mítica caja de Pandora, que según los griegos- fue abierta por la curiosidad de “la primera mujer” desatando todos los males y sufrimientos sobre la tierra. Pero en el fondo del ambiguo cofre -según la leyenda helénica quedó algo: ... la esperanza. Del mismo modo se puede decir que después de la caída del hombre, persiste la posibilidad de redención y es por eso que la fe y la esperanza permiten al género humano sobrevivir con entusiasmo y aun con alegría, en un mundo hostil y en una vida efímera, precaria e incierta.

En la antigüedad se pensó que el dolor del hombre era un castigo por sus pecados. Pero -para el cristianismo- las congojas y desgracias no son el castigo de una culpa, sino una oportunidad de purificación. Parecería que Dios, en la “economía” de su misericordia, jamás condena y sólo nos hace vivir lo que nuestra alma necesita para su crecimiento interior. Ya lo señaló Juan Pablo II, al referirse a los “dolores inocentes”, como lo demuestra la tribulación de los santos, las pruebas de Job, o el sufrimiento de María ante el martirio de su hijo y el propio dolor y la angustia de Jesús en el Getsemaní y en el Gólgota.

En realidad, no podemos equiparar nuestro concepto del bien y del mal con el de la sabiduría divina. Así, lo que nos parece favorable, puede no serlo a los ojos de Dios.

 Lo que estimamos infausto, puede ser útil y conveniente para el designio divino de nuestra personal existencia. Aquí nos enfrentamos a un hecho esencial y éste es que la existencia de Dios trastoca -en su raíz- el sentido de la vida humana. 

Si Dios no existiera -al margen de que todo se transformaría en un absurdo- lo único importante sería ser feliz y no tener congojas, enfermedades o desdichas. 

Pero si Dios existe, la vida se transforma de inmediato en experiencia y ahora lo que importa es que cada alma encarnada viva lo que ha venido a vivir y asuma con valor el superior designio de su propia existencia. 

Cuando el cristianismo dice que Dios ama infinitamente al hombre, señala C.S. Lewis, no se refiere a una “benevolencia senil y soñolienta”, sino a que lo ama a través de las condiciones concretas y necesarias de su existencia humana. 

En efecto, si este mundo tiene un sentido de “perfección de almas”, sin duda que el dolor y el sufrimiento deben tener un significado importante para el hombre; algo así como un motivo de perfeccionamiento que, de algún modo, enriquece tanto la evolución individual como la experiencia general del hombre a través del curso de la historia. 

La vida, en el fondo, es un permanente desafío hacia el autocrecimiento y, vista de este modo, sin la existencia de la desdicha o del dolor, se desvanecería la experiencia terrenal del hombre como un acontecer carente de sentido. Así, un mundo sin pecado ni sufrimiento sería un mundo estático, donde la existencia del hombre se convertiría en un hecho inútil y en una vida estéril. 

Ya lo decía Heráclito: el bien y el mal tienen un lugar necesario en la experiencia vital y aun en el universo, ya que si no hubiera un constante juego entre los contrastes, el mundo dejaría de existir.

 

 

sábado, 10 de octubre de 2020

¿Qué es la salud mental?

 En las últimas décadas, ha habido grandes avances en el conocimiento de la enfermedad psíquica

 Por: Humberto Del Castillo Drago | Fuente: Areté/ Psicología y virtud



Empecemos hablando de la salud en general, y luego vamos a profundizar en la salud mental. Así que será necesario reconocer que el concepto de salud ha ido cambiando con el paso del tiempo, y una definición “popular” la considera como vitalidad física exuberante, como ausencia de toda disfunción, haciendo alusión a aquellas personas que “están rebosantes de salud”.

Para los sistemas nacionales de salud y las aseguradoras, la salud viene a ser el estado de eficiencia para desempeñar los trabajos propios del individuo en la sociedad, así una persona sana significa que es apta para el trabajo. Sin embargo, para los médicos y el resto del personal sanitario, salud es la ausencia de limitaciones o de dolencias, sean orgánicas o funcionales.

Ahora, frente al modelo biomédico que impera en la actualidad, se ha propugnado el modelo biopsicosocial, al entender que la salud es también un problema social y político, cuya solución pasa por la participación activa y solidaria de la comunidad. Por ejemplo, la OMS define la salud como “estado de perfecto bienestar, físico, psíquico y social en interacción con el medio y no sólo la ausencia de dolor o enfermedad”.

En este sentido, sería interesante reconocer la dimensión psíquica y el carácter social de la persona y, por otra parte, hacer más énfasis en la promoción de la salud que en la curación de las enfermedades.


Se ven algunas limitaciones…


En este momento de la historia, se considera todavía a la salud desde una perspectiva individualista y privada. En este sentido, Miguel Ángel Monge, considera que:

“La idea de “completo bienestar”, aparte de considerar una meta inalcanzable y generar varias ilusiones, dilata enormemente el concepto de enfermedad, ya que cualquier bienestar incompleto es considerado como enfermedad: así planteada, esta definición de salud no deja de ser una ingenua utopía de vida sin sufrimiento, de dicha sin dolor, de una sociedad sin conflictos, donde por mucho que se desarrolle la Medicina, dicha salud perfecta seguirá siendo una meta imposible. Además al entrar en la lista de derechos sociales reconocidos, con los relativos deberes del Estado, induce a los ciudadanos a pretensiones o esperanzas desmedidas. Ya hay autores que advierten que la obsesión por la salud y el bienestar-al reclamar del sistema sanitario fines inconsistentes, como la negación del dolor y de la muerte-puede ser peligrosa”. (La Salud Mental, p. 170).

Entonces resulta fundamental recordar que, como ya hemos dicho, el ser humano es una persona, una unidad inseparable, bio-psico-espiritual, que además posee inteligencia, afectividad y voluntad, y esta concepción o idea del hombre, no puede ser extraño a la salud. Es decir, un concepto de salud o de persona sana, no puede ser incoherente con una antropología adecuada y verdadera, porque es fundamental entender al ser humano como íntima unidad substancial de los aspectos corporales, psicológicos y espirituales, sin caer en el biologismo, ni en un falso espiritualismo ni en un reductivo psicologismo. Por este motivo, es importante decir que la salud y la enfermedad son condiciones del Yo en su totalidad y, por tanto, afectan a toda la persona, por ejemplo, las enfermedades físicas que tienen origen en la dimensión psíquica, y sucede también que el curso de una enfermedad depende mucho de los planteamientos ético-morales de la persona. El miedo, por ejemplo, produce disturbios cardíacos; una vida agitada produce en ocasiones úlceras gástricas, etc.

Hablemos ahora del concepto de enfermedad:

En el aspecto más común y coloquial la vemos como una afectación de cierta entidad de la integridad o funcionamiento físico y/o psíquico de la persona. También se aprecia como la incapacidad de utilizar todas las energías y facultades que se poseen en cualquier situación, aunque sean difíciles o dolorosas.

Ahora intentemos aproximarnos al concepto de salud mental:

1. Siguiendo a Monge, diremos que la normalidad psíquica es considerada a veces como expresión de lo que establece el término medio de la población, respecto a la conducta psíquica de la persona. Se basa entonces en un promedio estadístico, que no resulta plenamente válido. Ejemplo: sería como admitir que las caries dentales, siendo tan frecuentes, es un signo de salud.

domingo, 4 de octubre de 2020

No caigamos en la trampa de la autocompasión!

 No valgo! ¡Nada me sale bien! ¡Pobre de mí! Estas proclamas catastrofistas constituyen la trampa de la autocompasión



Por: Alfredo Garland Barrón | Fuente: CEC



Los directores espirituales, los psicólogos, los psiquiatras, los amigos, las personas que han ganado la confianza de otras, están acostumbradas a escuchar una sentencia enunciada de infinitas de maneras: ¡No valgo! ¡Nada me sale bien! ¡Pobre de mí! Estas proclamas catastrofistas constituyen la “trampa de la autocompasión”.

Las personas dedicadas a la ayuda y al consejo aprenden a “desarmar” semejantes pensamientos. Partiendo desde una perspectiva espiritual, ¿acaso el valor personal no se enraíza en el amor que Dios tiene por cada uno de nosotros, con nombre y apellido, y que se ha manifestado en el sacrificio de su Hijo? Por otro lado, confrontando la realidad, el consabido “no valgo” difícilmente resiste un adecuado cuestionamiento.

El problema está quizá en dimensiones más profundas, y a la vez, cotidianas. Para enumerar algunas, el desconocimiento personal y los hábitos de pensamiento. Es necesario introducir otra consideración: el contenido que le otorgamos a la palabra “valor”. Lo que entiendo por ello es muy importante. Asimismo necesito preguntarme sobre qué base, qué patrones o modelos juzgo si valgo o no.

Es válido afirmar que difícilmente nos escaparemos de los hábitos mentales autocompasivos. Nos veremos asaltados por ellos, posiblemente, en circunstancias de aflicción. Cuando las cosas están serenas, comprendemos que aquellas cavilaciones no conducen a ningún lugar, salvo al abatimiento. Sabemos que es necesario mostrar firmeza con los abismos mentales, destructivos y catastrofistas. Pero, en momentos de fragilidad, y, especialmente, cuando está extendido el hábito de la autocompasión, estas maneras de pensar brotarán, requiriendo una respuesta de nuestra parte.

Durante la reciente canonización del Papa Juan XXIII recordaba la providencial pero difícil trayectoria que le acercó al Pontificado. Nombrado Nuncio, pasó 20 años destacado a dos destinos remotos, considerados superficialmente de “limitada importancia”: Bulgaria y Turquía. La tentación hubiese sido pensar que “se le tenía en menos”. Pero no fue así. Relata Angelo Giuseppe Roncalli en sus memorias que aquellos años fueron fundamentales para su aprendizaje pastoral y diplomático, adquiriendo una cosmovisión sobre las relaciones con las Iglesias Orientales y el diálogo interreligioso. Ideas que se plasmarían, más tarde, en la preparación del Concilio Vaticano II.

La “trampa” de la autocompasión

El psicólogo Jay Adams prevenía que el continuo rumiar y el circunloquio de pensamientos autocompasivos conduce a consecuencias desastrosas: «La autocompasión es pensar sin acción. Es hablar con uno mismo sin considerar las soluciones de Dios. Sólo puede producir efectos perniciosos. Cuando uno cavila sobre problemas pasados, permite que lo que ya no tuviera existencia, excepto en la mente, le haga desgraciado. Los problemas pasados no tienen este poder. Lo que hace uno sobre ellos es lo que determina el traerlos al presente. Cuando lo que uno hace es cavilar y compadecerse, está haciéndose a sí mismo desgraciado, creando su propio malestar» (1).

La autocompasión puede constituirse en un hábito mental que no responde a la realidad. Una especie de “piedra de molino” atada al cuello que perturba la vida. Aquellos hábitos se acrecientan cuando se cede en materias que podrían “no ser”.

Los hábitos, incluidos los de pensamiento, son el producto de las costumbres acondicionadas a nuestro entorno. Nunca podremos dejar de valorar la importancia de los hábitos cuando están correctamente educados y encausados. El Cardenal Tomás Spidlik afirmaba que «la vida adquiere estabilidad por los hábitos que se convierten como una segunda naturaleza» (2).

Algo que se descubre tempranamente es el costo de desterrar un mal hábito. Alguien afirmaba que el mejor método era semejante al empleado para extraer un clavo: introduciendo otro por el lado contrario. Se trata de practicar buenos hábitos, evangélicos, para desplazar a los nocivos. A este orden pertenecen también las formas de pensar. Con la ayuda de Dios, los hábitos forjan el carácter y dan soltura en las prácticas del bien. «El hombre virtuoso es siempre feliz al practicarlas» (3). De lo contrario, si asumimos normas erradas o complacientes, sobreviene el fracaso y la frustración.

En cierta forma la autocompasión es una respuesta condicionada, una manera de pensar que puede ser “desarmada” mediante el despojamiento de hábitos de pensamiento que están en desacuerdo con la verdad, que es la adecuación a la realidad.

sábado, 26 de septiembre de 2020

El poder de la imagen. Más que una hermosa sonrisa

 Manuel Velásquez nos ofrece unas recomendaciones básicas para mejorar nuestra imagen


Por: Manuel Velásquez | Fuente: Yoinfluyo.com



¿Apoco no es desagradable hablar con alguien que tiene mal aliento? ¿No sabes qué hacer cuando tienes que hacerlo? Inclusive, si vas en el metro o en un lugar con mucha gente, puede resultar terriblemente incómodo. Lo peor, es que algunas personas no se dan cuenta de su problema y si alguien se los señala, lo pueden tomar mal y causar un conflicto.

Pero todo esto sería innecesario, si tenemos una buena higiene bucal. Aquí daremos unos consejos prácticos para cuidar de tus dientes y tu aliento, pero también para tu imagen.


Lo primero para tener un buen aseo bucal, es lavarse los dientes. Punto sencillo y básico, que si bien, a veces nos puede resultar un poco pesado por cuestiones laborales o de llegar tarde a casa, es necesario que lo hagamos. Para que el trabajo no interfiera con este hábito, es bueno llevar un cepillo de dientes en la mochila o bolsa, ya que no ocupa mucho espacio y sí nos va a ayudar bastante.

Otro de los grandes aliados a la hora de tener una buena higiene bucal, es el enjuague. Ahora, ya hay una gran variedad de presentaciones. Hay para la noche, para el día, en distintos sabores, sin alcohol, con alcohol, especiales para la gingivitis (enfermedad de las encías), especiales para un aliento fresco, etcétera. El chiste, es saber cuál se adecua más a las necesidades de uno, y conforme a eso, ocuparlo.

También tenemos al hilo dental, que si bien ya no es tan usado, sigue siendo importante para la higiene. Y es que aunque los cepillos se han hecho mucho mejor y con mejores diseños, el hilo llega a donde las cerdas y el enjuague no, removiendo partículas de comida entre los dientes. A veces, un pedazo de carne, puede provocar muy mal aliento.

Algo que probablemente poca gente sepa, es que tener caries puede generar mal aliento. Por lo que si notamos que tenemos mal sabor de boca después de hacernos nuestro aseo bucal, es conveniente acudir a un dentista a que nos haga una revisión general.

Pero nuestros hábitos bucales deben ir más allá de limpiarnos bien los dientes. Es necesario saber puntos básicos de educación, para que una buena sonrisa, esté acompañada de una buena imagen integral.

Es básico comer con la boca cerrada. Puede resultar también terriblemente desagradable, para algunas personas, ver cómo alguien degusta con la boca abierta. Más si se está en un ambiente formal o de trabajo. Hablar con la boca llena se debe también evitar o bien hacerlo de la forma más discreta posible.

El tema del chicle es delicado, y es que mascarlo puede resultar desestresante, lo que en ciertas situaciones nos puede ayudar. Sin embargo, también genera mucha salivación, haciendo que nuestro estómago crea que estamos comiendo sin que éste reciba alimento alguno, por lo que los jugos gástricos se incrementan y pueden causar a la larga gastritis. Pero también hay que saber cuando mascarlo, y es que estando en una junta, puede no resultar lo más conveniente, ya que demuestra indiferencia y falta de atención.

Si el mal olor persiste pese al habitual aseo bucal puede tener alguna enfermedad por lo que es indispensable que acuda al médico.

sábado, 19 de septiembre de 2020

La ley del talión, la venganza y el perdón

 Meditación. La ley del amor va más lejos que la ley del talión



Por: P: Enrique Cases | Fuente: Catholic.net



"Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: No repliquéis al malvado; por el contrario, si alguien te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiera entrar en pleito contigo para quitarte la túnica, déjale también la capa. A quien te fuerce a andar una milla, ve con él dos. A quien te pida, dale; y no rehuyas al que quiera de ti algo prestado" (Mt)

La ley del talión era un avance ético en momentos de brutalidad, cuando la venganza era mayor que la ofensa recibida. La cadena de venganzas era creciente, y fuente de dolores casi imposible de curar. Jesús va de nuevo a la raíz: el perdón ante la ofensa real recibida. Ante la violencia responder con la caridad, no con más violencia.

Es frecuente ver que las guerras generan odios y repiten, al pasar el tiempo, nuevos horrores. El perdón permite comenzar de nuevo. Pero con un perdón que salga de dentro, que sea real.

Jesús utiliza imágenes de la vida cotidiana con abusos de menos categoría, para que si en estas cuestiones se cede, conscientes de la nueva justicia que se está viviendo, cuando lleguen los problemas graves se pueda acceder a un orden superior. La ley del amor va más lejos que la ley del talión.

 

sábado, 12 de septiembre de 2020

5 malos hábitos que pueden llevar a la infidelidad

 Estas acciones pueden crear en el matrimonio un patrón de pensamiento en el cual la probabilidad de adulterio aumenta


Por: Philip Kosloski | Fuente: PhilipKosloski.com // PildorasdeFe.net



Recientemente me senté en mi oficina con un joven esposo y comenzó a contarme una historia acerca de cómo su esposa lo había descubierto teniendo un inapropiado intercambio de mensajes de textos con contenido sexual con una compañera de trabajo. 

Su esposa había sospechado que algo estaba mal, que podía haber una infidelidad, porque inconscientemente él se había alejado de ella de forma emocional y física, mientras le daba más y más espacio en sus pensamientos a esta otra mujer.

Hasta ese momento, no habían cruzado la línea del contacto físico o sexual, únicamente la parte emocional, y aun así, le hizo mucho daño a su matrimonio. Como muchas parejas, se encontraron en una posición en la que jamás se imaginaron y ahora estaban tratando de comenzar a reconstruir la confianza y restaurar su relación.

Mi conversación con él me llevo a pensar en aquellos pequeños errores que frecuentemente cometemos y nos pueden llevar a caer en el adulterio. Así que a continuación voy a listar cinco señales que he visto frecuentemente.

Estas no están específicamente relacionadas a una relación inapropiada con alguien que pueda llevar al adulterio, PERO estas acciones pueden crear en el matrimonio un modo de pensamiento donde el adulterio tiene mayor probabilidad de ocurrir.

Comparto entonces los 5 malos hábitos que nos pueden llevar a la infidelidad (sin un orden en particular):


1.- Criticar a tu cónyuge en público, en privado o en línea.

El criticar, quejarse o constantemente corregir a su cónyuge puede hacer que ambos sean más vulnerables a una aventura. Cuando tú miras a tu esposo(a) con un ojo crítico, estás más propenso(a) a poner tus ojos en alguien más y tu cónyuge está más propenso a ser atraído por alguien que le dé un cumplido en lugar de una crítica. Si hay un clima de crítica en tu matrimonio, toma acción inmediata para cambiar esta situación.

2.- Falta de afecto físico

Si tú y tu pareja no se están abrazando, besando, agarrando de la mano, etc. esta es una señal mayúscula. La intimidad sexual frecuente es obviamente importante también, pero estos pequeños actos de contacto físico diario son importantes para la conexión física y emocional que mantiene juntos a marido y mujer. Si en tu matrimonio está faltando esto, comienza ya a tener estos contactos físicos. Si tu cónyuge no recibe con calidez tus acercamientos, deben conversar sobre las razones por las que hay una falta de conexión.

3.- Rodearte de amigos que no conozcan (o no les guste) tu cónyuge.

Estoy convencido de que uno de los grandes factores que llevan a las personas a tener una aventura son los amigos de los que se rodean. Esto te puede sonar sorprendente, pero lo he visto pasar muchas veces. En la mayoría de los casos (no todos) de adulterio, el cónyuge que ha tenido una aventura también ha estado pasando tiempo con amigos y compañeros de trabajo que no contribuyen a la fidelidad matrimonial. Rodéate de amigos que fortalezcan tu carácter y aléjate de aquellos que pueden comprometer tus principios.

4.- Creer que tú tienes la razón todo el tiempo.

Cuando empiezas a faltarle el respeto a tu cónyuge al no considerar sus puntos de vista, estás abriendo la puerta a la infidelidad. Muestren respeto mutuo todo el tiempo. El respeto y la consideración no solo son excelentes herramientas para prevenir el adulterio, son vitales para sanar cada parte de tu matrimonio.

5.- Tener secretos para con tu cónyuge.

El sigilo es el enemigo de la intimidad. ¡El momento en el que empiezas a borrar tus mensajes de texto, esconder cosas o hacer cualquier cosa que esperas que tu cónyuge no se dé cuenta, realmente estas cruzando una línea de respeto! Si quieres que tu matrimonio no esté en riesgo y este protegido del adulterio, asegúrate de que esté “Libre de Secretos”. Nunca guardes secretos y nunca mientas a tu cónyuge. La transparencia y honestidad total son la única forma en la que un matrimonio puede funcionar.



sábado, 29 de agosto de 2020

Oración para pedir trabajo y superar las dificultades económicas

 

Dios fortalece nuestra fe y ánimo para no decaer ante las dificultades.



Fuente: Desde la Fe



La siguiente es una oración para pedir trabajo, pues la falta de empleo es un momento difícil para toda persona y familia. El desempleo y la falta de recursos materiales puede causar desesperación, sin embargo, esta situación también puede ser un aliciente para aumentar nuestra fe en Dios.

Como señala la Biblia: “Pon en manos de Dios todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán” (Pr 16,3).

La oración es de la autoría de monseñor Pedro Agustín Rivera Díaz, coordinador de la Comisión de Liturgia y Espiritualidad de la Arquidiócesis Primada de México.

Oración para el bienestar

 Padre mío, A Ti levanto mis ojos y dirijo mis súplicas.
Tú conoces mis necesidades y estado de ánimo, te pido derrames tu Espíritu Santo en mí,
en mi familia y en todos tus hijos que no tenemos empleo y padecemos tantas necesidades,
para que tengamos fortaleza, amor y templanza.

Fortalece nuestra fe y ánimo, para no decaer ante las dificultades.
 

Danos tu amor para poder amar a los que nos rodean.
 

Danos templanza para que sin lamentar lo perdido, aprovechemos lo que ahora tenemos
y busquemos y encontremos siempre lo mejor, no sólo en lo material sino también en la relación familiar, con los demás y sobre todo Contigo, mi Señor.

Gracias porque en tu Hijo me muestras cuánto y cómo nos amas.
Él vivió en una familia, trabajó y padeció muchas necesidades,
como nosotros en la actualidad.

En Jesús y en su familia encontramos fortaleza y consuelo y un modelo a seguir,
te pedimos que como a ellos, nunca nos falte lo necesario para vivir,
tengamos buen ánimo y nos mantengamos unidos en la oración.
 
Gracias Padre mío, sé que escuchas las súplicas que ponemos en las manos de nuestra madre santa María de Guadalupe para que lleguen a Ti.

Esto y todo lo que guardamos en nuestro corazón
te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

sábado, 22 de agosto de 2020

15 minutos en compañía de Jesús Sacramentado

 Visitas al Stmo. Sacramento,  ¿Qué podemos platicarle a Jesús Sacramentado?


Por: San Alfonso Mª de Ligorio | Fuente: Catholic.net



 

 

No es menester, hijo mío, saber mucho para agradarme; basta que me ames con fervor. Háblame sencillamente, como hablarías al más íntimo de tus amigos, o a tu madre, o a tu hermano.

I. ¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera? Dime su nombre, bien sea el de tus padres, bien el de tus hermanos y amigos: dime al punto qué quisieras hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mucho; no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos, que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos para atender a las necesidades ajenas. Háblame con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra de amigo, entrañable y fervorosa. Recuérdame que prometí escuchar toda súplica salida del corazón, ¿y no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón ama especialmente?



II.Y para ti ¿no necesitas alguna gracia? Hazme, si quieres, una lista de tus necesidades y léela en mi presencia.

Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad y al regalo; que eres tal vez, egoísta, inconsciente, negligente..., y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para sacudir de encima de ti tales miserias.

No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos justos, tantos santos de primer orden, que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad..., y poco a poco se vieron libres de ellos.

Ni menos vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo darlo, y lo doy, y deseo que me lo pidas en cuanto no se oponga, antes favorezca y ayude a tu santificación. Por hoy, ¿qué necesitas? ¿Qué puedo hacer en tu bien? ¡Si supieras los deseos que tengo de favorecerte! ¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente. ¿Qué te preocupa? ¿Qué piensas? ¿Qué deseas? ¿Qué quieres haga por tu hermano, hermana, por tu amigo, por tu superior? ¿Qué desearías hacer por ellos?

¿Y por mí? ¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas mucho y que viven quizá olvidados de mí? Dime qué cosa solicita hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente y con qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu empresa, y Yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras que me interesase algo en tu favor? Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, adonde me place.



III. ¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿Quién lastimó tu amor propio? ¿Quién te ha despreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas esas heridas del tuyo. Cuéntamelo todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de Mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición.

¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías que, no por ser infundadas, dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi Providencia. Contigo estoy; aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento te desamparo.

¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora, olvidadas, se alejan de ti sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado, si no han de ser obstáculo a tu santificación.



IV. ¿Y no tienes tal vez alguna alegría que comunicarme? ¿Por qué no me haces partícipe de ella a fuer de buen amigo?

Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón. Quizá has tenido agradables sorpresas, quizá viste disipados negros recelos, quizá recibiste faustas noticias, alguna carta o muestra de cariño; has vencido alguna dificultad o salido de algún lance apurado. Obra mía es todo esto, y Yo te lo he proporcionado: ¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud y decirme sencillamente, como hijo a su padre: ¡Gracias, Padre mío, gracias! El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse correspondido.



V. ¿Tampoco tienes alguna promesa que hacerme? Leo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente, a Dios no; háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a la ocasión aquella de pecado? ¿De privarte de aquel objeto que te dañó? ¿De no leer más aquel libro que avivo tu imaginación? ¿De no tratar más a la persona que turbó la paz de tu alma? ¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien, por haberte faltado, has mirado como enemiga?

Ahora bien, hijo mío: vuelve a tus ocupaciones habituales; al taller, a la familia, al estudio...; pero no olvides los quince minutos de grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario. Guarda en cuanto puedas silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que lo es también tuya, y vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso, más entregado a mi servicio. En mi Corazón hallarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, consuelos nuevos.


 

 

sábado, 15 de agosto de 2020

Cristiada, una película sobre los cristeros mexicanos

 Andy García y Eduardo Verástegui la protagonizaran


Por: Toni Bardia | Fuente: .



 


Dean Wright empieza el rodaje de un film que narra la historia de los católicos en el México de la segunda década del siglo XX

Cristiada, así se titula la nueva película que este junio empezará a rodarse en Durango (México) dirigida por Dean Wright (Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario) y que narra la historia de los cristeros mexicanos.

El film estará protagonizado por el cubano Andy García, que encarnará Enrique Gorostieta, líder de los cristeros de Jalisco y el mexicano Eduardo Verástegui, que interpretará al beato Anacleto González.

El film Cristiada cuenta la historia de los católicos mexicanos llamados cristeros, que en la segunda década del siglo XX se enfrentaron al Gobierno que pretendía la secularización de México y que desató una persecución religiosa contra laicos y religiosos ocasionando numerosos mártires.

Los personajes clave

El personaje que interpreta Andy García es un ex miembro de la Revolución mexicana que durante la Guerra Cristera se puso al frente del contingente en Jalisco. Cuando el presidente Plutarco Elías Calles lanzó el siguiente discurso, se levantó en armas para defender lo que creía justo:

“Todo obispo, sacerdote y ministro extranjero será deportado inmediatamente. Se dictarán cinco años de prisión a cualquier sacerdote que critique al Gobierno y queda estrictamente prohibido utilizar vestimenta religiosa en público”, amenazaba Elías Calles.

Eduardo Verástegui interpretará al beato Anacleto González, laico y dirigente de la rebelión cristera y finalmente fusilado, conocido también como el Gandhi mexicano.


Cabe recordar que Eduardo Verástegui ha expresado su rechazo a involucrarse en ningún proyecto que vaya en contra de sus valores cristianos. Valores construidos desde la familia latina e inculcados por sus padres desde una óptica religiosa. Por ello, el actor opta por interpretar papeles que dignifiquen la persona y se opone a los que denigren a los latinos y a la mujer.

La Guerra Cristera

La Guerra Cristera, que duró oficialmente tres años -entre 1926 y 1929-, tuvo como lema "Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe". En ella participaron en su mayoría campesinos iletrados arengados por religiosos y terratenientes.
 

 Murieron cerca de un cuarto de millón de personas en ambos lados, con batallas de gran crueldad y terminó sin una victoria clara de ningún bando.

La Constitución de 1917 fue mantenida, aunque el recorte de derechos contra la Iglesia se suavizó. Con la intermediación del embajador norteamericano, se llegó a un acuerdo de paz que muchos alzados consideraron una traición de parte de los dignatarios eclesiásticos locales.

sábado, 8 de agosto de 2020

Alicia y el gato

 

Luis Ignacio Batista nos ofrece un análisis de la obra Alicia en el país de las maravillas


Por: Luis Ignacio Batista | Fuente: Fluvium.com



Marzo de 2010. En estos días está rondando en los cines la película de Alicia en el país de las maravillas. Si mal no recuerdo, en la caricatura de Disney que lleva el mismo nombre (ca.1951) hay una escena donde Alicia pregunta al gato: «¿cómo puedo salir de aquí?» El gato le responde: «eso depende de a dónde quieras ir». Alicia le dice: «no lo sé». El gato, finalmente, apunta: «entonces no importa por dónde salgas».

Cuántas veces somos como Alicia. Queremos salir de nuestra rutina, queremos novedades en la vida o queremos dejar atrás lo que ya no nos gusta: el trabajo o el estudio. Queremos casi cambiar en su totalidad la vida que llevamos. Pero no sabemos para qué lo queremos. En este sentido, es cada vez más común la poca constancia en diversas actividades en la vida de la gente, especialmente en las jóvenes generaciones. Podemos ver lo frágil que es la constancia en estudios universitarios, en los noviazgos, en la amistad. Es una constante cada vez más común en nuestra sociedad: querer cambiar pero sin saber por qué, ni cómo ni a dónde.

Comenzar con el fin en la mente. Ese debe ser el inicio. Fijar una meta. (Evidentemente pensamos en un fin bueno, lejos totalmente de quienes sí tienen un fin, pero empeñado en hacer el mal). Encontrar lo que queremos ser en la vida y luego trabajar por alcanzarlo. Sean Covey, en «Los 7 hábitos de los adolescentes altamente efectivos» dice que este es un hábito primordial porque marca la pauta de lo que se quiere ser en la vida. Es como un mapa, si no lo tienes no sabes a dónde debes ir. Un ejercicio que el mismo Sean propone es imaginarnos cómo nos gustaría vernos en un año. Una vez pensado el ideal, hay que poner los medios.

No las circunstancias sino nuestro modo de relacionar 
 
Sin embargo, hay que ser muy conscientes de que la inconstancia se da por un motivo: las circunstancias. Es interesante lo que dice Sean Covey sobre la carencia de principios sólidos. Sin principios que rijan la vida se corre el peligro de andar como veletas sin rumbo. En cambio, quien basa su vida en principios permanece firme como un faro en medio de la tormenta. Eso es lo que cambia: las circunstancias. Ellas son imprevistas, volubles, dolorosas. El faro, pase lo que pase, no se mueve, porque tiene un fin concretísimo.

Con ello queremos decir que lo importante en la vida no son las cosas que nos sucedan. La vida, en sí misma es muy inestable. Lo importante es nuestra manera de reaccionar frente a las circunstancias. Por eso es necesario un fin en la mente, que dé sentido a la propia vida y la mantenga firme en las más variadas circunstancias. Eso sí lo podemos controlar, en cambio las circunstancias, no.

Si Alicia supiera a dónde quiere ir, tal vez hubiera sido más fácil la salida.

sábado, 1 de agosto de 2020

La alegría, ¿un mandamiento?

¿Se puede mandar la alegría? Quizá podríamos responder que sí, si entendemos por alegría ese gozo de ser cristianos


Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net



Nos dejaría sorprendidos si alguien nos dijese: “te ordeno que seas alegre”. Porque la alegría no parece que caiga bajo ningún mandamiento. Porque, según parece, estar alegres, vivir en un gozo profundo, conseguir un estado de felicidad completa, se colocaría en un nivel que no depende de nuestras decisiones, propósitos o buenos deseos. Y si no depende de nuestra voluntad, tampoco podría ser mandado.

Sin embargo, en cierto sentido sí se puede “mandar” la alegría. San Pablo se atrevió a pedirlo con su pluma limpia, desde su escucha al Espíritu Santo. “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres” (Flp 4,4).

Jesucristo mismo, al final de las bienaventuranzas, nos dijo: “Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos...” (Mt 5,12). O, como leemos en otro pasaje: “alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos” (Lc 10,20).

El mensaje cristiano es un mensaje de alegría. Es “Evangelio”, que significa “buena noticia” o “noticia alegre”. Es esperanza, es paz, es consuelo, es gozo profundo. Porque Dios ha entrado en la historia humana. Porque el demonio ha sido arrojado fuera. Porque la misericordia destruye el pecado. Porque el Hijo nos muestra el rostro del Padre. Porque la muerte ha sido derrotada. Porque el Señor tiene preparado un lugar para cada uno en el Reino de los cielos.

Necesitamos aprender a ver con alegría nuestra fe cristiana. Necesitamos presentarla con toda su belleza a los hombres. Lo recordaba en una de sus primeras entrevistas el Papa Benedicto XVI, poco antes de ir a Colonia para reunirse con los jóvenes de todo el mundo (agosto de 2005). A la pregunta ¿qué querría decir a los jóvenes? el Papa respondía:

“Quisiera mostrarles lo bonito que es ser cristianos, ya que existe la idea difundida de que los cristianos deban observar un inmenso número de mandamientos, prohibiciones, principios, etc, y que por lo tanto el cristianismo es, según esta idea, algo que cansa y oprime la vida y que se es más libre sin todos estos lastres. Quisiera en cambio resaltar que ser sostenidos por un gran Amor y por una revelación no es una carga, sino que son alas, y que es hermoso ser cristianos. Esta experiencia nos da amplitud, pero sobre todo nos da comunidad, el saber que, como cristianos, no estamos jamás solos: en primer lugar encontramos a Dios, que está siempre con nosotros; y después nosotros, entre nosotros, formamos siempre una gran comunidad, una comunidad en camino, que tiene un proyecto de futuro: todo esto hace que vivamos una vida que vale la pena vivir. El gozo de ser cristianos, que es también bello y justo creer”.

¿Se puede mandar la alegría? Quizá podríamos responder que sí, si entendemos por alegría ese “gozo de ser cristianos” que nace del mayor acto de “obediencia” que los hombres podemos hacer: la obediencia, llena de Amor, que nos permite acoger libremente al Hijo de Dios hecho Hombre por nosotros.

Acoger su Evangelio de esperanza y de misericordia, sentirlo presente y vivo en la Iglesia, recordar sus palabras desde la luz interior del Espíritu Santo, ¿no es una fuente de profunda alegría?

Podemos, por lo tanto, vivir alegres, darnos con gozo y sin miedos al Padre que nos ama, servir con entusiasmo a nuestro hermano. Vale la pena recordar siempre que “Dios ama al que da con alegría” (2Co 9,7) y que “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35).

Entonces, sí se puede mandar la alegría. Porque también Dios nos ha mandado que le amemos desde su mismo Amor, desde su entrega plena, desde su Encarnación redentora, desde su Cruz humilde, desde una presencia callada y constante en su Iglesia. Amados y amantes, seremos felices, seremos dichosos, seremos perfectos como perfecto es nuestro Padre de los cielos.

sábado, 25 de julio de 2020

¿Es pecado tener preguntas sobre la fe?

Todo depende... hay maneras de dudar y hay maneras de preguntar

Por: Fr. Nelson Medina O.P. | Fuente: fraynelson.com




Pregunta:
Quiero contarle que después de muchos años de distanciarme de la Iglesia e incluso de hablar muy mal de ella, he tenido un camino de conversión, y hoy lo último que quisiera es ofender a Dios. De ahí mi pregunta. 
Como vi entorno ha sido y es muy racionalista, es inevitable que me surjan preguntas sobre todo cuando la fe nos pide que creamos cosas que científicamente son imposibles, como la concepción de Jesús o la Eucaristía. 
¿Es pecado tener dudas o preguntas sobre la fe? De nuevo, gracias por su tiempo. -- G.B.
Respuesta:

Hay maneras de dudar y hay maneras de preguntar. La duda que simplemente constata la dificultad para aceptar algo pero que se rinde con amor ante Dios, simplemente porque Dios merece ser creído, no sólo no trae pecado sino que puede incluir mérito. Por el contrario, hay otras dudas que suponen alguna forma de pecado. Por ejemplo:

* La duda del que trata de torcer las palabras, como cuando se dice que Cristo sí "resucitó" pero ene sentido de que su figura o recuerdo se "levantó" en el recuerdo de los discípulos.

* La duda del que trata de imponer una respuesta que resulte aceptable al entorno cultural, como el que dice que las palabras de Cristo sobre el adulterio tal vez no nos han llegado fielmente, o quizás significaban otra cosa en aquel tiempo. O como cuando se dice que la multiplicación de los panes fue un simple acto de compartir solidario.

* La duda del que desprecia las generaciones anteriores como si fueran una manada de ingenuos que todo lo atribuían a brujería o a espíritus, mientras que, según esa óptica, nosotros seríamos los iluminados, inteligentes y agudos que si nos damos cuenta de lo que que aquella gente atrasada no se enteraba de nada.

En todos estos casos--y la lista no es exhaustiva--la persona en realidad no está dudando sino negando el contenido de la fe y tratando, más o menos abiertamente, de reemplazarlo por otra cosa.

Con respecto a las preguntas, podemos decir algo semejante. En el capítulo 1 de San Lucas encontramos dos casos paralelos de preguntas. Cuando el ángel Gabriel le dice que engendrará un hijo, Zacarías pregunta: "¿Cómo estaré seguro de eso?" (Lucas 1,18). Unos versículos después tenemos el relato del anuncio que le mismo ángel Gabriel le hace a la Santísima Virgen. Esta es la pregunta de ella: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?" (Lucas 1,34). En ambos casos hay pregunta pero el modo de preguntar de Zacarías recibe reproche y castigo, de modo que él queda mudo; María, en cambio, no recibe sino sólo bendición.

No es entonces pecado preguntar pero seguramente nos equivocamos si nuestras preguntas llevan el estilo de este Zacarías, es decir, si lo que queremos es básicamente estar seguros nosotros. Tal actitud es parecida a la de aquellos que le pedían a Jesús que en ese momento y lugar hiciera un milagro ante los ojos escépticos de ellos. Y por supuesto, se quedan sin su milagro "a la carta."

San Anselmo, en el capítulo II de su magnífica obra Cur Deus homo?, que reflexiona sobre la Encarnación, describe muy bien el estado de ánimo con que quizás pueden abordarse cuestiones tan profundas como son las de la teología y la espiritualidad: se requiere humildad, plegaria, sencillez de corazón, disponibilidad para recibir todo y solo lo que Dios quiera concedernos. Al final, accede a escribir sus reflexiones pero con esta advertencia, que puede servir de conclusión a nuestro tema:


Puesto que observo tu seriedad y la de aquellos que contigo así desean aprender, con amor y celo de piedad, intentaré responder con lo mejor de mi capacidad, con la ayuda de Dios y la de tus oraciones, las cuales, al hacer esta pregunta, a menudo me has prometido, no tanto porque yo pueda aclarar lo que quieres saber sino porque deseo buscarlo contigo. 

Pero deseo que todo lo que yo diga sea recibido con este entendimiento: que si digo algo que una autoridad superior no corrobore, aunque parezca demostrarlo por medio de argumentos, no debe ser recibido con más credulidad que como simple opinión que tuve en aquel momento, hasta que Dios de alguna manera me permite comprender mejor. Pero si yo estuviere de verdad en condiciones de llevar a buen término tu búsqueda, debe concluirse que uno más preparado que yo lo podría hacer mejor. Debe en todo caso quedar claro que no importa lo que un hombre pueda decir o conocer, quedan siempre ocultos a nosotros fundamentos más profundos de verdades tan grandes.

sábado, 18 de julio de 2020

Oración para pedir los dones y frutos del Espíritu Santo

El Espíritu Santo con concederá sus dones y frutos si se los pedimos.

Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net



ORACIÓN PARA PEDIR LOS DONES

Ven, Espíritu Creador, visita las almas de los fieles; e inunda con tu gracia los corazones que Tú creaste.

Espíritu de Sabiduría, que conoces mis pensamientos más secretos, y mis deseos más íntimos, buenos y malos; ilumíname y hazme conocer lo bueno para obrarlo, y lo malo para detestarlo sinceramente.

Intensifica mi vida interior, por el don de Entendimiento.

Aconséjame en mis dudas y vacilaciones, por el don de Consejo.

Dame la energía necesaria en la lucha contra mis pasiones, por el don de Fortaleza.

Envuelve todo mi proceder en un ambiente sobrenatural, por el don de Ciencia.

Haz que me sienta hijo tuyo en todas las vicisitudes de la vida, y acuda a Ti, cual niño con afecto filial, por el don de Piedad.

Concédeme que Te venere y Te ame cual lo mereces; que ande con cautela en el sendero del bien, guiado por el don del santo Temor de Dios; que tema el pecado más que ningún otro mal; que prefiera perderlo todo antes que tu gracia; y que llegue un día a aquella feliz morada, donde Tú serás nuestra Luz y Consuelo, y, cual tierna madre; enjugas “toda lágrima de nuestros ojos”, donde no hay llanto ni dolor alguno, sino eterna felicidad. Así sea.


ORACIÓN PARA PEDIR LOS FRUTOS

Espíritu de Caridad, haznos amar a Dios y a nuestros semejantes como Tú quieres que los amemos.

Espíritu de Gozo, otórganos la santa alegría, propia de los que viven en tu gracia.

Espíritu de Paz, concédenos tu paz, aquella paz que el mundo no puede dar.

Espíritu de Paciencia, enséñanos a sobrellevar las adversidades de la vida sin indagar el por qué de ellas y sin quejarnos.

Espíritu de Benignidad, haz que juzguemos y tratemos a todos con benevolencia sincera y rostro sonriente, reflejo de tu infinita suavidad.

Espíritu de Bondad, concédenos el desvivirnos por los demás, y derramar a manos llenas, cuantas obras buenas nos inspires.

Espíritu de Longanimidad, enséñanos a soportar las molestias y flaquezas de los demás, como deseamos soporten las nuestras.

Espíritu de Mansedumbre, haznos mansos y humildes de corazón, a ejemplo del Divino Corazón de Jesús, obra maestra de la creación.

Espíritu de Fe, otórganos el no vacilar en nuestra fe, y vivir siempre de acuerdo con las enseñanzas de Cristo, e iluminados por tus santas inspiraciones.

Espíritu de Modestia, enséñanos a ser recatados con nosotros mismos, a fin de no servir nunca de tentación a los demás.

Espíritu de Continencia, haznos puros y limpios en nuestra vida interior, y enérgicos en rechazar cuanto pudiera manchar el vestido blanco de la gracia.

Espíritu de Castidad, concédenos la victoria sobre nosotros mismos; haznos prudentes y castos; sobrios y mortificados; perseverantes en la oración y amantes de Ti, oh Dios del Amor hermoso.
Así sea.

viernes, 26 de junio de 2020

¿Has sido salvado?

Esta pregunta muestra la salvación como un acto del pasado... y esto no es realmente así.


Por: Jimmy Akin | Fuente: Catholic Answers




Hay una pregunta muy particular que nuestros amigos protestantes utilizan cuando están evangelizando, la pregunta es: 

“¿Eres salvo?” o bien “

¿Has sido salvado?”

¿Cómo deberíamos responder a esto?



Lo que básicamente están preguntando es si tienes una relación con Dios y si has recibido su gracia salvadora. 

Si eres católico, por supuesto que la has recibido, y si no tienes tiempo de discutir al respecto, puedes simplemente decir si y dejarlo ahí, pero hay más que ahondar sobre esa pregunta, y con ella se te presenta la oportunidad de guiar a tu amigo hacia una comprensión mucho más profunda de las enseñanzas de la salvación en la Biblia.
Verás, preguntar 

“¿Ya eres salvo?” o “¿Has sido salvado?”, muestra la salvación como un acto consumado que permanece en tu pasado, como si fuera algo que ya pasó. Esto no es realmente así, la salvación forma parte del pasado, del presente y del futuro:

La salvación como un hecho pasado: Algunas veces la Biblia habla de la salvación de esa forma, por ejemplo en las cartas de los Efesios, San Pablo les dice dos veces a sus cristianos que lean eso, “ustedes han sido salvados por la gracia”. (Efesios 2,5.8). Eso habla de la salvación como algo que ocurrió en el pasado de los creyentes.

La salvación como un hecho en proceso: Pero esta no es la única manera en la que la Biblia habla de la salvación, por ejemplo en su carta a los Filipenses, Pedro les dice a sus lectores que “trabajen por su salvación con temor y temblor” (Filipenses 2,12). Allí se habla de la salvación como algo que se está trabajando, algo que aún está en proceso.

La salvación como evento futuro: La Biblia también habla de la salvación como un evento futuro. En la carta a los Romanos, Pablo le dice al lector que “la salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe". (Romanos 13,11)

En su primera Carta a los Corintios, Pablo habla sobre como algunas personas “se salvarán, pero no sin pasar por el fuego". Y como cierto tipo de creyentes necesitan ser disciplinados ahora “pero su espíritu se salvará en el día del Señor” (1 Corintios 3,15; 5,5). 

En estos pasajes se habla de la salvación como un evento futuro.
Así que, si bien podemos hablar de la salvación como algo que ocurrió en el pasado, el Nuevo Testamento revela que también es algo que está sucediendo en nuestras vidas ahora -en el presente- y que aún así es algo que está por suceder en el futuro.

Si quieres guiar a tu amigo protestante hacia una compresión más profunda de la enseñanza de la salvación en la Biblia, deberías responder la pregunta “¿Has sido salvado?” de la siguiente forma: “He sido salvado, estoy siendo salvado, y espero ser salvado".

Esto puede generar un debate interesante. Solo asegúrate de tener los versículos que necesitas, para mostrarle cómo la Biblia confirma lo que dices.
Taducido por pildorasdefe.net

sábado, 13 de junio de 2020

¡No lo pongas de cabeza ni le quites al niño!

Las supersticiones y San Antonio de Padua

Por: n/a | Fuente: ACI Prensa




Cada 13 de junio, se celebra la fiesta de San Antonio de Padua, a quien por tradición se le invoca para pedir un buen esposo o esposa, sin embargo también hay personas que le atribuyen a su imagen poderes que no tiene.

Si usted es de las personas que pone “de cabeza” cualquier imagen de este santo como una manera de obligarlo a conseguir novio o novia; si realiza ofrendas con 13 monedas el día de su fiesta; si escribe cartas detallando las cualidades que quiere para su futura pareja u otros rituales similares; debe saber que está cayendo en la superstición y posiblemente en idolatría.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) en el numeral 2111 explica que la superstición es "una desviación del culto debido al Dios verdadero”, por ejemplo, cuando le otorgamos una importancia de cierto modo “mágica” a ciertas prácticas legítimas o necesarias como son las oraciones o los sacramentales.

Santo Tomás de Aquino señala en la Suma Teológica que la superstición se presenta cuando "se ofrece culto divino a quien no se debe, o a quien se debe, pero de un modo impropio".

Con relación a los sacramentales y oraciones, se cae en superstición cuando se confía en la materialidad del acto sin la necesaria disposición interior. Es decir, cuando en vez de valorar un objeto religioso por lo que representa se le atribuye un poder que no tiene. 

Es supersticioso, por ejemplo, quien lleva un escapulario pero no guarda en su corazón fidelidad a la Virgen María sino que piensa que por solo el hecho de llevarlo se salvará. O quien piensa que es una imagen o un santo el que puede obrar un milagro.

Recordemos que la Santísima Virgen y los santos no hacen milagros, sino que es por intercesión de ellos que Dios puede obrar un milagro en nosotros y en nuestras vidas.

El CIC en el numeral 956 dice que “por el hecho que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad... no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra... Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad”.

El Compendio del CIC señala que la superstición se puede expresar también "bajo las formas de adivinación, magia, brujería y espiritismo" (numeral 444).

Es cierto que la superstición puede llevar a la idolatría y a distintas formas de adivinación y magia. El Catecismo se refiere a la idolatría como una tentación constante de la fe que “consiste en divinizar lo que no es Dios”, es decir, divinizar alguna imagen o algún santo y colocarlos en el lugar que le pertenece “al único Señorío de Dios”.

San Antonio nació en Portugal en 1195 y se le conoce con el apelativo de Padua porque en esa ciudad italiana fue donde murió (1231) y se veneran sus reliquias. Se dice que cierto día, mientras oraba, se le apareció el niño Jesús.

San Buenaventura decía: "Acude con confianza a Antonio, que hace milagros, y él te conseguirá lo que buscas". León XIII lo llamó "el santo de todo el mundo" porque su imagen y devoción se encuentran por todas partes.

Artículo originalmente publicado en ACI Pre