sábado, 23 de agosto de 2014

Sor Bonetti coordina en Italia cien casas dedicadas a acoger y devolver la dignidad a exprostitutas

Combate el tráfico de seres humanos y lucha en favor de la dignidad de la mujer desde hace más de veinte años. Por esto, sor Eugenia Bonetti –misionera de la Consolata, coordinadora de la Oficina “Trata de mujeres y menores” de la Unión de las Superioras Mayores de Italia (Usmi) y presidente de la asociación Slaves no More– ha recibido numerosos reconocimientos: del Departamento de Estado de los Estados Unidos (2004 y 2007), del Observatorio permanente de la Santa Sede en la ONU en 2011, de la Unión Europea en 2013 y del presidente Giorgio Napolitano el pasado 8 de marzo. “Desde principios de los años 90 –dice sor Eugenia– y posteriormente con mayor eficacia desde el año 2000, cuando se creó la Oficina para la Trata de mujeres y menores de la Usmi, muchísimas congregaciones han abierto las puertas de sus conventos para acoger a las nuevas esclavas: mujeres con las que se ha traficado, a las que se ha obligado a prostituirse, reducidas a mercancía, compradas y vendidas por explotadores y clientes”.

Sor Eugenia, por fin las Naciones Unidas han convocado una Jornada Internacional contra el tráfico de seres humanos…
 

Es muy importante, porque ayuda a crear una conciencia sobre un fenómeno amplísimo, que muchos siguen sin querer ver. El tráfico de seres humanos es una de las peores esclavitudes de nuestro siglo. Una vergüenza para la humanidad. La misma ONU tendría que hacer mucho más, pidiendo a los países que están involucrados -y casi todos los están, por origen, tránsito o destino- que firmen y respeten las convenciones internacionales, y que aprueben e implementen leyes nacionales más eficaces.

En Italia y en el mundo, una red capilar de congregaciones religiosas está trabajando contra esta vergonzosa esclavitud. ¿De qué manera?
 

Junto a muchísimas otras religiosas en toda Italia -pero también en Europa y en el mundo- intentamos devolver la dignidad y la legalidad a muchas mujeres que han sido privadas de su libertad y que han sido obligadas a prostituirse, reducidas literalmente en esclavas. Sólo en Italia más de seis mil mujeres han sido acogidas en nuestras comunidades y han sido acompañadas en su recorrido de integración. Además, en el último año, gracias a una contribución de la Conferencia Episcopal Italiana y a la colaboración de Caritas nacional hemos puesto en marcha, como Asociación Slaves no More, un proyecto de repatriación para mujeres nigerianas que quieren volver a su país de origen. Un desafío nuevo y arduo que, sin embargo, demuestra que el viaje de la esclavitud no tiene un único sentido. También se puede volver a casa con dignidad.

Estas intervenciones a escala internacional requieren un gran trabajo en red…
 

Es lo fundamental para no desperdiciar energías y obtener resultados. En Italia, la Oficina Trata de la Usmi coordina un red de casi 250 religiosas pertenecientes a unas setenta congregaciones que gestionan aproximadamente una centenar de casas de acogida. Además existe una red europea, Renate, y una internacional, Talita Kum. Más otros varios grupos y comités que trabajan también a nivel de la ONU, donde hacen presión y actúan a nivel jurídico. Esta Jornada internacional creo que es también fruto de sus esfuerzos.

Además de las religiosas, ¿la Iglesia está haciendo algo más contra la trata?
 

A veces, a nuestras propias realidades de Iglesia les cuesta acoger el grito del Papa Francisco, que en diversas ocasiones ha hablado contra esta nueva esclavitud. Pero muchas cosas se están moviendo. Se está organizando en el Vaticano un segundo Simposium que implica aún más a los jóvenes. Y junto a Talita Kum –que es parte de la Unión Internacional de las Superioras Generales (Uisg)– y a otras organizaciones estamos trabajando para llegar a una Jornada de oración y reflexión contra la trata, que se celebrará por primera vez en toda la Iglesia católica el próximo 8 de febrero, fiesta de Santa Bakhita, la pequeña esclava, liberada de sus verdugos y convertida en santa.

(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)


 Anna Pozzi - Avvenire / ReL

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